martes, 10 de octubre de 2017

El eterno viaje ascendente



Programa de lectura:

- Conocimiento de la ley  natural
-Espiritismo: Remedio contra el oscurantismo
- El eterno viaje ascendente
- Comunicado psicografiado de Vianna de Carbalho
- La oración (reflexión)

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                 Conocimiento de la ley natural 
. ¿Ha dado Dios a todos los hombres los medios de conocer su ley? 
- Todos pueden conocerla, pero no todos la comprenden. Los que la comprenden mejor son los hombres de bien y los que quieren buscarla. No obstante, todos la comprenderán algún día, porque es preciso que el progreso se cumpla. 

EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS 
ALLAN KARDEC 


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EL ESPIRITISMO : REMEDIO CONTRA EL OSCURANTISMO
Jacques Peccatte
La humanidad siempre ha tenido sus precursores, vanguardistas o profetas, que trazan una vía para el porvenir. En ciencia, filosofía, arte y espiritualidad, se pueden encontrar numerosos ejemplos, de cuando la idea o la palabra expuestas en tiempos de oscurantismo no llegaban a alcanzar las conciencias del momento. Ya Pitágoras afirmaba la redondez de una Tierra que no era más el ombligo del Universo.
Mucho tiempo después de él, dos milenios más tarde, Giordano Bruno moría en la hoguera de la Inquisición por haber afirmado el movimiento de los astros. Esa misma Inquisición actuaba en nombre del Dios de los cristianos, proclamado por el profeta nazareno. Y entre extravíos y derivas, los fanáticos de todas las épocas han hecho la ley en nombre de pretendidas verdades reveladas, a las que han transformado y desnaturalizado para hacerlas conformes a sus voluntades. El poder temporal acaparó la revelación espiritual para hacer de ella un instrumento de dominación. Toda la historia de la humanidad corresponde más o menos a este modelo, que se puede generalizar a la mayoría de las religiones del mundo.
Curiosamente, a pesar de los notables avances del pensamiento desde hace más de dos siglos, estos modelos del oscurantismo aún están muy vivos hoy en día. Nuestra “Santa Iglesia” no siempre ha entendido completamente el sentido del mensaje cristiano que se supone transmite. En cuanto a los cismas de Lutero y Calvino, que originaron el protestantismo, engendraron involuntariamente las Iglesias seudo-protestantes de Norteamérica: Evangélicos, Pentecostales, Adventistas, Baptistas, Testigos de Jehová, etc. ¿Qué decir igualmente del Islam que, en sus formas más arcaicas, se ha inventado principios y códigos de vida que nunca fueron enseñados por su profeta? Indudablemente, también los discípulos del Buda dentro de la diversidad de sus tradiciones según las regiones, han reinterpretado un mensaje de origen ciertamente difícil de reencontrar hoy en su autenticidad.
Los profetas han hablado mucho en forma de parábolas o de preceptos que, sin duda, no eran fáciles de comprender por sus discípulos, y así las palabras rescatadas han sido rápidamente interpretadas y falsificadas con arreglo a los prejuicios dominantes y las tradiciones. ¿Cómo apropiarse de una parte de verdad cuando ésta no ha sido comprendida? ¿Cómo encontrar una palabra original varios siglos más tarde, cuando ésta ha sido transformada regularmente en el transcurso del tiempo, como fue el caso del mensaje cristiano, alterado por cantidad de dogmas que ya no tienen ninguna relación con las palabras de Jesús de Nazaret? Es así como las verdades reveladas se han convertido, no en instrumentos de reflexión y de moral, sino en simples tradiciones que se han adaptado a los diferentes pueblos, en función de sus usos y costumbres preexistentes.
Por supuesto, hay cosas más fáciles de comprender que otras: una esfera terrestre girando alrededor de un Sol que, él mismo, se integra en la galaxia, se ha convertido en una evidencia incuestionable; en cambio, lo referente a los principios espirituales y morales, es totalmente otra cosa, pues ya no estamos en el campo físico de lo observable. Y dentro de la diversidad de las religiones, uno se da cuenta de que no hay ni siquiera un mensaje común que pueda aplicarse a todos los pueblos, puesto que cada uno tiene su propia concepción de un Dios, incluso sin Dios como los budistas. Y sin embargo, la verdad no puede ser sino única, pero no ha podido serlo porque cada mensaje original ha sido tan alterado para adaptarse a las tradiciones, al punto de que el sentimiento religioso ha debido confundirse con las exigencias de la vida en sociedad, convirtiéndose las personas religiosas en poseedoras de un poder temporal dictado por la ley.
No obstante, con un poco de sentido común, no es muy difícil ubicar las desviaciones religiosas en donde están. Por ejemplo, para la cristiandad, si se reemplaza al teólogo por el historiador, van a surgir ciertas verdades, como la creación de los ritos y los dogmas, en momentos muy precisos de la historia de los Concilios. Y si uno se había contentado con las palabras y parábolas de Jesús, que permiten comprender sencillamente una dirección moral y trascendente, eso bastaba para decirse cristiano sin referirse a todas esas extrapolaciones que han alterado el mensaje original. Y es también en ese sentido, y únicamente en ese sentido, que un espírita puede decirse cristiano, pero evidentemente no católico, ni protestante ni ortodoxo. Igualmente se puede sostener el mismo argumento respecto a Mahoma, para las personas de cultura musulmana que, al volverse espíritas, pueden conservar el amor por el profeta que es la referencia de su tradición, pero que tampoco enseñó todo lo que se le ha querido hacer decir.
Las religiones del integrismo
En nuestros tiempos difíciles, donde lo religioso se mezcla con lo político, dentro de un fanatismo presto para todos los más inquietantes desbordamientos, es muy necesario plantearse la cuestión de ese crecimiento de los diversos integrismos que cada vez más gangrenan todas nuestras sociedades. Es como si, queriendo acercarse a Dios, se alejaran inexorablemente de él a partir de locuras colectivas que arrastran a las ramas fundamentalistas de las religiones hacia sus peores excesos. Una vez más, como en otros tiempos, las creencias religiosas sirven de relación de fuerza entre los pueblos y las culturas, independientemente de toda búsqueda de una verdad fundamental. Desde luego que, como espíritas, ese no es directamente nuestro problema, pues el espiritismo se asume como filosofía y no como religión, pero sí es un problema que debemos considerar pues concierne a una buena parte de la humanidad, en particular a través de lo que algunos han llamado el “choque de las civilizaciones”.
Esta fórmula no es ciertamente la más exacta, pues se trata más de un choque producido por los sobresaltos del neo-colonialismo y por inadecuadas injerencias guerreras que han terminado por desestabilizar regiones enteras.
Se ha llegado pues, como en nuestros tiempos pasados en Occidente, a desvíos religiosos inextricablemente vinculadas a conflictos de interés y hegemonía, relacionados con lo económico y lo político, al punto de que estas religiones ya no tienen nada que ver con ningún mensaje profético.
El sueño de Allan Kardec
Con justa razón, Allan Kardec había imaginado que el espiritismo podría superar los movimientos religiosos y ponerlos a todos de acuerdo a partir de los nuevos conocimientos enseñados por el otro mundo. Porque, aceptando su interpretación, el espiritismo efectivamente ha permitido unificar un pensamiento alrededor de la supervivencia del espíritu, de su manifestación y de su reencarnación. Al mismo tiempo eso ha permitido comprender mejor el mensaje original de cada religión, descifrando, por ejemplo, el sentido de las palabras y parábolas de Jesús a la luz del mensaje espírita. Pero no se puede tratar de quitar tan fácilmente creencias milenarias, ancladas en las mentalidades y que forman parte de costumbres y tradiciones que marcan los códigos de vida en sociedad. Los puntos de referencia religiosos tienen la vida dura y cuanto más contradicen a las evoluciones intelectuales o científicas, más se repliegan sobre oscurantismos que resisten cualquier prueba. Si bien, por ejemplo, la religión católica ha hecho algunos progresos notables, especialmente desde el Concilio Vaticano II, hay otros movimientos que han tomado el relevo, entre las sectas pseudo-protestantes norteamericanas que están invadiendo el mundo entero. Se regresa a la creación del mundo hace algunos miles de años, a la culpabilidad del pecado original y al mito de Adán y Eva. Nada, ni ningún argumento, hace presa en esas viejas creencias vueltas a poner de moda por predicadores fanatizados, capaces de negar todas las evidencias establecidas por la paleontología, la etnología y todas las ciencias del evolucionismo desde Lamarck o Darwin.
El sueño de Allan Kardec, consistente en poner de acuerdo a todas las religiones a partir del esclarecimiento espírita, ha tardado mucho. Aun en Brasil, donde el espiritismo se ha desarrollado ampliamente, el país ha permanecido como el primer país católico del mundo y los Evangélicos, a su vez, han conquistado el territorio.
En los tiempos del espiritismo naciente, era el catolicismo el que resistía. Hoy, ya no hay más oposición frontal de la Iglesia contra los espíritas, pero los viejos oscurantismos que se creía obsoletos, resurgen de otra manera, a través de principios de otras épocas, sostenidos por fanáticos que quisieran dirigir el mundo. ¿No habría allí una oportunidad de crear un frente común de resistencia espiritual anti-fundamentalista? Ese sería otro sueño, demasiado utópico sin duda, pero se llega al estado en que los católicos progresistas podrían sentirse más cercanos a los espíritas de lo que no están a todas las esferas de influencia religiosa que sufren la embestida integrista. Es como si las religiones clásicas estuvieran en vías de desaparición en pro de nuevos fanatismos religiosos, fuera de época, y que sin embargo en nuestro tiempo renacen en forma clara y evidente.
El problema es vasto y nos sobrepasa pero, sin duda alguna, necesitamos mantener el sueño de nuestros precursores, de unificar las espiritualidades alrededor de la comunicación con el más allá, a partir de principios definidos por el otro mundo desde hace ciento cincuenta años, principios que se han confirmado por los nuevos estudios sobre las EMI, recuerdos de vidas pasadas, avances de la astrofísica, etc. Se llega con ello a ciertas evidencias que siempre tardan en ser reconocidas oficialmente, y al mismo tiempo, los desvíos religiosos están al servicio de poderes temporales como en los tiempos de la Inquisición.
A los movimientos espiritualistas de hoy se les plantea otro problema: por una parte, los adeptos de todas las variantes de la Nueva Era se desinteresan de todas las cuestiones sociales, pues consideran que se puede evolucionar por el desarrollo personal; y, en otra esfera de influencia, los parapsicólogos o asimilados, siguen buscando lo desconocido y, allí donde el espiritismo ya tiene todos los datos, y en un plano más social o humanista, ellos no se sienten en absoluto concernidos.
En cambio el espiritismo, como filosofía particular que emana de una reflexión sobre las manifestaciones y mensajes del más allá, debe dar a conocer sus posiciones de principio, no sólo en un plano metafísico, sino también respecto a las grandes cuestiones sociales, como la mencionada aquí del ascenso de los integrismos, una cuestión sensible en un mundo de inestabilidad.
Las religiones clásicas e instituidas están en declinación; los fundamentalismos regresan con fuerza; las “altas espiritualidades” ignoran estos movimientos de fondo; y los investigadores de lo paranormal están en sus respectivas ciencias, poco preocupados por los desvíos religiosos en nuestras sociedades. Ese es más o menos el estado actual referente a las influencias espirituales y religiosas sobre la tendencia del mundo. A partir de esta comprobación, es indispensable hacer escuchar otra voz, un eco diferente y divergente de todo esto: el de una reflexión alentada por un espiritismo mayor y responsable, dentro de un conocimiento que puede dar sentido, y que abrirá nuevas vías en la tormenta, no religiosas sino espirituales, dentro de la aceptación del otro mundo, que ya nada justifica que sea ignorado por mucho más tiempo. Es ese mundo, vuelto inteligible desde Allan Kardec, el que ha dado todas las claves de la vida, tanto de la vida desencarnada como de la vida encarnada. Entonces, ¡por qué esperar más y tergiversar con una ignorancia que mantiene la incertidumbre! Refugiarse en la duda permanente cuando se rechaza estudiar lo que puede el ser, es perder un tiempo precioso, pues el mundo necesita descubrir su ontología y su destino, para dispersar por fin todas las mitologías ancestrales de un oscurantismo que nuestro siglo ya no necesita...


El Journal espirita no 93 julio del 2001

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EL ETERNO VIAJE ASCENDENTE
Nuestro hogar, el planeta Tierra, se encuentra viajando en un Universo infinito.
Nuestra galaxia, la Vía Láctea, con 300 mil millones de estrellas, es una más dentro de las más de 100 mil millones de galaxias observables. Y todo, en estas magnitudes inconmensurables, obedece a leyes preestablecidas, entre ellas la ley del progreso.
Desde el origen de la vida en este planeta, la diversidad, la belleza y el progreso se suceden en una evolución que ya no es objeto de debate en los medios científicos.
La selección natural propuesta por los naturalistas Charles Darwin y Alfred Rusell Wallace, espírita, junto con la teoría sintética, explican a día de hoy los mecanismos de esa evolución, mecanismos que sí continúan siendo objeto de debate.
El hombre, obra prima del progreso biológico, ha protagonizado el progreso industrial, tecnológico y social, inmerso también en un progreso espiritual del cual han sido testigos los siglos. Las generaciones humanas mueren en el tiempo, pero el espíritu no. Todas las civilizaciones se han sucedido entre sombras y luces en el marco de un cuadro evolutivo.
Todos los mundos y civilizaciones en el universo son solidarios a través del intercambio reencarnatorio.
Los espíritus cambian de planetas de acuerdo con las necesidades de su proceso evolutivo. Cada mundo se encuentra en un determinado grado de perfeccionamiento. El Libro de los Espíritus, en la cuestión 171, dice que los Espíritus pasan gradualmente «del estado de embrión al de infancia para llegar por una sucesión de períodos al estado adulto, que es el de perfección, con la diferencia que en éste no existe el declinar y la decrepitud de la vida».
Los mundos también progresan y el nuestro está en la fase de transición hacia un mundo de regeneración.
«Esos mundos sirven de transición entre los mundos de expiación y los mundos felices, son por tanto simples escalas de perfeccionamiento en la cadena universal de los mundos. El hombre ahí está aún sujeto a las leyes que rigen la materia, experimenta sus sensaciones y deseos, pero libre de las pasiones que lo esclavizan. La palabra amor está grabada en todas las frentes; una perfecta equidad regula las relaciones sociales».
Los espíritus no anuncian una transición milagrosa, sino una transformación progresiva que ya está en plena realización. Será una morada cada vez más agradable, a medida que sus habitantes progresan.
La caridad, como principio fundamental que enseñan los Espíritus, y el Espiritismo tienen como finalidad romper el egocentrismo social de los individuos actuales,para ceder su lugar al altruismo moral que caracterizará al ciudadano del futuro. La caridad es el único antídoto eficaz del egoísmo, ese corrosivo psíquico que envenena al hombre y a la sociedad.
«Quien en esta vida quiera aproximarse a la perfección moral debe extirpar de su corazón todo sentimiento de egoísmo, porque el egoísmo es incompatible con la justicia, el amor y la caridad, ya que neutraliza todas las otras cualidades».
La comprensión espírita del mundo y del destino del hombre modificará el orden social. La certeza en la sobrevivencia y el conocimiento de la ley de evolución arrancará al hombre de las garras del inmediatismo.
Afirma Allan Kardec que la cura podrá ser prolongada pero no imposible. La educación bien comprendida será la clave del progreso moral. Entretanto recordemos que la transformación del mundo comienza en el corazón de cada criatura que lo desea. Por eso enseñaba Cristo que el Reino de Dios está dentro de nosotros, y no comienza por señales exteriores.
- Editorial de la Revista Espírita nº 3 de la FEE-

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Comunicado Psicografiado de Vianna de  Carvalho 

Sutilmente se va popularizando una forma lamentable de revelación mediúmnica, valorando las cuestiones perturbadoras que deben recibir tratamiento especial, al contrario de la divulgación popular de carácter apocalíptico.

 Existe un atavismo en el comportamiento humano en torno al Dios-temor que Jesús desmitificó, demostrando que el Padre es todo Amor, y que el Espiritismo confirma a través de sus excelentes propuestas filosóficas y ético-morales, lo cual debe ser examinado con imparcialidad.

Doctrina fundamdentada en datos, estudiada por la razón y la lógica, no admite en sus formulaciones esclarecedoras, ningún tipo de superstición que mancharía la limpieza de los contenidos relevantes, mucho menos amenazantes que las impuestas por el temor, como es habitual en otros segmentos religiosos.

Durante algunos milenios el miedo fue parte de la divulgación del Bien, imponiendo venganzas celestes y desgracias a todos aquellos que discrepasen de sus postulados, castrando la libertad de pensamiento y sometiendo al tacón de la ignorancia y del primitivismo cultural las mentes más lúcidas y avanzadas...

El Espiritismo es la ciencia que investiga y solamente considera aquello que puede ser confirmado en laboratorio, que tenga carácter de revelación universal, por tanto, siempre libre para la aceptación o no por aquellos que buscan conocer las enseñanzas. Igualmente es filosofía que esclarece y jamás asusta, explicando a través de la Ley de Causa y Efecto, quienes somos, de donde venimos, para donde vamos, por qué sufrimos, cuales son las razones de las penas y de las amarguras humanas... De igual manera, su ética-moral está totalmente fundamentada en las enseñanzas de Jesús, conforme Él las enunció y las vivió, proporcionando la religiosidad que integra a la criatura en la ternura de su Creador, siendo de simple y fácil formulación.

 Jamás se apoya en las tradiciones míticas greco-romanas, siempre tejiendo tragedias para los seres humanos, o de otras cualquiera, remanentes de las religiones ortodoxas decadentes, algunas de las cuales hoy están reformuladas en la presentación, manteniendo, por tanto, los mismos contenidos amenazadores.

De manera sistemática y continua, se vienen haciendo comunes algunas pseudorevelaciones alarmantes, sustituyendo las figuras mitológicas de Satanás, del Diablo, del Infierno, del Purgatorio, por Dragones, Organizaciones demoniacas, regiones punitivas atemorizantes, en detrimento del amor y de la misericordia de Dios que rige por todas partes.

Ciertamente, existen personificaciones del Mal más allá de las fronteras físicas, que se complacen en afligir a las criaturas descuidadas, así como lugares de purificación después de las fronteras de ceniza del cuerpo somático, todos, sin embargo, transitorios, como ensayos para el aprendizaje del Bien y su fijación en los paneles de la mente y del comportamiento.

El Espiritismo resucita la esperanza y amplía los horizontes del conocimiento exactamente para facultar al ser humano para el entendimiento con respecto a la vida y a como comportarse dignamente ante situaciones dolorosas.

Sus revelaciones objetivan esclarecer las mentes, retirando la niebla de la ignorancia que aún permanece impidiendo el discernimiento de muchas personas en torno a los objetivos esenciales de la existencia carnal.

De la misma forma que no se debe engañar a los candidatos al estudio espírita, respecto a las regiones celestes que os aguardan, desbordando en fantasías infantiles, no es correcto derrapar en amenazas en torno a fetiches, magias y soluciones milagrosas para los problemas humanos, recurriéndose al animismo africanista, de diversos pueblos con sus supersticiones. En el pasado, en pleno periodo medieval, las creencias en torno a los fenómenos mediúmnicos se revestían de misticismo y de ceremonias cabalísticas, proponiendo la liberación de los incautos y perversos, de las situaciones perniciosas por las que transitaban.

El Espiritismo, iluminando las sombras que permanecen dominando incontables mentes, desvela el futuro que a todos aguarda, rico de bendiciones y de oportunidades de crecimiento intelecto-moral, ofreciendo los instrumentos habidos para el éxito en todos los cometidos.

Su psicología es fértil en lecciones libertadoras de conflictos que aun quedan de las existencias pasadas, de terapias especiales para el enfrentamiento con los adversarios espirituales que proceden de un ayer perturbador, de recursos simples y de fácil aplicación.

El simple cambio mental para mejor, proporciona al individuo la conquista del equilibrio perdido, facultándole la adopción de comportamientos saludables que se encuentran explicados en El Evangelio según el Espiritismo, de Allan Kardec, verdadero tratado de eficiente psicoterapia al alcance de todos los que se interesen por la conquista de la salud integral y de la alegría de vivir.

Después de la hazaña de haber matado a la muerte, el conocimiento del Espiritismo faculta la perfecta integración de la criatura con la sociedad, viviendo de manera armónica en todo momento, donde quiera que se encuentre, liberada de recelos injustificables y sintonizada con las bendiciones que nos llegan de la misericordia divina.

La mediumnidad, de ese modo, al servicio de Jesús, es vehículo de luz, de seriedad, dignificando su instrumento y enriqueciendo de esperanza y de felicidad a todos aquellos que se le acercan.

Jamás la mediumnidad seria, estará al servicio de los Espíritus festeros, livianos, críticos contumaces de todo y de todos los que no concuerdan con sus informaciones vulgares, debiendo tornarse instrumento de confort moral y de instrucción grave, trabajando en la construcción de mujeres y de hombres serios que se fascinen con el Espiritismo y hagan sus existencias, útiles y ennoblecidas.

Esos Espíritus burlones y pseudosabios deben ser esclarecidos y orientados en el cambio de comportamiento, después de demostrarles que no les obedecemos, ni les aceptamos sus sugestiones enfermizas, mentirosas y asustadoras con las historias infantiles sobre las catátrofes que siempre existieron, con las informaciones sobre el fin del mundo, con las tramas interminables a que se entregan para seducir y conducir a los ingenuos que se les someten facilmente...

El conocimiento real del Espiritismo es el antídoto para esa onda de revelaciones atemorizantes, que se esparcen como una ola pestilente, intentando mezclarse con los paradigmas espíritas que demostraron desde su surgimiento la legitimidad de la que son portadores, confirmando al Consolador que Jesús prometió a sus discípulos y se materializó en la incomparable Doctrina.

Ante informaciones mediúmnicas desastrosas o sublimes, un método eficaz existe para la evaluación correcta de su legitimidad, que es la universalidad de la enseñanza, conforme estableció el preclaro Codificador.

De ese modo, sirviéndose de la caridad como guía, de la oración como instrumento de iluminación y del conocimiento como recurso de liberación, los adeptos sinceros del Espiritismo no se deben dejar influenciar por el moderno terrorismo de naturaleza madiúmnica, encargado de amedrantar, cuando el objetivo máximo de la Doctrina es liberar a sus adeptos, a fin de hacerlos más felices.

Vianna de Carvalho

Página psicografada por el médium Divaldo Pereira Franco, el dia 7 de diciembre de 2009, durante el XVII Congreso Espírita Nacional, en Cálpe, España, el 09.04.2012.

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                         LA ORACION

                                                               (Reflexión) 

Mediante la oración es que nos ponemos en contacto con Dios y con los buenos espíritus. 
Orar por los espíritus desencarnados es una forma de demostrar que se les ama, es cierto que no se puede hacer mucho por cambiar su condición pero dios en su infinito amor permite el acompañamiento de los buenos espíritus y esto permite que todo sea mas llevadero. 
El progreso lo tiene que hacer el espíritu, mediante el arrepentimiento y su inclinación a los buenos sentimientos y al bien. 
Lo que si se le puede hacer es moralizarlo y ayudarle a entender la necesidad de evolucionar para que su situación mejore. 
Las misas( ademas si son pagadas), los rezos, las velas, etc, en realidad no sirven para nada. 
Lo que realmente les puede ayudar es vernos bien, que vean que los recordamos con amor y ORAR ( que No rezar , oraciones dichas maquinalmente ). 
Orar también es bueno. 
Pero orar lo que nos sale del interior, de lo mas profundo de nuestro ser. 
Desearle lo mejor, que su espiritu protector lo acompañe, lo guie y le ayude a progresar. 
Todo esto es lo que le puede ayudar( mas que misas y rezos que de nada sirven ). 
Las ORACIONES hechas por LOS FAMILIARES las escuchan con claridad; les ayuda animándolos a luchar; ellos sienten que no los olvidemos, que los recordemos, mientras tanto se sienten bien con nuestro apoyo, nuestro recuerdo y nuestro amor ... 
Angeles C.M.
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lunes, 9 de octubre de 2017

El desánimo




Hoy veremos :

- Olvido del pasado
- Evalúese
- Amalia Domingo Soler: Librepensamiento y Espiritismo
- El desánimo


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            OLVIDO DEL PASADO

La realidad se va desvelando al ser humano en la medida en que se purifica, en que se eleva en la escala jerárquica. Conforme va adquiriendo conocimiento de su naturaleza y del mundo que le circunda, mayor progreso alcanza en todas las cosas. El conocimiento científico ha sido y es un poderoso aliado a la hora de penetrar en la comprensión de las propias leyes de la Naturaleza. Sin embargo, fuera de las investigaciones de la ciencia, el ser humano ha recibido instrucciones respecto a lo que se le sustrae a nivel perceptivo, de sus sentidos. Es por este tipo de conocimiento que el ser humano ha adquirido, hasta cierto punto, la noción de su pasado y de su destino futuro, de manera fehaciente.

    En esta línea argumentativa, obtenemos la idea, clara y distinta, de que la materia es el agente, el intermediario por el que y sobre el cual obra el espíritu. El espíritu –que se encuentra envuelto en una sustancia vaporosa, denominada periespíritu y que le sirve de unión con la materia- es el principio inteligente del Universo: el ser que somos en el cuerpo en que estamos. Por tanto, el cuerpo es el instrumento de que se sirve el espíritu (nosotros) a través de su envoltorio fluídico, para realizar su progreso, para adquirir el grado de sabiduría y amor que le posicionará en el estado de bienaventuranza.

    Es así, que decimos que los espíritus constituyen el mundo de los espíritus o inteligencias incorpóreas, el cual es el principal, preexistente y sobreviviente a todo. No obstante, y a pesar de que podría no haber existido el mundo corporal sin que se alterase la esencia del mundo espiritista y por extensión nuestra propia esencia, ambos mundos se interrelacionan incesantemente, pues el uno reacciona imperecederamente en el otro. En definitiva, hay dos elementos generales en el Universo: el espíritu y la materia, y por encima de todo Dios, el Absoluto. Esta trilogía es el principio que constituye todo lo que existe.

    Como correlato de este presupuesto, obtenemos la certeza de la posibilidad de continuación de la vida humana después de la vida, ya que, como hemos visto, la vida verdadera es la vida del espíritu. Todo lo que sabemos de la naturaleza, de las cosas y de los seres nos muestra que nada perece, sino que todo se transforma. Todo está en continuo movimiento, en constante cambio donde la transformación forma parte de una de las leyes de Universo. La vida es, pues, un contínuum, donde muerte y nacimiento son dos aspectos de su realidad.

    Entonces, ¿qué será de nosotros después del fenómeno biológico de la muerte? Como se puede vislumbrar de todo lo precedente, volvemos a entrar de nuevo en el mundo espiritista que habíamos abandonado momentáneamente; existe el ser y no la nada. La vida del cuerpo es pasajera y transitoria; la vida eterna es la vida del espíritu, que alcanzará la purificación perfeccionándose a través de la prueba de la vida corporal en  sucesivas existencias. Por consiguiente, nuestro Yo, el alma o espíritu, después de abandonar su cuerpo, tomará otro, es decir, se reencarnará en un nuevo cuerpo, logrando, de esta manera, su mejoramiento progresivo. En cada nueva existencia, el espíritu da un paso en su ascensión evolutiva, y cuando se despoje de todas sus impurezas, no necesitará ya las pruebas de la vida corporal. He ahí donde podemos observar la justicia de Dios. Todos los espíritus tienden a la perfección y Dios les proporciona los medios de conseguirla por las pruebas de la vida corporal. La doctrina de la reencarnación, que admite muchas existencias sucesivas, es la única conforme con la idea que nos formamos de la justicia de Dios, respecto a los hombres que ocupan una condición moral inferior; la única que puede explicarnos el porvenir y cimentar nuestras esperanzas, puesto que nos proporciona medios de enmendar nuestras faltas con nuevas pruebas. La razón así lo indica y así nos lo enseñan los espíritus.

     Hallamos, pues, en la doctrina de la reencarnación una consoladora esperanza: que nuestra inferioridad no nos va a desheredar del bien supremo y que podremos lograrlo con nuevos esfuerzos. ¿Quién no se conduele, al final de su vida, de haber adquirido demasiado tarde la experiencia de la que ya no puede aprovecharse? Pues, sabed que esta experiencia tardía no se pierde y será empleada con provecho en una nueva vida.

    Platón ya nos confirmara en palabras de Sócrates, su maestro y padre de la filosofía, que el alma traía en sí, en la memoria el conocimiento deseado y, por lo tanto, aprender sería recordar un conocimiento ya adquirido. Pero entonces, ¿por qué no tenemos durante la vida corpórea un recuerdo exacto de lo que fuimos, de lo que aprendimos e hicimos en existencias anteriores? ¿No neutralizaría esta falta de recuerdo el adelantamiento espiritual, es decir, la acumulación de experiencias que le darían, finalmente, la perfección?

     El propio Nietzsche –considerado uno de los tres Maestros de la sospecha, junto con Marx y Freud- ya nos señaló la necesidad del olvido. Determinó que tiene una función de preservación en la realización de nuestro desarrollo, esto es, para que el pasado no destruya el presente. Nos surge la cuestión, pues, de hasta qué punto es conveniente el olvido. Hoy que establecemos científicamente como método terapéutico la alternativa de sumergirnos en nuestro inconsciente como posibilidad de resolución de nuestros conflictos personales, nuestros traumas psicológicos –pensamos, por ejemplo, en la Terapia de Vidas Pasadas- ¿no habría que considerar establecer un límite sano, en el sentido de bueno, del olvido del pasado? Queremos advertir que las marcas negativas que nuestros errores nos dejaron en el alma no está allí para imponernos sufrimientos, sino justamente para servirnos de alerta, en el sentido que tratando esos efectos tendremos más condiciones de rescatar nuestro equilibrio físico, mental y espiritual.

     El olvido del pasado ocurre porque el ser humano aún no está en la suficiente disposición como para contener su ayer. Generalmente, no tiene la estructura psicológica necesaria para convivir con su pasado. Nos encontramos aún en un nivel de progreso espiritual insuficiente, marcado por grandes imperfecciones y tendencias negativas que nos asimilan al bruto. Una  gran descompensación moral en relación al avance científico- -técnico, intelectivo, que la humanidad ha alcanzado. Esto sin llegar a considerar la idea de que los grupos de relación, familiares, sociales, etc., que formamos, se establecen por el principio de causalidad, bajo la ley de causa-efecto, por lo que, en verdad, los constituyen personalidades involucradas, vinculadas en vidas pasadas. ¡Qué repercusión tan grave podría ocasionar el recuerdo!

     La Doctrina Espírita, codificada por el emérito profesor Allan Kardec (pseudónimo), nos esclarece sobre la necesidad del olvido. Nos demuestra que el recuerdo preciso de nuestro ayer, mayoritariamente equívoco –por mor del nivel de progreso en que nos encontramos- tendría inconvenientes extremadamente graves, perturbándonos, humillándonos ante nuestros propios ojos y ante los de nuestro próximo, el prójimo; traería perturbación en las relaciones sociales, frenando, así, nuestro libre albedrío, nuestra libre voluntad de elección. Obtenemos, pues, en líneas generales que olvidar es regla y recordar es excepción.

     Si a cada nueva existencia se corre un velo sobre el pasado, hay que saber, no obstante, que nada pierde el Espíritu (la persona) de lo que ha adquirido en aquél; olvida únicamente la manera como lo ha adquirido. El ser humano trae instintivamente, al reencarnarse, en forma de ideas innatas, intuitivas, lo que ha adquirido en conocimiento y amor, en sabiduría y bondad. Nuestra conciencia, que es el deseo que experimentamos de no reincidir en faltas ya cometidas, nos incita a resistir tales inclinaciones y, así, vamos superando nuestras limitaciones. Por otra parte, aquel anonadamiento del pensamiento que nos haría estar siempre repitiendo la misma situación es infundado, porque semejante olvido sólo tiene lugar durante la vida corporal. Al desencarnar, cesación de la vida corporal, el Espíritu recobra el recuerdo del pasado: puede ahora juzgar del camino recorrido y el que aún le falta por recorrer; de modo que no hay solución de continuidad en la vida espiritual, que es la normal, la verdadera, la del Espíritu inmortal.

     Deducimos, pues, que el olvido temporal es un beneficio de la Providencia, ya que la experiencia se adquiere a menudo por las pruebas rudas y expiaciones terribles. Este recuerdo sería muy penoso, viniendo a juntarse a las angustias de las tribulaciones de la vida presente. Si nos parecen largos los sufrimientos de la vida, ¿qué no parecerían si se viesen afectados por el recuerdo de los sufrimientos del pasado? Hoy somos personas honradas, sinceras, trabajadoras en virtud a las rudas consecuencias sufridas por faltas que hoy repugnarían a nuestra conciencia.

     ¡Cuántas personas quisiéramos correr un velo sobre los primeros años de nuestra existencia! ¡Cuántos no se han dicho al final de su existencia: si volviese a empezar, no haría lo que he hecho! Pues bien, lo que no podemos deshacer en esta vida, lo desharemos en otra; en una nueva existencia, su Espíritu traerá consigo, en estado de intuición, las buenas resoluciones tomadas. Así se realiza gradualmente el progreso de la Humanidad.

     Las reminiscencias del pasado no afloran en una nueva existencia debido a la disminución del estado vibratorio del Espíritu. Es decir: que la envoltura fluídica del Espíritu, conjugada con la fuerza vital, adoptó, en la nueva concepción, un movimiento vibratorio sumamente débil, el cual impide que pasen al estado consciente del ser. No obsta para considerar que el olvido de una falta no atenúa sus consecuencias. Por contra, en mundos superiores al nuestro donde sólo reina el bien, el recuerdo del pasado nada tiene de doloroso, y por eso sus habitantes recuerdan la existencia precedente como nosotros lo que hicimos el día anterior. En cuanto a lo que ha podido hacerse en los mundos inferiores (caso de nuestro globo terráqueo), viene a ser como un sueño pasado. Cada día concedido por la Providencia nos faculta para perfeccionarnos sin cesar, olvidando el mal y adicionando el bien a las adquisiciones que nos proyectarán a la felicidad. Se trata de ser hoy mejores que ayer pero menos que mañana.

- Miguel Vera -

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                            EVALÚESE

                     UNA OBSERVACIÓN IMPORTANTE
Tenemos la tendencia natural de justificar siempre nuestros defectos con racionalismos. Son artimañas y tramas inconscientes. Por tanto, procuremos conocer a fondo esos defectos en todas sus particularidades, y en cómo ellos nos afectan, localizando las ocasiones en que estamos más vulnerables a su manifestación.
Procuremos entonces no apartarnos de esos procedimientos y buscar herramientas adecuadas para sustituirlas en nuestro comportamiento.
Vea estas sugestiones de Benjamín Franklin en su Autobiografía, tal como escribió y en el orden que les dio.
Temperancia – No coma hasta el embotamiento; no beba hasta la exaltación.
Silencio – No hable sin provecho para los otros o para sí mismo; evite la conversación fútil.
Orden – Tenga un lugar para cada cosa; que cada parte del trabajo tenga su tiempo seguro.
Resolución – Decida ejecutar aquello que debe; ejecute sin falta lo que decidió
Frugalidad – No haga dispendios sin provecho para los otros o para sí mismo; o sea, no desperdicie nada.
Diligencia – No pierda tiempo; esté siempre ocupado en algo útil; dispense toda actividad innecesaria.
Sinceridad – No use artificios engañosos; piense de manera recta y justa, y, cuando hable, hable con sentido.
Justicia – A nadie perjudique por un mal juicio, o por la omisión de beneficios que son un deber.
Moderación – Evite los extremos; no nutra resentimiento por injurias recibidas tanto en cuanto juzga que lo que merecen los injuriadores.
Aseo – No tolere la falta de aseo en el cuerpo, en el vestir, o en la habitación.
Tranquilidad – No se perturbe por cosas triviales, accidentes comunes o inevitables.
Castidad – Evite la práctica sexual si no es para la salud o procreación; nunca llegue al abuso que lo debilite, ni perjudique a su propia salud, o la paz de espíritu o la reputación de otros.
Humildad – Imite a Jesús y Sócrates.
Extractado
Escribe: Elio Mollo
Colaboró en el desarrollo ortográfico de este texto María Luiza Palhas
León Denis Blog

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          AMALIA DOMINGO SOLER: LIBREPENSAMIENTO Y ESPIRITISMO

De este atraso intelectual que dominaba España Amalia Domingo culpaba en gran medida a la Iglesia Católica. Así, movida por su rechazo visceral del dogmatismo y del fanatismo que coartaba la libertad de raciocinio, la escritora va a mantener desde Barcelona algunas polémicas con figuras representativas de la curia, que llegarán incluso a hacerse célebres. En concreto, la popularidad de los debates que sostuvo con el padre Sallarés (en 1884) o el padre Fita (en 1885), motivaron la publicación de diecinueve artículos de la sevillana, que fueron recogidos posteriormente en el volumen Impresiones y comentarios sobre los sermones de un Escolapio y un Jesuita, editado en Cienfuegos (Cuba). Además, en defensa de sus ideas espiritistas ya había contendido años antes con el Padre Llanas, refutándole sus Conferencias.
Pero quizás la más célebre de estas controversias fue la polémica que sostuvo con el canónigo Vicente Manterola, que había predicado en noviembre de 1878 una serie de sermones moralizantes contra el espiritismo en las iglesias barcelonesas de Santa Ana y Santa Mónica.
La autora respondió publicando en el periódico Gaceta de Cataluña una serie de artículos, en número de seis, en los que reaccionaba con contundencia contra los dogmáticos argumentos de Manterola, negando absolutamente la intervención diabólica que él consideraba esencia del espiritismo.
El canónigo publicaría al año siguiente la recopilación de sus sermones con el título de El Satanismo, o sea la Cátedra de Satanás, combatido desde la Cátedra del Espíritu Santo (1879). El subtítulo de este libro resultaba, además, bien elocuente: Refutación de los errores de la escuela espiritista.
A la publicación de este volumen contrapuso la escritora sevillana cuarenta y seis nuevos artículos, que luego fueron recogidos en la obra titulada, con una inversión intertextual, El Espiritismo refutando los errores del Catolicismo romano (1880).
La enérgica y contundente respuesta de Amalia Domingo Soler al canónigo Manterola motivó una profunda admiración entre los seguidores de la creencia espiritista. De hecho, en 1881 fue homenajeada y obsequiada con una escribanía de plata por los adeptos de Tarragona, que admiraban así “su inteligente acierto e incansable actividad en la propaganda de los principios y doctrinas que sustenta el espiritismo”.
Con la propuesta de ampliar dicho homenaje a un ámbito más amplio, y recordando que la autora “jamás ha vendido su pluma”, se sumó la revista El Buen Sentido (Lérida), que, con la firma de su director, José Amigó y Pellicer, publicó lo siguiente:
Admiradores del celo propagandista, en que no tiene rival, de doña Amalia Domingo y Soler, de su sencillez, de sus relevantes prendas de carácter, de sus bondadosos sentimientos, la conceptuamos acreedora a una honrosa distinción, no de parte de unos cuantos correligionarios de una sola ciudad, sino de todos los de España, y aun de los de todo el mundo. Atacaba impunemente en Barcelona, desde el púlpito, al Espiritismo el Obispo don Vicente Manterola, sin que una voz varonil, entre tantos hombres ilustrados como profesan el Espiritismo en la capital de Cataluña, recogiese aquellos ataques y los rechazase públicamente; hubo de ser una mujer la que con valentía rebatiese todas las acusaciones por medio de la prensa, y esta mujer fue Amalia.
Secundada la iniciativa lanzada por José Amigó por toda la prensa espiritista, comenzando por el alicantino La Revelación, se propuso dotar a la autora de una pensión vitalicia que viniera a mejorar “la precaria situación en que vive, apartando de su espíritu los cuidados con que las indispensables necesidades de la vida le distraen y perturban, para que, más libre e independiente, pueda sostener el vuelo de su admirable inspiración y la lucidez de su inteligencia, al dedicarse a sus literarias tareas”. Sin embargo, si bien en un primer momento las donaciones fueron muy generosas, con el tiempo fueron decayendo hasta desaparecer por completo. Así pues, la proyectada pensión vitalicia quedó finalmente reducida a 3139’28 reales, según recogía El Buen Sentido en su número de diciembre de 1884.
Cuatro años más tarde, en concreto entre los días 8 y 13 de septiembre de 1888, tuvo lugar en Barcelona un acontecimiento de gran importancia que contó con una gran concurrencia y repercusión en la opinión pública: la celebración del primer Congreso Internacional Espiritista. Convocado por el Centro de Estudios Psicológicos barcelonés, asisten grupos, centros y sociedades españoles hasta un número de sesenta y ocho, además de otros cuarenta y dos americanos y europeos. En el mismo se encontraban representadas también veintisiete publicaciones periódicas. Las conclusiones se establecieron con las firmas de quince personas, entre presidente honorario, presidente (el vizconde de Torres Solanot), vicepresidentes y secretarios. Entre todos ellos, la única presencia femenina es la de Amalia Domingo Soler, que participa activamente como vicepresidenta del Congreso.
Desde 1894 Amalia Domingo fue redactora jefe de Luz y Unión. Revista mensual, órgano de expresión de la asociación espiritista barcelonesa Unión Kardeciana de Cataluña, que dirigía J. Esteva Marata. La asociación llevaba el nombre de uno de los librepensadores considerados fundadores del Espiritismo, el francés Allan Kardec, seudónimo en realidad de Léon-Dénizarth-Hippolyte Rivail (Lyon, 1804-París, 1869), cuyas obras y doctrinas alcanzaron gran difusión en la España del último tercio del XIX. La escritora dedicará de hecho varios poemas a lo largo de su vida a esta figura que ella consideraba crucial y pionera de una nueva etapa de la humanidad. Veamos un ejemplo de su rendido entusiasmo:
Allan Kardec, filósofo eminente,
se asemejó a Colón, que tras los mares
vio las palmas de un fértil continente
y escuchó de otros hombres los cantares;
y Allan Kardec, que fue constantemente
el sabio explorador de nuevos lares,
también veía rodar por los espacios
planetas con techumbres de topacios.
En otro orden de cosas, y como ya se ha mencionado, la autora mantuvo una estrecha relación con la masonería. Además de pertenecer -según parece- a la logia masónica “La Humanidad”, estableció contactos con la “Orden del Gran Arquitecto del Universo” en la década de los años noventa del siglo XIX. También, y con motivo del fallecimiento del librepensador Ramón Chíes, participó con la lectura de un poema en la velada que en su honor celebran las logias de Barcelona.
Desde abril de 1880 hasta enero de 1884 Amalia Domingo Soler había ido publicando en el periódico que dirigía, La Luz del Porvenir, una serie de curiosos textos que, bajo el título de “Memorias del Padre Germán”, decían consistir en comunicaciones del más allá obtenidas a través de un médium y transcritas por ella misma, que ejercía meramente como amanuense. Unos años más tarde estos textos son recopilados en un volumen exento que se publicará en 1900: Memorias del Padre Germán. En el “Prólogo”, la escritora manifiesta:
El espíritu del Padre Germán fue refiriendo algunos episodios de su última existencia, en la cual, se consagró a consolar a los humildes y a los oprimidos; desenmascarando al mismo tiempo a los hipócritas y a los falsos religiosos de la Iglesia Romana; esto último le proporcionó, como era natural, disgustos sin cuento, persecuciones sin tregua, crueles insultos y amenazas de muerte, que más de una vez estuvieron muy cerca de convertirse en amarguísima realidad. Fue víctima de sus superiores jerárquicos y vivió desterrado en una aldea el que indudablemente por su talento, por su bondad y por sus especiales condiciones hubiese guiado la barca de San Pedro a puerto seguro, sin haberla hecho zozobrar.
Todo ello concuerda con la defensa llevada a cabo por Amalia Domingo del cristianismo entendido en su primitivo sentido evangélico. Lo que la autora criticó durante toda su vida fue el sectarismo, la opulencia y la hipocresía de la Iglesia Católica representada por sus jerarquías. Pero siempre demostró una particular admiración por la figura de Jesucristo, al que dedicó multitud de textos, así como por aquellas personas que viven una religión cristiana basada en la caridad y el amor. La escritora, que acostumbraba a frecuentar hospitales, orfelinatos y asilos, hablará con frecuencia elogiosamente de aquellas monjas que se dedican abnegadamente al cuidado de enfermos, de huérfanos o de desahuciados.
Cuatro años después de editarse Memorias del Padre Germán, Amalia Domingo Soler reincide en este tan especial género biográfico de ultratumba y publica ¡Te perdono! Memorias de un espíritu (1904), que recoge las comunicaciones obtenidas a través del médium del Centro Espiritista “La Buena Nueva” con el que colaboraba habitualmente.
En esas fechas la autora, que siempre había tenido una salud delicada, y cuenta ahora con sesenta y nueve años, se encuentra ya cada vez más débil y quebrantada.
Así transcurrirán sus últimos años de vida, entre escritos y colaboraciones espiritistas, hasta su fallecimiento acaecido en su propio domicilio el día 29 de abril de 1909, a las 8 de la mañana. Según su Certificado de Defunción conservado en el Registro Civil de Barcelona, la causa de la muerte fue una bronconeumonía.
Su entierro fue seguido por una gran comitiva fúnebre que acompañó el coche mortuorio desde su domicilio hasta el Cementerio del Sud-Oeste, en la falda del Montjuic. Como homenaje póstumo recibió un epitafio en verso escrito por Salvador Sellés, hermano espiritista de Alicante, al que la escritora había dedicado varios poemas y al que había denominado “poeta del porvenir”.
En el mismo año de su muerte aparece su libro Flores del alma (1909) y, tres años después, sus Memorias de la insigne cantora del espiritismo Amalia Domingo Soler (1912) que, divididas estas últimas en dos partes, presentan una primera redactada por la propia autora, y una segunda, fechada a 10 de julio de 1912, con las revelaciones “que fueron dictadas desde el espacio por ella misma”. También obtenido -supuestamente- a través de comunicación mediúmnica fue el prólogo que antecede a la obra.
Varios libros más aparecieron de manera póstuma: Cánticos escolares expresamente escritos para la Escuela Dominical (s.f. [1924]); Consejos de ultratumba (s.f.); Las grandes virtudes. Cuentos para niños (s.f.); además del antológico -citado varias veces- Sus más hermosos escritos. De manera especial, se puede destacar su muy interesante Cuentos espiritistas (s.f. [1926]), que reúne sesenta y cuatro cuentos de temática monográfica que consiguen captar rápidamente el interés del lector.
Su idea de la mujer
En una ordenación social rígidamente establecida, donde la mujer quedaba confinada al hogar como máximo horizonte de realización, y con un modelo de feminidad que se definía por el prototipo de madre, esposa y ama de casa, Amalia Domingo Soler se atrevió a levantar la voz y enfrentarse a las convenciones. Así, además de predicar con el ejemplo y llevar una vida activa e independiente, se manifestó contra la imposición de unos roles sociales fuertemente codificados que dividían a los individuos según formasen parte del sexo masculino o femenino, y que se presentaban como un reparto natural e incuestionable en función de diferencias biológicas y fisiológicas insalvables.
En este sentido hay que recordar que, dentro de su contundente defensa de la necesidad de extender y mejorar la instrucción pública, Amalia Domingo hizo especial hincapié en el deber de facilitar la educación a la mujer, educación que tan deficiente venía siendo en España. Ella consideraba que al género femenino le está reservada una importante misión. En sus palabras:
La mujer es el talismán de la civilización […].
Cuando la mujer deje de ser instrumento de opresión, dejará de haber oprimidos y opresores, y sólo entonces podrá la humanidad marchar resueltamente, sin desviaciones ni desmayos, en persecución de los ideales de felicidad que hoy, por considerarlos imposibles delirios de la imaginación o aberraciones del deseo, constituyen su desesperación y su tormento.
El pensamiento de la autora concuerda en gran parte con los ideales regeneradores de la época, de inspiración krausista, que concedían un papel primordial a la instrucción para conseguir el tan necesario progreso del país. Los krausistas, conscientes de la importancia de la participación de la mujer en la vida social, la incluyeron en sus proyectos educativos. Sin embargo, habría que matizar que, si bien es verdad que se produjo este avance notable en la incorporación del género femenino a la instrucción pública, el componente negativo se revela al realizar un análisis más profundo de las razones que motivaron la actuación de los krausistas, quienes, en el fondo, no creían desinteresadamente en la igualdad de los sexos, sino que confiaban en la colaboración de unas mujeres formadas como madres educadoras para contribuir a su plan de regeneración nacional. Así pues, no se puede perder de vista que, incluso desde una óptica progresista, su papel en la sociedad se concebía primordialmente en función de la maternidad.
Pero incluso esta aparente contradicción de la ideología progresista regeneradora, se aprecia palpablemente en los escritos de Amalia Domingo Soler, quien concede de igual modo un papel muy importante a las mujeres como educadoras de sus propios hijos:
… la mujer es el factor más importante del progreso moral de las sociedades humanas, por su incontrastable influencia sobre el corazón de los hijos, muy superior a la del hombre en la primera época de la vida, que es cuando se forma y moldea, digámoslo así, el alma de la criatura racional; mientras la mujer sea sierva por su ignorancia, el hombre será esclavo por sus pasiones.
Se ha explicado con anterioridad la admiración que Amalia Domingo sentía por la también escritora Rosario de Acuña, a pesar de algunas divergencias en su concepción de la manera de llevar a cabo la necesaria renovación social. De hecho, Domingo reconoce a Acuña como una máxima autoridad entre las librepensadoras en la importante lucha contra la ignorancia y superstición femeninas, a la vez que elogia su esfuerzo por conseguir que, con la razón ilustrada, la mujer pueda alcanzar su regeneración. Así pues, también en esta cuestión cabría establecer puntos de contacto entre ambas pensadoras.
Según escribió Francisco Cuenca en 1925, en su Biblioteca de autores andaluces contemporáneos, Amalia Domingo Soler “Se afanó mucho por el avance cultural de la mujer e inspirada siempre en altos principios de moral, en todas sus obras predomina el fulgor de la sinceridad y de la convicción al servicio de los más puros ideales humanos”.
En la misma línea de la tenaz lucha que sostuvo contra la intolerancia, el fanatismo y la hipocresía que ella juzgaba representativas de la Iglesia Católica, su opinión era que la mayoría de las religiones habían contribuido negativamente a la situación femenina:
Las religiones positivas, códigos de tiranía moral, han envilecido a la mujer y ofrecídola al hombre como mísero juguete de su sensualidad, seguras de que por este medio, por la ciega sumisión de la una y el enervamiento del otro, sería eterna su dominación en el mundo.
De hecho, la autora se compadecerá profundamente de su propio sexo, al que la Iglesia y la sociedad han negado un status de igualdad con el hombre, también en el acceso a la cultura y a la educación:
¡Pobre mujer! Algunos padres de la Iglesia llegaron hasta negarle el alma. ¡Con cuánto trabajo viene conquistando el honroso puesto que en la familia le reserva el porvenir! Ella, que en todos tiempos ha empujado la civilización suavizando los sentimientos del hombre, se halla, sin embargo, en la infancia de su progreso, víctima de la violencia y la injusticia.
Amalia Domingo, consciente de la “dualización” artificial que gravita como una losa sobre las mujeres, y de la responsabilidad que corresponde a la Iglesia (y en general a las religiones) en esta asunción de un imaginario fuertemente arraigado en la mentalidad del hombre occidental, expone lúcidamente:
La misma religión católica, cuando dice a la mujer que la ha redimido y exaltado al exaltar a María sobre todas las criaturas y hacerla igual a Dios, la engaña para seducirla y por la seducción tiranizarla con más fuerza. Porque María no es el ideal de la mujer perfecta: es un ser privilegiado, sobrenatural, inmaculado desde su nacimiento; exenta, como esposa, de los deberes conyugales, exenta, como madre, de las leyes de la maternidad: al elevarla a tanta altura, lo que ha hecho es separarla de la mujer por un abismo. De un lado, una diosa; de otro, una criatura inmunda. Tanto es así, que apenas hay doctor de la Iglesia que no haya vomitado sobre la mujer la infamia y el desprecio; unos la han llamado sentina pestilencial, órgano del diablo, bestia feroz, hija de mentira, vaso de corrupción; otros, causa del mal, puerta del infierno, espantosa tenia, áspid, dragón, cabeza del crimen, silbido de la serpiente, y algunos concilios han llegado hasta rehusarle el alma. Y el hombre, por su parte, halagado en su egoísmo y en su orgullo, ha tomado a la mujer como las religiones se la han dado hecha, sin ocuparse de iluminar su entendimiento, ennoblecerla y levantarla del lodazal en que el fanatismo la retiene.
Por tanto, para la escritora sólo mediante la educación, mediante la instrucción pública, mediante la erradicación del fanatismo y del seguidismo religioso podrá la mujer liberarse y aspirar a desarrollar activamente un papel digno en la sociedad. Esto será lo propugnado insistentemente en sus escritos y conferencias por Amalia Domingo Soler, así como por otras compañeras suyas, pioneras en la lucha por la consecución de un mundo más justo e igualitario.
En conclusión
Toda la trayectoria literaria y biográfica de Amalia Domingo se caracterizó por la apasionada defensa de un librepensamiento basado en valores éticos como la tolerancia, la educación, la justicia y la igualdad social. Se trataba, en cualquier caso, de desterrar el oscurantismo religioso y la cerrazón intelectual.
En su búsqueda de la verdad la autora creyó sinceramente que el espiritismo ofrecía caminos nuevos, caminos que por cierto serían transitados con considerable frecuencia por otros autores finiseculares en mayor o menor medida, pues, como constata Ricardo Gullón, “[…] partiendo de la realidad del espiritismo, buscarán en él una vía por donde aventurarse en la sombra y en los enigmas que se les proponían como materia para sus experiencias poéticas”.
Por: Amelina Correa Ramón
(Tomado de la Revista Amor, Paz y Caridad)

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EL DESÁNIMO 
       Hay momentos en la vida de cada ser humano, que las cosas se presentan oscuras, inciertas, problemáticas. No sabemos qué camino tomar y, pese a la Doctrina Espírita tan consoladora y útil, parece como que no es suficiente; que las cosas terrenales, las materiales, etc., sean más importantes que aquellas que nuestros ojos no pueden ver, aunque creamos que existen; pero este mundo es aún tan atrasado, que nos cegamos ante los acontecimientos negativos, ante las pruebas difíciles; expiaciones dolorosas, o nos perdemos en las falsas ilusiones; la pretendida “felicidad terrenal”, y tantas cosas por el estilo, que llegamos a perder el ánimo y la fe (si es que las tuvimos alguna vez), muletas tan necesarias para caminar, sobre todo, en un camino de piedras y espinos, como es el que debemos recorrer en la Tierra. Nos decimos muchas veces que conocemos la ley de causa y efecto, que nadie sufre por nada que no deba, que venimos a rescatar deudas e, incluso, que debemos conformarnos, porque podríamos estar peor, pero no siempre es fácil, al contrario, resulta penoso y agotador. 
     En algunos momentos o días, nos parece que no vamos a levantar cabeza, que el desánimo puede vencernos, o las tentaciones y, nuestra inclinación a la pereza. La vida que es un soplo en la eternidad, se nos hace larga y dura, pero se nos hace penosa, aunque, a pesar de eso, nos agarremos a ella con desesperación, porque nos parece que después de la muerte, o durante el tránsito lo vamos a pasar mal. 
     El miedo es un obstáculo para progresar. Mal lo pasamos cuando damos cabida al desánimo, una de las grandes enfermedades del Espíritu. 
      Se cuenta que un día, a un buen hombre, para probarle, los espíritus que siempre están a nuestro alrededor tramando como hacernos caer; se le presentó la crítica, la envidia, la pereza, la ambición, el orgullo, pero como era humilde y trabajador en el bien, supo superarlo con acierto, pero los enemigos del bien, buscaron algo más sutil, una estrategia que, seguramente sería muy útil: el desánimo. Este buen hombre de pronto sintió, mediante las descargas de sugestiones hacia él, que no servía para nada, que estaba solo, que era muy poca cosa lo que él hacía, se deprimió y dejó abierta la mente a los enemigos de la doctrina. Nuca más levantó cabeza, permaneciendo desanimado hasta su desencarnación. No pensemos que esto sólo les pasa a los demás, o que pueda ser una historia irreal. A cada uno de nosotros nos puede pasar lo mismo; sentir el desánimo, es sentir apatía, desgana, desmotivación, cansancio de vivir, estudiar y progresar. ¿Qué mejor freno para los trabajadores que quieren, pero no pueden, porque se abandonaron, se apartaron poco a poco del camino seguro? ¿Queremos nosotros ser o estar en un estado de desánimo y apatía, siendo los trabajadores de la última hora? Nuestra cabeza se llena de ideas, sugerencias, consejos negativos, cuando prestamos oídos a aquellos que buscan nuestra perdición, porque no hay mayor amenaza para ellos que nosotros sepamos de la supervivencia del Espíritu, sobre la reencarnación, que somos eternos, que el mal no dura siempre e, identificarlos, a través de la mediumnidad o, simplemente, la reflexión y el auto conocimiento. Ya que sabemos esto de sobra, por los estudios, experiencias, charlas etc., deberíamos hacer una reflexión y medir nuestro estado de ánimo y, cuando veamos que baja, orar con mucho empeño, con fervor y necesidad. Nuestros ruegos, si son sinceros, serán oídos y, de alguna forma, nos sentiremos mejor; con más energía, más fuerza y, sobre todo, algo que es imprescindible: La Fe. Si nuestra fe fuese del tamaño de un grano de mostaza, “moveríamos montañas”. Esas montañas no son ni más ni menos, que la voluntad que pongamos en salir del “momento” malo que hemos vivido, o estamos viviendo. No le demos facilidades a los que quieren nuestra perdición: encarnados o desencarnados. Sigamos por el camino estrecho, de dificultades y dolor; pero el más seguro cuando lleguemos al final: la perfección y, sobre todo, a Dios. Examinemos como está nuestro ánimo, y obremos en consecuencia de todo lo que hemos aprendido, y que debemos compartir con los demás, para que también se beneficien ellos y no haya nadie desamparado de conocimiento, ni por nosotros, compartiendo la Doctrina de la fe, la esperanza y la seguridad de que estamos viviendo “momentos” muy especiales. Aprovechemos estos “momentos” y, con nuestra disposición, colaboremos en el bien y la divulgación de los principios espiritistas. ¡¡Ánimo!! Se puede y debemos hacerlo. 


Por Isabel Porras  -Artículo publicado en Zona Espírita .

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