martes, 22 de agosto de 2017

El Cáncer en una visión espírita(1)




Menú de temas para hoy:


- Las tres Revelaciones
-Buscando el Cielo
-Planificación reencarnatoria
-El Cáncer, en la opinión espírita




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              LAS TRES REVELACIONES

La Biblia es la primera codificación de la primera revelación cristiana, el código hebraico en el que se fundieron los principios sagrados y las grandes leyendas religiosas de los pueblos antiguos.- La gran síntesis de los esfuerzos de la antigüedad en dirección al Espíritu. No hay que asombrarse de que se presente ella muchas veces contradictoria e inspirando temor al hombre moderno. 

El evangelio constituye la codificación de la segunda revelación cristiana, la que brilla en el centro de la tríada de esas revelaciones, teniendo en la imagen de Cristo el sol que ilumina a la otras dos y que arroja luz sobre el pasado y el futuro, estableciendo entre ambas la necesaria conexión. 

Pero, así como en la Biblia se anunciaba ya el Evangelio, también en éste aparecía la predicción de un nuevo código (Tercera Revelación): el del Espíritu de Verdad, según puede comprobarse en el Capítulo 14 del Evangelio según San Juan.. Y ese nuevo código nació de las manos de Allan Kardec, bajo la orientación del Espíritu de Verdad, en el momento exacto en que el mundo se preparaba para entrar en una fase superior de su desarrollo. 

EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS. 
Allan kardec 


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Buscando el cielo
Saludo matinal de Mercedes Cruz

Queridos amigos, hola buenos días, son muchos los hermanos que tienen la preocupación de qué será de su espíritu cuando “mueran” , los hay que por no comportarse bien, escuchan a su conciencia, delatarles por sus malas acciones, y creyéndose merecedores de un infierno, lo dan todo por perdido, y siguen cometiendo más malas acciones, quizás aun peores.
Muchos van y las confiesan rezando penitencias y engañados se creen que ya pagaron el mal que hicieron, y aunque piensan en el purgatorio, no se suponen en el “infierno” esto para los espiritas, nos suena a cuento, porque ya tenemos las ideas más o menos esclarecidas, y sabemos que el cielo y el infierno lo llevamos dentro de nosotros, que la felicidad es posible lograrla, pero que para ello, debemos esforzarnos en el bien, y ser buenas personas.
Nada hay más satisfactorio que una conciencia tranquila y en paz, el que no hace mal, no tiene nada que temer, ni incluso a la muerte, porque siempre está preparado, para ella, y comunicando con los buenos espíritus a través de sus buenas obras, estos lo reciben con los brazos abiertos, y esclarecen siempre su nuevo estado, merecedor de ese trato, no es raro que sus seres queridos si están a disposición para hacerlo, si no han reencarnado de nuevo, tambien le reciben, incluso afectos que desconocemos en el mundo material, pero que una vez, despertamos en la otra vida, enseguida reconocemos y nos llena de satisfacción el poder verlos de nuevo, después de nuestro viaje por la tierra.
Nadie puede decir que no le es posible creer en estas cosas, la vida si no la miramos desde la óptica de la reencarnación, nos parece una injusticia, nadie que sufre sin haber hecho nada malo, se cree merecedor de tal sufrimiento, y acordándose de Dios como autor de todo en la vida, hasta incluso de su alma, lo tacha de injusto, y esto no hay que tomárselo en cuenta, ellos carecen de información, son ciegos que aun no despertaron, nosotros sabemos que la vida continua después de la vida, que el presente es fruto del pasado y que de lo que hagamos dependerá nuestro futuro, por la ley de causa y efecto, por eso mirando por el porvenir, y pasándolo mal en esta vida, vamos procurando merecer en el futuro una mejor calidad de vida, lejos de afanarnos en el mal, nos preocupe el hacer el bien, aprendemos a comulgar con mejores espíritus y a través de ellos, de su inspiración, vamos sacudiendo nuestras conciencias y vamos limpiándola, procurando instalar en ella, el amor para todos nuestros hermanos y las buenas obras que establecen en nosotros otro tipo de vida, cambiamos en nuestras actitudes y formas de pensar, somos mensajeros del bien y procuramos pasar desapercibidos, por las calles de la vulgaridad y de las malas compañías, que pudieran hacernos perder el trocito de cielo que vamos construyendo en nuestro interior, la paz y el sosiego nos parece un oasis del cual no queremos partir, hemos sentido el regocijo de nuestras buenas obras, y no queremos volver al infierno que nos produjo nuestra desconsideración en la forma de actuar y comportarnos, como seres que estamos intentando civilizarnos, nos duele caer de nuevo, y enfrentar el peso de nuestras conciencias, y volver de nuevo a la iniquidad y al desespero, al lamento de nuestras conciencias, pesarosas por el mal practicado.
Por eso amigos, no esperemos a la Navidad y a sus momentos mágicos para ser buenas personas, todos los días es Navidad porque nuestras almas al despertar y se reafirman en Jesús siguiendo sus pasos, desde que amanece hasta que el día termina, todos intentamos hacer nacer en nosotros Sus enseñanzas, hoy unas mañanas otras, vamos exigiéndonos cada día un poco más, nos vamos apretando las tuercas, vamos navegando con más seguridad en esta vida, con el fin de encontrarnos un día, al fin con El, que nos espera desde hace mucho tiempo, para al fin poder llevarnos ante el Padre, y podamos gozar de Su gloria.
Hemos de ser buenos, todos los días, amar a nuestros hermanos cada día con más intensidad, ejercer la caridad para con ellos, procurando ser mejores con ellos, no a través de la limosna solo, sino tambien en nuestra actitud hacia hechos, en el amor y cariño que le demostremos cada día procurando sea de mayor calidad, hay amores que matan, exigentes, posesivos, irrespetuosos, descarados, el amor puro es desinteresado, paciente, tolerante, ameno, dulce, glorioso, siempre busca el hacer el bien en todas las cosas para beneficio de los demás, es hora de decirnos la verdades, de conocernos a nosotros mismos, y ver con claridad de lo que padecemos y de que carecemos, para encontrar el remedio para nuestros males y el decirnos la verdad para ir en busca de aquello que nos falta por conquistar.
El libro de la Codificación espirita el Cielo y el Infierno, es una aclaración de lo que nos espera al otro lado de la vida, todos los que están angustiados y pesarosos deben procurar leerlo, para que puedan conquistarse a sí mismos, y conseguir la paz en la tierra, aquí todos tenemos el cielo y el infierno, según nos comportemos, la muerte es una continuidad de la vida, si aquí sufres y padeces, por tu malestar, allí seguirás sufriendo, si no trataste ese malestar e intentaste curarte, si te marchas enfermo, por el odio , el resentimiento, etc., allí seguirás lo mismo, venimos a conquistar la gloria de la iluminación de nuestro espíritu, y si no lo conseguimos haciendo el bien, y siendo mejores personas, volvemos fracasados y cansados, sin fuerzas, es la misma sensación de angustia aquí que allí, por eso esforcémonos por vencer todas nuestras malas inclinaciones ahora que aún estamos a tiempo. Aprovechemos las horas que nos quedan, cabalgamos en la caravana de los últimos tiempos y el arborecer está por llegar, hagamos lo posible por despertar en esa nueva era que está por venir y en la cual nos encontraremos más felices, con mejor calidad de vida, no perdamos la esperanza, intentemos cada minuto ser mejores. Al final lo conseguiremos.

Amigos algunas veces me permito, escribir mi propio sentir, mi inspiración, como es el caso de este saludo matinal, os deseo lo mejor del mundo, y deseo como todos los días que Dios nos bendiga a todos y que todos al término del día, seamos agradecidos y no nos olvidemos de darle las gracias.
Merchita
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   Planificación Reencarnatoria


Toda vida y cada individuo son producto de una planificación biológica y espiritual. No venimos al mundo por azar sino, antes bien, por el más puro determinismo. Partimos del constructo filosófico y espiritual que nos dice que la vida no es un proceso aleatorio o casual que surja por una especie de combustión biológica espontánea, sino de un continuum existencial que se configura en una serie de etapas en nuestro mundo, adonde vamos y venimos no por cómputo fortuito, sino en la proporción directa a nuestras necesidades evolutivas. Es por eso que el vivir es tan relevante, y no precisamente porque dispongamos de una sola existencia carnal, sino por lo que significa de aprovechar el tiempo en la adquisición de virtudes y llevar a cabo las experiencias previamente planificadas. Teniendo esto en cuenta, no se trata de apurar la vida como si de algo para gastar y/o consumir se tratase, sino de procurar alcanzar su sentido profundo, y, con el mismo, poner en práctica las tareas y compromisos que cada hombre y mujer trae.
Somos hijos/as del Más allá
Espiritualmente no “nacemos” en este mundo (en este lado de la realidad), sino que renacemos; es decir, nuestro ser (eterno) busca una envoltura biológica (temporal) que le da cuerpo, apropiada a nuestro programa de vida y las experiencias que debemos sortear…, experiencias más o menos dolorosas, más o menos probatorias, que son el producto kármico exacto de los abusos y/o desatinos que cometimos en las pasadas etapas reencarnatorias.
Encarnados o desencarnados (es decir, con envoltura somática o como entidades espirituales) somos individualidades eternas vinculadas a la Divinidad y destinadas a la luz y la felicidad, aunque estos estados de dicha y realidad superiores no se hacen sino con el esfuerzo propio, desarrollando los campos del intelecto y la renuncia, y para esto, con asesoramiento de los Espíritus superiores, se diseña/planifica todo un organigrama de rutas principales, estrategias a seguir, estudio de antecedentes kármicos (negativos y ennoblecedores) que cada cual tiene; todo en vistas a una nueva incursión carnal que nos permita ir “depurando” instintos (agresivos, ególatras, etc.), dependencias, etc., que atan al ser a la animalidad, haciendo que con cada existencia seamos un poco menos imperfectos, más evolucionados.
Nuestra misma biología se configura en respuesta exacta a las necesidades kármicas que cada cual necesita, agregándose desde el espíritu el diseño de cada fisiología, el campo molecular requerido, la carga genética concreta, la predisposición a determinadas enfermedades, etc. El Espiritismo nos instruye en la serenidad de saber que no existen caprichos de la naturaleza, buenos o malos destinos, y (menos aún) castigos divinos. Un cuerpo sano, uno tullido, otro con predisposición a la esquizofrenia, etc., no son sino valiosos campos de experiencia para cada alma encarnada, algo ya pactado en los espacios superiores.
Salud, equilibrio o desequilibrio mental, patologías varias, herencia genética, etc., son necesarios campos de expresión del alma, que toman la forma de transitorios reajustes que nos auxilian tanto en la eliminación de impurezas como en el saneamiento de los injustos comportamientos del pasado. Y es que necesitamos librarnos de exceso de “equipaje”, en nuestro milenario caminar hacia más altas cuotas de la existencia y de la felicidad… felicidad que, en su acepción plena, no es de este mundo.
Las pruebas y expiaciones nunca son algo impuesto…. responden a códigos de merecimiento y justicia, siendo su objetivo la instrucción de nuestros espíritus y jamás el castigo (como suelen interpretar las religiones oficiales).
Conciencia: comprendiendo y aceptando
Un signo de estar en el camino del despertar de conciencia, o ejecutando una labor que nuestra alma asumió antes de encarnar (la elección de determinada actividad laboral, compromiso con algún ideal que persiga la justicia social y el progreso, el apoyo a un familiar conflictivo, el afrontamiento de una enfermedad, etc.) es comprender que estamos en el lugar exacto del universo, con la familia adecuada y ante los problemas y desafíos que más nos ayudarán a crecer.
No es que se planifiquen todas las circunstancias y actos (pues éstas pueden variar según nuestra manera de reaccionar y utilizar nuestro libre albedrío), pero si se trazan las líneas maestras.
Y después de comprender… el otro signo de una espiritualidad despierta es la aceptación (que en términos espirituales nada tiene que ver con la rendición o el no luchar), que es esa especie de madurez y temple que nos hace sentir que todo marcha como debe marchar (con aquello que nos gusta y con lo que nos gusta menos, con los que nos motiva y lo que nos da miedo, etc.) y que nos hace no exigir nada de nadie y nos convierte en seres serenos y agradecidos.
Si espontáneamente pudiésemos recordar el tiempo empleado en el mundo espiritual en compañía de nuestros guías… la dedicación y el esfuerzo empeñados, el cariño invertido para cada renacimiento en la Tierra… de seguro, aprovecharíamos cada minuto de nuestra existencia
para poner en práctica los valores superiores, así como las tareas asumidas en aquellas áreas (afectivas, sociales, etc.) que dejamos desatendidas en otras existencias y que hoy forman parte de nuestro presente. Aprovecharíamos el tiempo que nos resta antes de regresar a la patria espiritual y no malgastaríamos con tantas lamentaciones y/o escapismo moral. Reflexionemos en esto: Uno de los mayores sufrimientos de las almas en el otro lado de la vida es la conciencia del tiempo perdido y las oportunidades desperdiciadas entre las invitaciones y los falsos valores
del mundo.
Se hace, por lo tanto, primordial acallar nuestro ego caprichoso e invertir prioridades, dejando a un lado aquellas que nos estén apartando del sendero. Muchos pensarían que quizá sería oportuno disponer de ese recordatorio súbito para no apartarnos de las tareas asumidas antes de nacer, pero en realidad no se hace preciso, puesto que todos tenemos la guía de nuestra conciencia, ese sabio guardián que nos habla desde nuestro templo interno y auxilia nuestro desarrollo espiritual como una “alerta” que pulsa cada vez que no estamos haciendo lo correcto. En nuestra conciencia reside el más efectivo manual de instrucción para nuestra correcta trayectoria en la Tierra… sin olvidar todos los “recordatorios” que vienen en forma de sueños, intuiciones y señales cotidianas.
Todos los días, un contingente expresivo de la humanidad regresa al mundo espiritual una vez finalizada su etapa en la Tierra, habiendo malgastado el tiempo que se le concedió en perseguir los placeres mundanos y fugaces, anestesiados por los reclamos de la sociedad del bienestar. Es duro regresar al otro lado y descubrir que lejos de asumir ideales y proyectos ennoblecedores, desviamos o paralizamos nuestros recursos internos a golpes de materialismo, vanidad y fuga de los sentidos.
Aunque sean nuestros hermanos menores, nos diferenciamos de los animales en nuestro mayor grado de conciencia y compromiso ante la ley de progreso. No sólo aparecemos en el mundo para ocuparnos de la alimentación y la procreación, sino para construir entre todos una civilización más humana, auxiliando al progreso y prestando el apoyo a aquellos con menos recursos que nosotros. Es para esto que nos preparamos antes de (re)nacer, por lo que regresamos una y otra vez a los escenarios del mundo, llevando con nosotros los recursos suficientes para encarar los desafíos y problemas que nos salgan al paso.
¡Qué valioso es escuchar la voz de nuestra conciencia! Es sensato, prudente y dichoso el que logra apartarse un momento del ruido y las mil distracciones vanas que nos atan a las sensaciones inferiores, aquel que escucha las señales íntimas de su ser hablándole de que existen otros motivos que expresan su presencia en los escenarios de esa escuela de almas que es la Tierra.
Juan Manuel RuizRevista Espírita de la FEE núm. 2

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El Cáncer en la Visión Espírita(1)


   Desde tiempos inmemoriables, la mejor medicina siempre fue la preventiva. El gran alquimista Paracelso insistía: "No se debe tratar la dolencia; se debe tratar la salud". Podemos decir que el mejor medio para no recog.er una dolencia, consiste en mantenerse saludable, O  sea, proteger el sistema inmunológico, de forma que bloquee cualquier gérmen o virus que intenten invadir nuestro organismo.
   Se puede pensar que sea fácil alcanzar tal objetivo, a través de una buena dieta, escogiendo alimentos de bajo valor de colesterol, reduciendo el consumo de carne, absteniéndose de consumir azúcar, realizando ejercicio físico, en fin, sometiéndose a todo aquello que una propaganda insistente nos propone. Pero ¿cómo explicar, en ese caso, el elevadísimo número de personas que seguirá  rigurosamente tales instrucciones, creyendo estar así protegidos contra los peligros de las dolencias para un día, y descubrir que su organismo estaba siendo minado por el cáncer?.
André Luiz cuenta, a través de la psicografía de Chico Xavier, que un Espíritu que se preparaba para reencarnar, pidió para su nuevo cuerpo físico una úlcera que aparecería en su madurez física y que no debería encontrar cura hasta su desencarnación, para que él pudiese resarcirse de un asesinato que cometió al apuñalar a un hombre (que estaba en su madurez física), en la región del estómago. Como vemos, aunque este Espítritu cuidó su salud durante toda su juventud, no huirá de la úlcera "moral" que "él pidió".
Entonces el cáncer es una enfermedad kármica?
  La experiencia dice que sí. Estamos sometidos a un mecanismo de causa y efecto que nos premia con la salud  o nos corrige con la dolencia, de acuerdo con nuestras acciones.
¿El cáncer sería entonces el resultado de un comportamiento desajustado, en vidas anteriores?
No siempre. La causa puede estar en esta existencia, Un ejemplo: las estadísticas demuestran una gran incidencia de cáncer en el pulmón, en personas que fuman. Hay elementos cancerígenos en las sustancias que componen el cigarro. Quien fuma, por tanto, es un serio candidato a ese mal. Será su karma. Hay una carga ilustrativa, en la que un cigarro le dice a su fumador: "Hoy tu me enciendes. Mañana yo te apagaré".       ¡ Ciertísimo!
(Continúa en el siguiente)

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lunes, 21 de agosto de 2017

Elegir el Perdón



Menú de lectura en este día:


Preferencias Emocionales, resultados en la otra vida.

Oración de guerra espiritual

Elegir el Perdón

Experiencia espiritual de una Espiritista


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  Preferencias  Emocionales, resultados                        en la otra vida

Clara Rivier (1) tenía sólo 6 años cuando se quedó paralítica. Ella estuvo durante cuatro años con dolor sin quejarse. A pesar de su condición, Clara solía consolar a su familia. A los 10 años, sintiendo que la muerte se acercaba, llamó a toda su familia a su lado y le dijo a su padre que estaría de vuelta. Después de su partida, fue evocada por Kardec en una reunión mediúmnica, cuando reveló que su dolor fue constantemente aliviado por su ángel de la guarda, la razón por la que sentía poco o ningún dolor. Además, ella solía ver y hablar con su ángel de la guarda a menudo, caracterizando su mediumnidad. Entonces, Kardec le preguntó por qué tuvo que someterse a la parálisis en su infancia. Clara explicó que en una vida anterior empleó mal su salud, belleza y riqueza. Así pues, ella tuvo que reencarnar para ser humilde y compasiva.
El caso de Clara demuestra la continuidad de la vida. ¡Hay vida antes de la vida! Y nuestras elecciones emocionales influencian nuestras vidas después de la muerte y nuestras vidas futuras también. Se trata de la ley de acción y reacción. Por lo tanto, es muy importante ser conscientes de nuestras emociones para dar una dirección, como dijo León Denis, a nuestra vida, a nuestra vida inmortal.
¿Qué nos sucede antes de esta vida que estamos viviendo? ¿Vamos a ir al cielo, al infierno o al purgatorio después de la muerte? ¿Nuestras emociones definirán nuestra vida antes, durante y después de cada reencarnación?
El cielo en realidad es esta frecuencia vibratoria en que se sintió la condesa Paula (2) después de morir a los 36 años. Solía ser buena, amable e indulgente con todos, un verdadero modelo de las más nobles cualidades de la mente y el corazón. En su vida después de la vida, ella estaba en “el cielo”. En este cielo disfrutando de la felicidad de una persona que cumple la voluntad de Dios en la Tierra cuidando de los demás. Ella dijo: “Estoy feliz más allá de lo que las palabras puedan expresar, y ¡todavía estoy aún muy lejos de la parte superior de la escalera! Yo soy infinitamente más feliz de lo que lo era en la Tierra. Cada uno de nosotros tiene una misión que cumplir, ayudar a personas en hospitales, visitar amigos en la Tierra, ser parte de la rueda del trabajo de la naturaleza, consolar espíritus sufrientes de niveles inferiores; nosotros llegamos y nos marchamos, no de una calle a otra, sino de un mundo a otro”. Su descripción coincide con la descripción del Cielo en el Libro de los Espíritus de Allan Kardec donde “los espíritus ejercen y disfrutan de todas sus capacidades sin las pruebas del mundo material o el dolor común en los estados subdesarrollados” (3).
Por otro lado, Lemaire (4), que murió como un criminal en el año 1857 es el ejemplo de alguien que se siente en el infierno después de la muerte. Él describió su estado de ánimo como: “Sentía demasiado mi dolor; estaba perdido en el sufrimiento”. ¡Por nuestra desgracia! Nuestra visión es un suplicio continuo. Cada uno de nosotros echa la culpa al otro de sus crímenes. Haced votos para que llegue la expiación.” Esto es el infierno, un estado de ánimo y de condición vibratoria que, de acuerdo con los amorosos espíritus de la Codificación Espírita, es como “una vida de pruebas sumamente penosas, con la incertidumbre acerca de un estado mejor” (5). Esta es la razón por la cual el Espiritismo es el mejor antídoto contra la sensación de “vivir en el infierno”, porque elimina todas las incertidumbres de la vida. La filosofía espírita nos presenta todas las leyes de Dios con tanta seguridad que, incluso en casos extremos de dificultad y pruebas, se nos asegura que por cada efecto hay una causa y el Creador lleno de Amor no nos abandona nunca en las pruebas sin fin y juicios. “¡Todo pasará!” – dijo Emmanuel a Chico Xavier, en un momento de gran dificultad.
Entonces, ¿dónde está nuestro purgatorio? El purgatorio es “sufrimiento físico y mental, un tiempo para reevaluación y el inicio de la rehabilitación.” Los espíritus iluminados de la Codificación, dijeron que “casi siempre es en la Tierra donde uno crea su propio purgatorio y donde compensa sus errores”, al igual que Clara Rivier describió su reencarnación.
Así, el juez se encuentra… en nuestra conciencia (6).
A medida que nuestro planeta transita a su estado de regeneración, se nos invita a revisar nuestras decisiones emocionales y las respuestas a estados más amables, afables y resignados. Después de todo, el gobernador de nuestro planeta, Jesucristo, propuso “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la Tierra”.
En cada elección emocional en la vida, como Clara, la Condesa Paula, o Lemaire, estamos sembrando las semillas para la inmortalidad. Vamos, pues, a recibir la invitación de Jesús para alinear nuestras elecciones emocionales con moderación y serenidad ante las tribulaciones de la vida, porque la vida realmente pasa.
Vanessa Anseloni
Referencias
  (1) El Cielo y el Infierno, de Allan Kardec, parte 2, cap. 8                                                                                       (2) El Cielo y el Infierno, de Allan Kardec, parte 2, cap. 2                                                                                       (3) El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec, C. 1016                                                                                           (4) El Cielo y el Infierno, de Allan Kardec, parte 2, cap. 6                                                                                     (5) El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec, C. 1014                                                                                           (6) El Libro de los Espíritus, de Allan Kardec, C. 621

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Oración de Guerra Espiritual


Señor que en el día de hoy,
yo pueda recordar a los que viven en guerra,
y hacer por ellos una oración de paz.

Que yo pueda recordar a los que odian,
y hacer por ellos una oración de amor.

Que yo pueda perdonar a todos los que me hayan lastimado,
y hacer por ellos una oración de perdón.

Que yo me acuerde de los desesperados,
y haga por ellos una oración de esperanza.

Que yo olvide las tristezas de este año,
y haga una oración de alegría.

Que yo pueda creer que el mundo aún puede ser mejor,
y haga por él una oración de fe.

Agradecido Señor
Por tener alimento,
cuando tantos pasan el año con hambre.

Por tener salud,
cuando tantos sufren en este momento.

Por tener un hogar,
cuando tantos duermen en las calles.

Por ser feliz,
cuando tantos lloran en la soledad.

Por tener amor,
cuando tantos viven en el odio.

Por mi paz,
cuando tantos viven el horror de la guerra”


Que Así Sea


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                ELEGIR EL PERDÓN

La escritora Robin expresa que todas las personas tienen su propia historia de odio, resentimiento y tristeza. Cada unio pasa en la vida por diferentes fases de disgusto,ingratitud, ofensas, separación conyugal, agresiones varias, adulterios, intrigas y demás conflictos que siembran la amargura en las profundidades del espíritu.Todos han experimentado  motivos para sentir rencor, tristeza y rabia.
     El resultado de tales sucesos ha sido la aparición de un excesivo apego a los resentimientos. Las personas se aficionan de tal modo a los sentimientos inferiores que estos llegan a pertenecer, o lo que es lo mismo, a instalarse en su propia casa mental. Son de la familia y sin ceremonias previas provocan tristezas, rabia, intranquilidad y los demás sufrimientos del alma. Muchas son las personas que deciden aferrarse al rencor con la exclusiva finalidad de tener alguien a quien culpar por su desdicha. A partir del i nstante en que elegimos el perdón expulsaremos de nuestra casa íntima a un elemento indeseable: el resentimiento. El resentimiento solo produce desequilibrio y destruye la armonía interior. La opción por el perdón despeja de la mente a uno de los más nefastos enemigos de su tranquilidad y a partir de entonces comienza a experimentar alivio, a estar más liviano, a producir, por último, una saludable transformación en la vida del indivíduo. Recuérdese que la otra cara del dolor es la paz, la alegría, lo que hace del perdón una auténtica elección a favir de la felicidad. Busca edn tu corazón la bondad, la compasióon, la ternura, hasta conseguir el coraje que te permitirá mirar más allá del miedo y la rabia.
     Cuando miremos más allá estaremos en condiciones de comprender que cada cual alcanzó un escalón evolutivo, e inevitablemente cometerá , igual que nosotros, actos irreflexivos. El Dr. Gerald Jambrowski afirmaba que "Perdonar es ver la luz en lugar del velador". Jesús miraba el fondo del alma humana y comprendía el estado de ignorancia de los que cometen errores y de quienes practican actos imprudentes en la vida. No obstante, lo importante es evitar la repetición de los errores, porque en el futuro constituirán un perjuicio para el indivíduo.

El perdón en familia-

La relación entre los miembros de una familia constituye el fundamento emocional de la estabilidad del hogar. Conseguir la paz entre sus miembros es esencial para la paz interior de cada uno, puesto que la familia es un sistema perfectible y como tal, la conquista del perdón en su seno es un acto de perfeccionamiento para todo el grupo. En la mayoría de los hogares existe algún miembro que representa problemas para el desequilibrio emocional de la estructura familiar. Aquí el marido es afecto a las bebidas alcohólicas y se  pone violento, allí un hijo que se desvía a las drogas y se deja arrastrar por un torrente de contradicciones sin fin. En ciertos casos los trastornos kármicos se traducen en incompatibilidades de toda índole: La madre o el padre tienen afinidad con uno de los hijos y dificultades con el otro. En otras partes surgen las infidelidades conyugales que producen desesperación y dolores atroces. ¡ Cuantas situaciones de violencia verbal o física, de ofensas mutuas, de incomprensiones de los padres con los hijos adolescentes y jóvenes, de ingratitud entre unos y otros!. En definitiva, el hogar es un excepcional lugar para las reparaciones del pasado lejano y un importante laboratorio para la práctica del perdón. En el hogar hallamos significativas oportunidades para enmendar los errores cometidos en encarnaciones anteriores, y para perdonar a quienes nos han ofendido en otras épocas de nuestra experiencia humana. Por lo tanto, considerar a la rabia como una fuente de fuerza no es más que un autoengaño. La rabia solamente alimenta el amor propio herido por las desavenencias familiares. La rabia representa una lucha en la que ninguno triunfa.
     Por lo general, exigimos al otro lo que nosotros no damos y principalmente concentramos nuestra exigencia en quienes no nos inspiran un afecto demasiado profundo.
     El Espiritismo viene a explicarnos que en cierta forma, es común que se vuelvan a encontrar en el hogar espíritus afines y no afines. En los procesos inherentes a las reencarnaciones anteriores es probable que hayamos cometido acciones que han afectado profundamente a muchas personas, algunas de las cuales pueden estar dentro de nuestra propia familia, en la presencia de un esposo necesitado de comprensión, o en ese hijo amado que necesita apoyo para superar los desequilibrios de su alma. De tal manera, el Espiritismo aporta otra forma de ver el mundo. El perdón está insertado en esa modalidad humana y respetuosa de las relaciones familiares. 
Mira  tus familiares con ojos de ternura, perdónales las faltas que puedan haber practicado y avanza confiado hacia el futuro.

-Jasón de Camargo-(Educación de los sentimientos)

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EXPERIENCIA ESPIRITUAL          DE UNA ESPIRITISTA

           En cierta ocasión escribí de mi experiencia en lo referente a la comunicación con el mundo espiritual. Entonces hablé de cómo tuvo lugar aquella, cinco años después de la desencarnación de mi padre y las enseñanzas que obtuve de él.
          Con el paso del tiempo fui adquiriendo más conocimientos propiciados por mi madre, y sobre todo por don Julio, médium y gran conocedor de la doctrina; gracias a él pudimos aprender, pues como he dicho ya, carecíamos de libros. Eran unos tiempos bastante complicados, consecuencia de la Guerra Civil Española. El espiritismo, al igual que otras creencias, estaba prohibido, y por ende también los libros sobre esta temática: solo teníamos un ejemplar del “Evangelio según el Espiritismo” que, debido al título, teníamos que ocultarlo, pasándolo de unos a otros clandestinamente, tal y como eran nuestras reuniones.
          En aquellos tiempos, nuestros hermanos espirituales, haciendo gala de la más excelsa caridad, se comunicaban con bastante asiduidad; como he dicho, eran tiempos difíciles y nosotros necesitábamos mucho de sus consejos y dirección; las almas estaban traumatizadas y no podían permitir que malos pensamientos nos desviaran de nuestro camino; así, acudían a nosotros en nuestra ayuda. Yo aprendí que los espíritus no están a nuestro capricho y que, para ser atendidos por ellos, deben vernos humildes; deseosos de aprender, cuando verdaderamente los necesitamos; pero ante todo, sumisos a la voluntad de Dios.
          Es lógico, y sobre todo humano, el deseo de comunicar con aquellos que ya no están con nosotros, pero por eso mismo los espíritus vienen con gusto a enseñarnos que no siempre es posible; hay múltiples razones para ello; nosotros los espiritistas lo sabemos, y así lo aceptamos.
          Todo lo que ahora sé y que entonces también sabía, con el paso del tiempo se fue diluyendo en mi memoria, y de nuevo comencé a sentirme un tanto impaciente: transcurría el tiempo y no teníamos ningún contacto con papá: el recuerdo de aquella  primera y única vez me empujaba al deseo de volver a tener una nueva oportunidad; ya tenía dieciocho años y había dejado de ser oyente y observadora; ahora tomaba parte en los trabajos que se hacían y me sentía capacitada para, llegado el momento, hacer la gran pregunta: ¿Existe la posibilidad de contactar con quien fue mi padre en la Tierra? Y, llegado el momento, la hice.
          La respuesta que recibí fue una nueva lección que jamás he olvidado:
    –Querida hermana. Sabes que no siempre podemos satisfacer nuestros deseos, aunque los consideremos legítimos, y por diversos motivos. En este caso, debo decirte que este hermano por el que clamas tiene misiones más importantes que cumplir; piensa en ello. No obstante, tengo un mensaje de Él para vosotras: “Os reitero todo mi amor y mi compromiso de que siempre estaré a vuestro lado.”
            Por unos momentos no supe qué contestar. Todos me miraban y solo dije: -Perdóname. Pensaré en ello.
          Y pensé; ¡claro que lo hice!  Me di cuenta de que, en todo aquel tiempo transcurrido, yo no había tenido una necesidad tan perentoria como para que mi padre o cualquier otro hermano espiritual tuviera que acudir en mi auxilio. Aprendí la lección para siempre.
        Debemos ser más humildes, no somos tan importantes y debemos entender que hay mayores causas que atender. El trabajo y la lucha son nuestros y solo debemos contar con su ayuda cuando sea realmente necesario. ¡Y cuántas veces nos ayudan sin que ni siquiera nos demos cuenta!
          No hay que ser impacientes; la rueda de la vida no deja de girar, y cuando llega al final y traspasamos la gran puerta, si hemos cumplido lo mejor posible con nuestros compromisos, tendremos toda una eternidad para hablar con nuestros seres más queridos, y aun con muchos otros.
          Por último, quiero deciros, queridos hermanos que leáis estas experiencias mías, que hay un consejo, el que me dio mi padre aquella única vez, que jamás he olvidado:
                          “No dudéis jamás de la bondad de Dios”

Experiencia espiritual de una espiritista por: Maria Luisa Escrich

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viernes, 18 de agosto de 2017

La Génesis : Transición planetaria



Hoy abordamos los siguientes temas:

- Un futuro con esperanza
-El mal no está en la esencia del Amor Divino
-Mediumnidad curativa
-La Génesis : Transición planetaria


                                                     
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                           UN FUTURO CON ESPERANZA

Como ya sabéis todos los que de alguna forma pertenecéis al ámbito del espiritismo, desde hace ya años, la espiritualidad superior está dando pasos agigantados para propiciar y consolidar el tránsito de nuestro rudo planeta Tierra desde la esfera de las pruebas y las expiaciones hasta la escala de la regeneración. Se trata de un trabajo descomunal, inmenso y de incalculable valor, pues transformar el orbe donde habitamos más de siete mil millones de almas encarnadas no es fácil. Pero para los nobles hermanos del otro plano, bajo la dirección atenta del Maestro Jesús y el beneplácito del Padre Celestial, no existe reto imposible de llevar a cabo. Nada volverá a ser igual en nuestro globo y con toda probabilidad, en unos siglos, tiempo minúsculo contemplado desde el océano de la eternidad, el ser humano habrá ganado la batalla al mal y habrá esparcido por doquier las semillas del amor y la misericordia, acorde a los designios divinos. Allí estaremos para contemplarlo. Como el sabio profeta anticipó hace ya mucho tiempo: “el lobo yacerá con el cordero y el becerro y el león andarán juntos” (Isaías 11,6)

- Reinaldo Inocente Formoso-

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EL MAL NO ESTÁ EN LA ESENCIA DEL AMOR DIVINO
Si tenemos en cuenta que en el Universo no hay más que una única fuente creadora de energía, la Fuente Divina o Dios, y que de esa fuente fluye constantemente la Energía Dios- Amor, Vida, Ley, Orden, Unión, Sentimiento, Inteligencia, Sabiduría, Armonía, Equilibrio, Fuerza,- podremos deducir y afirmar que el mal no ha salido de la Fuente Divina y, por lo tanto, no ha sido creado, no tiene entidad propia, no tiene existencia individualizada. Solo “es” y tiene existencia eterna aquello que ha salido del Seno divino, aquello que ha sido creado por el Designio Divino. El Mal no está en la esencia de Amor Divino, por tanto el mal, no ”es”.
Sin embargo todos diremos que el mal existe porque lo estamos viendo cada día, que el mundo está lleno de mal, que continuamente se realizan actos malos, criminales y perversos, que el mal tiene más potencia que el bien en nuestro planeta, que el mal alcanza formas muy estudiadas a través de los rituales mágicos.
La historia humana nos enseña que el hombre se ha sentido siempre influenciado por el “mal” y algunas veces, hasta dominado por “entidades del mal”, por “fuerzas del mal”. La idea de que el mal era una entidad real condujo al hombre a darle una categoría superior, a considerarlo como una forma de la divinidad, como una entidad que tenía fuerza y poder por encima de la capacidad humana, y por ello lo deificó. En todas las culturas se crearon dioses del mal, malignos, que necesitaban sacrificios y adoraciones para aplacarlos y conseguir que su fuerza negativa no alcanzara al hombre.
El grado de valoración que el Ser humano ha dado al “mal” ha sido alto y continúa perdurando hasta nuestros días. Actualmente podemos ver como todas las religiones nos hablan del “castigo de Dios”, de “las penas eternas del infierno”, de “la condenación eterna”, de “la maldición divina” y de imágenes que nos muestran a Dios irritado, enfadado, castigador, cruel, despiadado, en una palabra: “malo”.
Se ha dicho al hombre que debe ser “temeroso de Dios”, que debe tener “temor de Dios”, aunque lo suavicen al decir que es el “santo temor de Dios”. Y es que en la conciencia humana se ha formado a través de los tiempos, una imagen incorrecta de Dios, más parecida a una condición humana que a una condición divina, y por ello no se ha comprendido la realidad divina ni se ha entendido el significado de los atributos de Perfectibilidad y de Inmutabilidad, así como tampoco se ha comprendido la verdadera realidad de la Creación ni de las Leyes Divinas que la rigen y que determinan como deben ser los diferentes componentes que configuran todo lo creado y qué caminos deben seguir. Estos desconocimientos son los que han propiciado que la mente humana creara y formara las imágenes de las entidades malignas como el Demonio, Satanás, Lucifer y todos los demonios a los que se les ha situado y concedido una fuerza maligna opositora a Dios, como si Dios estuviera en un plano de igualdad o nada pudiera hacer ante sus opositores.
Aún se admite como “Libro Sagrado” que contiene la “palabra de Dios” el conjunto de libros del Antiguo Testamento que componen la primera parte de la Biblia. Se admite y se acepta al pie de la letra, todo lo que se dice en dichos libros, porque “ha sido dicho por Dios”, sin pensar ni razonar si lo que se dice que él dijo es armónico con su Esencia de Amor y coincidente con sus Leyes. Esta aceptación generalizada es la que nos tiene que hacer pensar y caer en la cuenta, de la enorme influencia y del gran arraigo que la idea del “mal” ha conseguido tener en nuestros Espíritus, ya que no es más que el concepto del “mal” que tiene predominio en nuestros pensamientos, el que nos hace admitir como correcto y “verdadero”, el hecho de que Jehová o Dios, ordene a los israelitas que aniquilen a los pueblos vecinos porque no siguen sus leyes y porque el “pueblo escogido” es el que debe tener la “tierra prometida”.
Con la aceptación del mal como algo connatural en la Creación, se forma en el Ser humano un estado de disposición interna que le conducirá a admitir fácilmente la “división” entre Seres creados y aceptará, como si fuese una realidad eterna, la existencia de Seres buenos y malos, de ángeles “caídos” y de “Espíritus puros”, de “Espíritus del Señor” y de “Espíritus de las Tinieblas”. Al creerlo como verdadero y elevarlo a la categoría de “auto de fe” por los dignatarios de las iglesias, les proporciona una base desde la cual nos hablarán de la existencia real del demonio y de la lucha que debe mantenerse en contra de él. Se le da tanto valor y capacidad al poder del “mal”, al demonio, que deben prepararse verdaderos especialistas para luchar contra él, capaces de exorcizar al demonio cuando dicen que ha tomado posesión de un cuerpo humano.
El mal es una constante en el Ser humano desde sus primeras encarnaciones hasta la actual Era evolutiva. Nuestros Espíritus han creído y creen aún, en la identidad del mal, en la personificación del mal, en las altas potestades del mal, en los ángeles malos.
Si hemos dicho que el mal no ha sido creado, que no existe como tal, y por otro lado apreciamos como la mente humana lo admite como verdadero, entonces deberemos preguntarnos: ¿ qué es el mal? ,¿Cómo se forma y aparece?. Para dar respuesta a estas preguntas analicemos si pudiera ser que el “demonio”, figura alegórica del Espíritu del mal, se encontrase donde quiera que haya espíritus encarnados en la materia.
Lo primero que se desprende de esta reflexión, es que el demonio es, en efecto, una figura alegórica y no una realidad, y que el Espíritu del mal lo encontramos donde haya espíritus encarnados en la materia, y no en otro lugar. El razonar y el buscar el por qué el Espíritu del mal se encuentra solamente en donde haya espíritus encarnados en la materia, nos conducirá a dar respuesta a las preguntas anteriores y nos aclarará lo que podemos entender como “Espíritus del mal”. Esto nos será necesario para poder comprender las razones en las que se basan los Seres de Luz para programar muchas encarnaciones y determinar las pruebas concretas que deben figurar y contenerse en la encarnación.
Será importante que entendamos con claridad qué es y qué debemos entender por Espíritu del mal, porque nos ayudará a conocer como actúa y por qué actúa de la forma como lo hace, aunque sepamos que toda la acción esté sujeta y controlada por Entidades Superiores, responsables de mantener el Orden Cósmico, que son las que determinarán el grado de influencia que pueden producir los Espíritus del mal con sus acciones y, también adónde pueden producirla y adónde no.
El conocimiento de cómo tiene lugar el movimiento de la energía negativa por parte de las personas que se mueven en vibraciones bajas o malas, nos permitirá eliminar la confusión y la ignorancia que existe en relación al “al” como elemento de acción entre los Seres. Sabremos qué posibilidades tiene una persona que esté vinculada al Espíritu del mal, de hacer llegar a otra persona sus malos pensamientos. De ese modo podremos borrar los miedos y los temores que crea la ignorancia sobre lo que es la “magia negra”, el “mal de ojo”, el “Trabajo maligno”, o cualquier otra imagen que la mente humana haya formado sobre la acción de la energía del mal. Podremos saber cuáles son las condiciones que deben darse para que nos pueda afectar un pensamiento, un sentimiento, un deseo o una acción, que una persona puede dirigir hacia nosotros. Lo que tantas veces se oye decir: “me están haciendo mal”, “me están haciendo un trabajo”, “me han hecho vudú”, para saber en qué medida es posible que tenga lugar y nos afecte, se requiere un conocimiento lo más exacto posible de la Ley de Vibración Energética y de la Ley de Afinidad Vibratoria, ya que este conocimiento, de producirse el hecho, nos permitirá saber cómo podemos neutralizarlo o impedir que nos alcance.
Como hemos visto anteriormente, el mal es el efecto o la consecuencia de nuestras ignorancias, de nuestras actuaciones contrarias a la Ley Divina del Amor y a la Ley de Fraternidad. Sabemos que toda ignorancia deberá ser sustituida por el conocimiento conveniente que conduzca al Ser a tener la argumentación y las razones firmes que le permitirán no incurrir de nuevo en el error,. Y sabemos que los conocimientos se adquieren por medio de las pruebas y las situaciones diversas que obligatoriamente deberemos de pasar y vivir en una nueva encarnación, que habrá sido programada básicamente para que se alcance el objetivo de separarnos del “mal”.
Pero recordemos que las situaciones negativas aparecen y se inician con el ejercicio equivocado de la libertad del Ser. El Ser es libre de actuar si lo desea, puede moverse por el camino del mal, por el camino contrario al señalado por las Leyes Divinas.
Cualquier actitud negativa, como puede ser la formada por los celos, la envidia o el resentimiento, es generadora de fuerzas internas capaces de originar impulsos, en aquellos Seres que no tienen el conocimiento de las Leyes Divinas bien asimilado, que le llevarán a desear el mal a la persona que es el punto de origen de la actitud negativa. Si estas actitudes negativas producen un cierto efecto a la persona que las recibe, la persona que las emite puede sentir una sensación de poder, una sensación de estar por encima de la voluntad de sus semejantes y dar lugar a que, sintiéndose orgullosa de su poder, persista en su actuación maligna, produciendo mayores energías negativas, que reiteradamente dirigirá hacia los Seres que están en su entorno. En estas circunstancias, este Ser se habrá convertido en un Ser malo, dominado por la energía del mal que él mismo ha generado y que no le será posible escapar a su influencia y dominio, ya que esta actitud ha cerrado, por falta de afinidad vibratoria, toda posible comunicación con el Ser espiritual que es su protector y que es quien podría ayudarle a tomar el camino correcto, sino todo lo contrario, sus vibraciones le relacionan estrechamente con las entidades espirituales negativas que, por afinidad, le darán mayor fuerza a sus vibraciones bajas.
Cuando llega el momento de desencarnar para el Ser que reiteradamente ha generado energías negativas, produciendo formaciones energéticas densas, inevitablemente arrastrará consigo todo el campo vibratorio generado por él y este campo negativo continuará aislándole de la influencia de su protector por falta de afinidad vibratoria, y lo sumirá en la densidad vibratoria baja, oscura
y negativa, que será apoyada por entidades afines a dichas energías. Se habrá convertido en un Espíritu del mal.
El Espíritu del mal sentirá satisfacción en poyar y alentar a los Espíritus encarnados que generan las vibraciones negativas de los defectos morales.
Establecidos los lazos de afinidad entre él y el Ser encarnado que emite vibraciones parecidas a las suyas, le potenciará sus energías negativas y si persiste mucho tiempo, la afinidad vibratoria entre ambos, llegará a dominarlo por completo y a obligarlo a que se mueva y actúe en la dirección del mal, cada vez con mayor intensidad. Se habrá establecido una relación de dependencia entre el Ser espiritual malo y los Seres encarnados malos. Pero esta afinidad vibratoria no se basará en la relación de amistad o de fraternidad porque, siendo Seres de vibración negativa, no pueden emitir ni sentir vibraciones positivas. La relación será siempre de dominio, de imposición, de sojuzgamiento, de desprecio e incluso de burla, por parte del Espíritu del mal sobre el Ser encarnado, el cual pasará a ser su instrumento en el campo físico.
Pero todo el movimiento citado, como sabemos, está controlado y registrado por las Leyes Divinas, cuyos ejecutores son los Seres espirituales guías y protectores, tanto del Ser espiritual malo como de los Seres encarnados malos.
Aunque a los Espíritus del mal les parezca que pueden hacer lo que les plazca y pueden ir allá donde les venga en gana, la realidad es que todos sus movimientos, todas sus acciones y todas sus emisiones de energía, están vigiladas y controladas por los Seres de Luz, con la colaboración de los guías espirituales y protectores.

(Art. Extractado de “La Encarnación y Desencarnación del Ser espiritual”, de la Colección Ciencia Cósmica).

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MEDIUMNIDAD CURATIVA

            Es la capacidad que tiene ciertos médiums de curar molestias por sí mismos, provocando reacciones reparadoras de tejidos y órganos del cuerpo humano, inclusive las generadas por la influenciació n espiritual.
            Así como hay médiums que emitan fluidos propios para la producción de efectos físicos concretos (ectoplasma) , los hay igualmente para la emisión de aquellos que operan las reparaciones antes referidas.
            El fluido, en esencia, es siempre el mismo: sustancia cósmica fundamental, pero sus propiedades y efectos varían inmensamente, según la naturaleza de la fuente generadora inmediata, de la vibración específica y, en muchos casos, como por ejemplo, éste, de curación, según el sentimiento que presidió el acto de la emisión.
            La diferencia entre los dos fenómenos está en que en el primer caso (ectoplasma) , el fluido es pesado, denso, apropiado para la producción de formas o de efectos objetivos por condensación; mientras que, en el segundo, es sutilizado, radiante, apropiado para alterar las condiciones vibratorias existentes.
            El médium curador además del magnetismo propio goza de la aptitud de captar esos fluidos leves y benignos de las fuentes energéticas de la Naturaleza, irradiándolas, en seguida, sobre el enfermo, revigorizando los órganos, normalizando funciones, destruyendo placas y quistes fluídicos producidos por auto-obsesión o por influencia directa.
            Se pone en contacto con esas fuerzas orando y concentrándose, animado por el deseo de ejercer la caridad evangélica y, como la ley del amor es la que preside todos los actos de la vida espiritual superior, se coloca en condiciones de vibrar en consonancia con todas las actividades universales de la Creación; recibe fuerzas de alto poder terapéutico, que, entonces, pasando por él llegan hasta el enfermo quien, a su vez, por la fe o por la esperanza, se colocó en sintonía vibratoria para recibirlas.
            Los fluidos radiantes interpenetran el cuerpo físico, alcanzan el campo de la vida celular, bombardean los átomos, les elevan la vibración íntima e inyectan en las células una más intensa vitalidad que, en consecuencia, acelera los cambios (asimilación, eliminación), resultando de todo ello, finalmente, una alteración benéfica que repara lesiones o equilibra funciones. Esto en el cuerpo físico.
            Y actuando a través de los centros anímicas (órganos de ligazón con el periespíritu) alcanzan a éste, que también se beneficia purificándose con la aceleración vibratoria, tornándose así incompatible con las de más bajo tenor. En esta forma es que se operan las curaciones de perturbaciones espirituales en la parte que se refiere al perturbado propiamente dicho.
            Ya sabemos que la mayor parte de las molestias de fondo grave y permanente pueden ser curadas, puesto que son rescates kármicos en pleno desenvolvimiento, salvo cuando hay permiso de la Alto para hacerlo, mas en todos los casos tiene beneficios el enfermo, porque al menos ha de conseguir una atenuación del sufrimiento.
            En estos casos de curaciones se aplican las advertencias que hacemos cuanto tratamos de los pases y radiaciones, conviniendo consultar para ello el capítulo 20 de este libro.
 EDGARD ARMOND

DE SU LIBRO MEDIUMNIDAD
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La Génesis: Transición Planetaria

La ley del progreso alcanza a todos los seres y la Humanidad, constituida por los espíritus encarnados y desencarnados, no escapa a esa ley. La Humanidad ha realizado hasta hoy indiscutibles progresos. Los hombres, gracias a su inteligencia, han obtenido resultados jamás alcanzados en lo que respecta a la ciencia, el arte y el bienestar material. Pero les queda aún por realizar un inmenso progreso: hacer reinar entre sí la caridad, la fraternidad y la solidaridad para asegurar el bienestar moral. Tal es el período en el que hemos entrado y que señalará una de las más importantes fases de la Humanidad.
La generación futura, libre de las escorias del viejo mundo y formada por elementos más puros, estará animada por ideas y sentimientos muy diferentes de los que nutren a la generación actual, que se va a pasos agigantados. El viejo mundo habrá muerto y vivirá en la historia, como sucede hoy con la Edad Media y sus costumbres bárbaras e ideas supersticiosas. Pero un cambio tan radical como el que se está elaborando no puede llevarse a cabo sin perturbaciones. Hay una lucha inevitable en las ideas. Ese conflicto originará forzosamente perturbaciones temporales, hasta que el terreno haya sido desbrozado y el equilibrio restablecido. Los graves acontecimientos anunciados surgirán de esa lucha de ideas y de ningún modo de cataclismos o catástrofes puramente materiales. Los cataclismos generales eran consecuencia del estado de formación de la Tierra. Hoy ya no se agitan las entrañas del globo, sino las de la Humanidad.
La agitación que se manifiesta a veces en toda una población no es algo fortuito, ni producto de un capricho: se origina en las leyes naturales. Esta efervescencia, en un comienzo inconsciente, se manifiesta como un deseo vago, una aspiración indefinida hacia algo mejor, una necesidad de cambio. Se traduce por una agitación sorda, luego por actos que conducen a revoluciones sociales, las que, creedlo, tienen también su periodicidad, como ocurre con las revoluciones físicas, ya que todo se encadena. Si la visión espiritual no estuviese limitada por el velo de la materia, veríamos esas corrientes fluídicas que, como miles de hilos conductores, enlazan las cosas de orden espiritual con las de orden material.
Sí, ciertamente, la Humanidad cumple un período de transformación, como los que vivió ya en épocas pasadas. Cada transformación está marcada por una crisis que es, para el género humano, lo que son las crisis de crecimiento para el ser humano como individuo. Estas crisis, a menudo dolorosas, se llevan consigo a generaciones e instituciones, pero siempre son seguidas por una fase de progreso material y moral.
La Humanidad terrestre llegó a uno de los períodos de crecimiento. Desde hace casi un siglo se encuentra en pleno trabajo de transformación, razón por la cual se agita por doquier presa de una especie de fiebre y como impulsada por una fuerza invisible, hasta que haya retomado su lugar sobre nuevas bases.
A la agitación de encarnados y desencarnados suelen unirse, casi siempre, ya que en la Naturaleza todo se encadena, las perturbaciones de los elementos físicos. Entonces, durante un tiempo, se produce una auténtica confusión general, pero que pasa como un huracán, después de la cual el cielo vuelve a abrirse y la Humanidad, restablecida sobre nuevas bases e imbuida de nuevas ideas, inicia una nueva etapa de progreso. «Será en el período que se inicia que se verá florecer al Espiritismo y que éste producirá sus frutos. Es, por lo tanto, más para el futuro que para el presente que vosotros trabajáis. Pero era necesario que esos trabajos se elaborasen anticipadamente, porque preparan las vías de la regeneración por la unificación y la racionalidad de las creencias. Felices quienes disfrutan de la Doctrina desde ahora: será para ellos un gran adelanto logrado y muchas penas evitadas».
La Humanidad ha llegado a uno de esos períodos de transformación o, si se quiere, de crecimiento moral. Pasó de la adolescencia a la edad viril. El pasado ya no basta a sus nuevas aspiraciones y nuevas necesidades.
No puede ser gobernada por los mismos medios. No se contenta con ilusiones y engaños: su razón madura reclama alimentos más sustanciales. El presente es demasiado efímero, comprende que su destino es más vasto y que la vida corporal es demasiado restringida para abarcarlo por entero y, por tanto, vuelve su mirada hacia el pasado y el futuro para descubrir el misterio de su existencia y encontrar en ellos la seguridad que consuela.
Quien haya reflexionado sobre el Espiritismo y sus consecuencias, sin limitarlo a la producción de algunos fenómenos, comprenderá que esta Doctrina abre a la Humanidad un nuevo camino, ofreciéndole infinitos horizontes. Al iniciarlo en los misterios del mundo invisible, le señala su verdadero papel en la Creación, papel perpetuamente activo, tanto en el estado corporal como en el espiritual. El hombre no camina ya a ciegas: sabe de dónde viene, adónde va y por qué está sobre la Tierra. Ya no es una vaga esperanza: es una verdad palpable, tan cierta para él como la sucesión del día y la noche. Sabe que su ser no está limitado a algunos instantes de una existencia efímera; que la vida espiritual no se interrumpe con la muerte; que ya ha vivido y que vivirá aún y que de todo lo que adquiere en perfección gracias al trabajo nada se pierde. Encuentra en sus existencias anteriores la razón de lo que es hoy y, también, de lo que es hoy, sabrá deducir lo que será mañana.
La fraternidad debe ser la piedra angular del nuevo orden social. Pero no hay una fraternidad real, sólida y efectiva si no está fundada sobre una base inquebrantable: esta base es la fe, más no la fe en tales o cuales dogmas especiales que cambian con los tiempos y los pueblos y que se excluyen y luchan entre sí anatematizándose y fomentando las divisiones y el antagonismo. Sino la fe en los principios fundamentales que todos pueden aceptar: Dios, el alma, la vida futura, el progreso individual indefinido y la perpetuidad de las relaciones entre los seres. Cuando todos los hombres se convenzan de que Dios hay uno solo para todos, que ese Dios soberanamente justo y bueno no desea la injusticia y que el mal proviene de los hombres y no de Él, entonces se sentirán todos hijos del mismo Padre y se estrecharán la mano.
Esa es la fe que da el Espiritismo y que será en lo sucesivo el eje cardinal alrededor del que se moverá el génesis humano, sean cuales fueren los cultos y las creencias individuales.
El progreso intelectual, llevado a cabo hasta hoy en las más vastas proporciones, constituye un gran adelanto y señala la primera fase de la Humanidad. Pero por sí solo es impotente para regenerar. En tanto el hombre esté dominado por el orgullo y el egoísmo, utilizará su inteligencia y sus conocimientos en beneficio de sus pasiones e intereses personales.
Sólo el progreso moral puede asegurar la felicidad de los hombres sobre la Tierra poniendo freno a las malas pasiones. Sólo él puede hacer reinar entre ellos la concordia, la paz y la fraternidad.
Él es el encargado de tirar abajo las barreras que separan a los pueblos, el que hará desaparecer los prejuicios de castas y acallará los antagonismos sectarios, enseñando a los hombres a considerarse hermanos destinados a ayudarse y no a vivir parasitariamente los unos de los otros.
Será también el progreso moral, secundado por el progreso intelectual, quien unirá a los hombres en una misma creencia establecida sobre las verdades eternas, aceptadas universalmente, y, por eso mismo, no será motivo de discusión. La unidad de creencia será el eslabón más poderoso, la base más sólida para el logro de la fraternidad universal, resquebrajada en todos los tiempos por los antagonismos religiosos que dividen a los pueblos y a las familias, y que hacen ver en los disidentes a enemigos de quienes es necesario huir y a quienes hay que combatir y exterminar, en vez de ver en ellos a hermanos a quienes se debe amar. Tal estado de cosas supone un cambio radical en el sentir de las masas, un progreso general que no podía llevarse a cabo sin salir del círculo de ideas mezquinas y rastreras que fomentan el egoísmo. Hoy la Humanidad está madura para mirar más allá de lo acostumbrado y mejor dispuesta para asimilar ideas más amplias, así como para comprender lo que no había entendido antes.
Esta etapa ya revela ciertos signos inequívocos de su presencia: tales son las tentativas de reformas útiles, las ideas amplias y generosas que se dan a conocer y que comienzan a tener repercusión. Es así como vemos aparecer una increíble cantidad de instituciones protectoras, civilizadoras y emancipadoras bajo el impulso y por iniciativa de hombres evidentemente predestinados para este trabajo de regeneración. Las leyes penales se humanizan un poco cada día, los prejuicios de raza se debilitan, los pueblos comienzan a considerarse miembros de una gran familia. Mediante la uniformidad y la facilidad de los medios de transacción, van suprimiendo las barreras que los distanciaban. Delegados de todas las partes del mundo son convocados para reunirse en comicios universales y realizar asambleas pacíficas e intelectuales. Pero falta a esas reformas una base para desarrollarse, completarse y consolidarse. Es necesaria una predisposición moral más generalizada para que dé frutos y que las masas los acepten. Mas no por eso dejan de ser una señal característica del tiempo actual, el preludio de lo que se cumplirá en mayor medida, conforme el terreno se vaya solidificando.
Otro signo característico de la época que se inicia es la reacción favorable hacia las ideas espiritualistas y la repulsión instintiva de las concepciones materialistas. El espíritu de incredulidad que se había apoderado de las masas, ignorantes o cultas, y que las había hecho rechazar, junto con la forma, el fondo mismo de toda creencia, parece haber sido un sueño que al despertar produce la necesidad de respirar un aire más vivificante. Involuntariamente, donde se hizo el vacío se busca algo, un punto de apoyo, una esperanza.
No es el Espiritismo el artífice de la renovación social, sino la madurez de la Humanidad la que convierte a esta renovación en una necesidad. Por su fuerza moralizadora, por sus tendencias progresistas, por la amplitud de sus miras, por la generalidad de los temas que abarca, el Espiritismo, más que ninguna otra doctrina, es apto para secundar al movimiento regenerador. Por tal motivo, ambos son contemporáneos.
El número de partidarios del retroceso es, sin ninguna duda, grande aún. Pero, ¿qué pueden contra la marea que asciende, además de arrojarle piedras? La generación que se eleva representa a esa marea, mientras que ellos desaparecen junto con la generación que se va a pasos de gigante. Hasta entonces defenderán el terreno palmo a palmo. La lucha es inevitable, pero es una lucha desigual: entre el hombre y la voluntad de Dios, ya que los tiempos por Él señalados han llegado ya.
(Extractos de La Génesis, de Allan Kardec)                                                            Extraído de la Revista Espírita de la FEºE n3
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