martes, 12 de enero de 2016

La muerte nos llegará, ¿ Y luego qué ?


                                                           Eurípedes Barsanulfo
 
                                            La Pedagogía Espírita

Ante la inmensa responsabilidad que nos corresponde como educadores, algunos aspectos de la Pedagogía Espírita deben ser bien aclarados, para evitar las confusiones que aún ocurren. No se trata simplemente de una pedagogía (1) espiritualista, pues el propio Kardec creó los términos espírita y espiritismo, para diferenciarlos de espiritualismo, pues son muchas las corrientes espiritualistas existentes. “Para las cosas nuevas necesitamos de nuevas palabras”. Allan Kardec deja eso muy claro, en la Introducción de El libro de los Espíritus.

La Pedagogía Espírita se basa esencialmente en la Doctrina Espírita, en su triple aspecto: filosófico, científico y moral o religioso. Los tres aspectos están intrínsecamente unidos y cualquier tentativa de separarlos causaría mutilación en el cuerpo doctrinario. Tampoco resta ninguna duda de que el aspecto moral o religioso está íntimamente vinculado al Evangelio de Jesús. No obstante, como bien afirmó Kardec: “Muchos puntos del Evangelio, de La Biblia y de los autores sagrados en general, son inteligibles, muchos, incluso, no parecen racionales por la falta de una llave para comprender su verdadero sentido; esta llave está enteramente en el Espiritismo, como ya se convencieron aquellos que lo estudiaron con seriedad (…)”.

La Doctrina Espírita, en su triple aspecto, ofrece, pues, la llave que faltaba, y va más allá, ofreciendo también un derrotero fantástico que abarca la razón, el sentimiento y la voluntad. Con el lema: fuera de la caridad no hay salvación y con las recomendaciones de los Espíritus superiores “amaos e instruíos”, el Espiritismo revela el camino del progreso individual y social. La caridad, como ejercicio del amor universal, aliada a los conocimientos de la inmortalidad del alma, de la naturaleza de los Espíritus, de la comunicación de los Espíritus, de la reencarnación, de la Ley de Causa y Efecto, de las Leyes Morales y del futuro de la Humanidad en constante proceso evolutivo, representa la Verdad Universal, necesaria al conocimiento de sí mismo y al progreso individual y colectivo del planeta. Por el amor, se combate el egoísmo y el orgullo y, por la sabiduría, se combate la ignorancia y el fanatismo. No obstante, aún se levantan voces presentando propuestas dudosas y lanzando recelos injustificables en cuanto a la enseñanza de esa verdad Universal, presente en la Doctrina Espírita.

Enseñar una verdad Universal no es imponer una religión, ni un dogma, no es hacer “proselitismo” ni “catequesis”. Es presentar al mundo la realidad de la vida espiritual que los Espíritus Superiores, trabajadores de Jesús, luchan, desde hace siglos, por implantar en el corazón del hombre. Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres (Juan, 8: 32). La frase de Jesús resuena aún y su eco atraviesa siglos de luchas en defensa de esa misma verdad. Solo existe libertad en el conocimiento de la verdad. Sin ese conocimiento, lo que resta es la ignorancia que aprisiona y se sujeta a dogmas, prejuicios y fanatismo. La autonomía intelectual y moral pregonada por tantos pensadores modernos solamente se consigue con la práctica del amor y el conocimiento de la verdad. La ignorancia de sí mismo genera dependencia y esclavitud intelecto-moral. De esta forma, todo el contenido de la Doctrina Espírita debe formar parte de la Pedagogía Espírita, tanto en su cuerpo teórico como en todo lo que es aplicado y practicado en las instituciones que se denominan Espíritas.

De ninguna manera se trata de hacer proselitismo, como aún insisten en afirmar algunos, sino de presentar una verdad de carácter universal, conocimiento indispensable para conducir el Espíritu inmortal que somos todos nosotros, al conocimiento de sí mismo y de las Leyes Divinas que rigen los mundos y los seres. De la misma forma, la Doctrina Espírita no vino solo para los espíritas, es un patrimonio de la Humanidad. Como verdad de carácter universal que debe ser enseñada a todos cuantos se puedan interesar por ella. Sin ninguna imposición, la Doctrina Espírita “habla” a la razón y al buen sentido, respondiendo de forma clara a las preguntas que tanto han atormentado a los estudiosos en general; ¿quién soy yo, de dónde vengo, hacia dónde voy, y qué hago aquí?

El conocimiento que la Doctrina Espírita nos ofrece, causará alteraciones profundas en todas las ramas del conocimiento humano: en la Pedagogía, en la Psicología, en el Derecho y la Justicia, en la Medicina y, en especial, en el corazón del hombre. Si alguna duda pueda restar aún, basta verificar el precioso ejemplo de Eurípedes Barsanulfo, uno de los baluartes de la Pedagogía Espírita, en nuestro planeta. Eurípedes Barsanulfo, valientemente, incluyó el estudio de la Doctrina Espírita, en el programa del Liceo Sacramentano, en la ciudad de Sacramento, en Minas Gerais, Brasil. Y ante la amenaza de los padres de retirar a los hijos del Liceo, Eurípedes afirmó:

“–Que retiren a sus hijos, pero la finalidad salvadora del aprendizaje espírita será mantenida”.

Ante la tristeza de Eurípedes que se hallaba casi abandonado, María, la madre de Jesús, le envió un mensaje sugiriéndole cambiar el nombre de la escuela y ponerle Colegio Allan Kardec, lo que lo caracterizaba como una escuela espírita.

“No cierre las puertas de la escuela. Borre la denominación Liceo Sacramentano, que es un resquicio del orgullo humano. En substitución, coloque el nombre: Colegio Allan Kardec. Enseñe el Evangelio de mi Hijo los miércoles e instituya un curso de Astronomía. Cubriré al Colegio Allan Kardec con el manto de mi Amor. María, Sierva del Señor”. Eurípedes siguió al pie de la letra las Instrucciones espirituales de María (Eurípedes – el hombre y la misión – Corina Novelino, Edición IDE).

Así nacía el Colegio Allan Kardec, bajo la égida de María, la primera escuela Espírita, con un carácter de estudios eminentemente espírita. Sin prejuicios, Eurípedes enseñaba el Espiritismo, como verdad esclarecedora que ilumina la razón y eleva el corazón. Comprendió que la Doctrina Espírita es obra de Jesús, parte integrante de su Evangelio, currículo de una nueva etapa evolutiva de todo el planeta Tierra. Los antiguos alumnos del Liceo Sacramentano retornaron, y otros doscientos alumnos más fueron recibidos en el Colegio Allan Kardec, surgiendo también nuevos profesores, como colaboradores de Eurípedes.

Los miércoles estaban enteramente consagrados al estudio de El Evangelio según el Espiritismo y El libro de los Espíritus, de Allan Kardec. Asistían a las clases los alumnos del Colegio y numerosos visitantes. Al final de la clase, en el instante de la oración de cierre, a veces, la voz de Eurípedes cambiaba de tono. Celina venía a traer unas palabras de estímulo de la propia madre de Jesús. Otras veces, comparecían Juana de Arco, Pablo de Tarso, Pedro, Felipe y otros discípulos del Cristo. El aspecto espiritual de la vida estaba siempre presente en la vivencia diaria de la escuela y en las clases específicas. Además de incluir la enseñanza de la Doctrina Espírita en el programa de estudios de la escuela, percibimos que no se trataba apenas de una enseñanza teórica, sino de una vivencia constante. Los alumnos, además de estudiar El Evangelio según el Espiritismo y El libro de los Espíritus, de Allan Kardec, iniciaban las clases de los miércoles con una oración, finalizándolas con la plegaria final y con la recepción de mensajes de Espíritus Superiores, todo eso estaba abierto a todos cuantos quisiesen participar de esas reuniones.

Según Corina, “esas clases despertaban tanto interés, que los alumnos del curso superior no se perdían las sesiones mediúmnicas, buscando enriquecer sus investigaciones con los conceptos emitidos por los Espíritus Benefactores”.

Ocurrían fenómenos mediúmnicos dentro del mismo salón de clases, cuando el profesor “se desprendía del cuerpo físico, transportándose en Espíritu hacia otros lugares, muchas veces distantes”. Corina también nos cuenta que Eurípedes desarrolló un amplio estudio sobre la evolución de la idea religiosa, a través de las civilizaciones… “desde el horizonte tribal con su mediumnismo primitivo hasta el horizonte espiritual con la mediumnidad positiva, abarcando el escenario del siglo XVI”. En estas clases, los alumnos “ansiaban por llegar a la época del Espiritismo”, a lo que Eurípedes respondía: “-Ya llegaremos, pero necesitaremos de un espacio de tiempo muy extenso para dedicarlo a los estudios de los principios fundamentales del Espiritismo”.

Ese estudio, muy a propósito, demostraba la evolución del pensamiento religioso del hombre, culminando con el Espiritismo que representa el retorno del Evangelio de Jesús al escenario pedagógico del Planeta, así como el currículo de una nueva etapa evolutiva de los seres humanos reencarnados aquí.

Entonces, ¿qué es Pedagogía Espírita?

–Es la ciencia y el arte de la educación, el proceso a través del cual se desarrolla el “germen” de la perfección, en lo íntimo de cada uno, como Espíritus inmortales que somos, hijos y herederos de Dios. Es el desenvolvimiento gradual y progresivo de las potencias del alma, a través del ejercicio del amor y del “conocimiento de sí mismo”, que hace germinar esa esencia Divina y dar los frutos del amor y de la sabiduría.

–Es el retorno del amor y de la verdad universal al escenario pedagógico de la humanidad a través del valor de expresar esa verdad sin prejuicios, sin medias verdades, como lo hizo Eurípedes Barsanulfo.

El conocimiento de la verdad universal es indispensable para el conocimiento de sí mismo y, por tanto, para el desarrollo de las cualidades interiores del alma, de las potencialidades del Espíritu.

En verdad, no existen dos pedagogías. Lo que llamamos Pedagogía Espírita, representa pues, la Pedagogía por excelencia, iluminada por los conocimientos que la Doctrina Espírita nos ofrece hoy. Sus raíces se remontan a los principios de la Humanidad y posee, en su retaguardia, mi llares de Espíritus, trabajadores del Cristo, en la iluminación intelectual y moral del Planeta.

La Pedagogía Espírita está presente hoy en la mente y en el corazón de los educadores que enfrentan todos los prejuicios por amor a la verdad, independiente del título de profesor, maestro o doctor, que son resquicios de la vanidad humana. Está presente en los jóvenes y adultos que laboran en la evangelización infantil y juvenil, que dan charlas en las casa Espíritas, que participan en los grupos de estudios, en las actividades asistenciales, ejercitando y ejemplificando el amor al prójimo. Está presente en el joven que actúa en el teatro, que canta y baila, haciendo del sublime arte, la escalera para su elevación como Espíritu.

La Casa Espírita representa hoy la Escuela Espírita en toda su sencillez, belleza y dinamismo espiritual, viviendo el amor, iluminando el corazón y la mente de los niños, de los jóvenes, de los adultos e incluso del Espíritu desencarnado, pues somos todos en esencia, Espíritus en evolución. No existe educación en su significado profundo, sin el ejercicio del amor y sin el conocimiento de sí mismo, o sea, sin que el educando se reconozca como un Espíritu inmortal, hijo de Dios, dotado del germen de la perfección, sujeto a las leyes de causa y efecto y, por tanto, responsable por sus pensamientos y actos, a nacer y renacer en un perfeccionamiento gradual, pero continuo, rumbo a la perfección. No existe educación espírita, si no se incluye en su currículo ese conocimiento libertador de la verdad espiritual de nuestras vidas, de esa verdad universal contenida en la Doctrina Espírita, como lo hizo Eurípedes Barsanulfo.

Auxiliar al Espíritu con la verdad absoluta de nuestra existencia espiritual es nuestra tarea prioritaria. Es nuestro compromiso con Jesús, con Kardec, con Eurípedes y con nuestra propia conciencia.

Walter Oliveira Alves

(1) Pedagogía es la “ciencia que se ocupa de la educación y la enseñanza” y “en general, lo que enseña y educa por doctrina o ejemplos”. (Diccionario de la Lengua Española, Vigésima segunda edición, Real Academia Española, 2001, p. 1160). Anuario Espirita 2015.


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CUIDAR EL CUERPO Y EL ESPÍRITU


     La perfección moral, ¿consiste en la maceración del cuerpo? Para resolver esta cuestión me apoyo en los principios elementales, y comienzo por demostrar la necesidad de cuidar el cuerpo, que, según las alternativas de salud y de enfermedad influye de una manera muy importante sobre el alma, que es preciso considerar como cautiva de la carne. Para que esta prisionera viva,
se divierta y conciba aun las ilusiones de la libertad, el cuerpo debe estar sano, dispuesto, vigoroso. Sigamos la comparación:
Helos, pues, a ambos, en perfecto estado, ¿qué deben hacer para mantener el equilibrio entre sus aptitudes y sus necesidades tan diferentes?
He aquí dos sistemas que se enfrentan: el de los ascetas, que quieren abatir el cuerpo y el de los materialistas, que quieren rebajar el alma; dos violencias, que son casi tan insensatas una como la otra. Al lado de esos grandes partidos hormiguea la numerosa tribu de los indiferentes, que sin convicción y sin  pasión, aman con tibieza y gozan con economía. ¿En dónde está pues, la sabiduría? ¿En dónde está, pues, la ciencia de vivir? En ninguna parte; y este gran problema quedaría enteramente por resolver, si el Espiritismo no viniese en ayuda de los investigadores demostrándoles las relaciones que existen entre el cuerpo y el alma, y diciendo que, puesto que son necesarios el uno a la otra, es preciso cuidarlos a ambos. Amad, pues, vuestra alma, pero cuidad también el cuerpo, instrumento del alma; desconocer las necesidades que están indicadas por la propia Naturaleza, es desconocer la ley de Dios.
No le castiguéis por las faltas que vuestro libre albedrío le ha hecho cometer y de las que tampoco tiene responsabilidad, como no la tiene el caballo mal dirigido, por los accidentes que causa. ¿Seréis,acaso, más perfectos, si martirizando vuestro cuerpo no sois menos egoístas, orgullosos y poco caritativos con vuestro prójimo? No;la perfección no consiste en esto; está enteramente en las reformas que haréis sufrir a vuestro Espíritu; doblegarlo, sometedlo,humillarle, mortificad le; éste es el medio de hacerle dócil a la
voluntad de Dios y el único que conduce a la perfección.

(GEORGES, ESPÍRITU PROTECTOR, París, 1863).

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   LA COMPASIÓN 
 
 La compasión es  un sentimiento que todos hemos sentido alguna vez. Llamamos compasión a la capacidad de sentirnos próximos al dolor de los demás y la voluntad de aliviar sus penas, pero a menudo somos incapaces de llevar a la práctica lo que nos proponemos, y esa hermosa palabra muere sin haber dado sus frutos.
 Compadécete de cuantos se encarcelan  en las redes abrasadas de la violencia.
A fin de prestarle auxilio, acuérdate de cultivar la paz, como quien se decide a socorrer a las víctimas de un incendio, usando comprensión y ternura.
Aquellos que  abandonan la órbita de la prudencia, cayendo en la agresividad exagerada, entran más tarde en cuadros patológicos de la locura. Y ya no saben lo que hacen.
Cuando estamos compadeciendo a alguien es que deseamos que no sufra,  y vienen a nuestra mente pensamientos  beneficiosos, y debemos procurar desarrollarlos en pro del bien.
Cuanto más cerca estamos de una persona, más insoportable nos resulta verla sufrir Es un sentimiento de responsabilidad, de preocupación por esa persona. Con el fin de desarrollar esta cercanía es necesario reflexionar sobre las virtudes implícitas en la alegría por el bienestar de los otros. Debemos llegar a ver la paz mental y la felicidad interna que se deriva de ello, al mismo tiempo que reconocemos las carencias que provienen del egoísmo y observamos cómo este nos induce a actuar de un modo poco virtuoso y cómo nuestra fortuna actual se basa en la explotación de aquellos que son menos afortunados.
Compadécete siempre.
Debemos trabajar para reconocer la dependencia que sufrimos de aquellos por quienes sentimos compasión. Este reconocimiento les acerca aún más a nosotros si cabe. Hace falta mantener la atención para ver a los demás a través de lentes libres de egoísmo. Es importante que nos esforcemos por distinguir el enorme impacto que los demás causan en nuestro bienestar. Cuando nos resistamos a dejarnos llevar por una visión del mundo centrada en nosotros mismos podremos sustituir esta visión por otra que incluya a todos los seres vivos, pero no debemos esperar que este cambio de actitud se produzca de forma repentina.

Tras las palabras candentes que te amargan, comúnmente existe un corazón avinagrado por la carencia de amor, suplicando apoyo afectivo.
En la retaguardia de esas caras contraídas, parecidas  a mascaras de odio despejando condenación, muchas veces se esconde el dolor de la criatura  que se ve sin fuerzas suficientes para soportar la molestia que carga en el propio cuerpo.
Y moviendo las manos que laten, sin pensar, casi, siempre, yacen sufrimientos ocultos o influencias obsesivas que las hacen desvariar.
Si te encuentras en el camino con semejantes enfermos del alma, bendícelos con  la oración muda y sigue adelante.
Cuando alguien consigue sentir esa gran compasión y la bondad que la acompaña, cuando su corazón se agita en pensamientos altruistas, puede emprender la tarea de liberar a todos los seres del sufrimiento que soportan en su existencia cíclica, el círculo vicioso de nacimiento, muerte y renacimiento del que todos somos prisioneros. El sufrimiento no se limita a nuestra situación actual.
Si te gritan en el rostro improperios e insultos, continua orando por ellos, nada repliques  y confíalos en pensamientos, a la Providencia Divina. Los agresores son hermanos  enfermos, en cuya alma la rebeldía instaló peligrosas tomadas  de ligación con las tinieblas que les atormenta la vida.
Ante ellos, recuerda la paz que el Señor te concede y entregarlos a la farmacia del Bien Eterno.

Delante de cualquier problema, el Cielo tiene soluciones que desconocemos.
Es por eso que Jesús proclamo en el Sermón del Monte: “Bien aventurados los misericordiosos porque encontraran misericordia, ante las Leyes de Dios.
La compasión nos permite evitar el pensamiento egocéntrico. Experimentamos una gran alegría y nunca caemos en el extremo de buscar solo nuestra felicidad o salvación personales. Luchamos a todas horas para desarrollar y perfeccionar nuestra virtud y nuestra sabiduría. Con ese nivel de compasión, llegaremos a poseer todas las condiciones necesarias para alcanzar la iluminación. Por lo tanto, la compasión debe ser nuestro objetivo desde el inicio del viaje espiritual.
 No hay ninguna receta mágica que haga brotar la compasión o la bondad; hay que dar forma a nuestra mente de manera hábil, y con paciencia y perseverancia veremos cómo crece nuestra preocupación por el bienestar de los otros.
- Merchita-
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         LA MUERTE NOS LLEGARÁ, ¿ Y LUEGO QUÉ ? 
Muchas personas después del desencarne permanecen aquí mismo en la costra de la Tierra, en los ambientes donde vivieron. Otros consiguen “desligarse” y son llevados o atraídos para regiones espirituales compatibles con su evolución y merecimiento. De esa forma, en cuanto algunos siguen para regiones o franjas vibratorias más altas, otras quedan en la Tierra o van para zonas del umbral y hasta mismo de las tinieblas. El umbral, o los umbrales son regiones espirituales más cercanas a la costra de la Tierra, donde se localizan espíritus más atrasados o que no merecen elevarse a franjas más altas por causa de sus culpas y/u omisiones durante la vida. Son zonas de sufrimientos, desequilibrios y aflicciones; algo semejante al purgatorio del concepto católico. Las tinieblas, por lo que informan algunos espíritus, son zonas aun mas “bajas” y tenebrosas, de las cuales poca noticia se tiene. Pero la permanencia de los espíritus en las regiones de sufrimiento no es eterna. Siempre que alguno de ellos, sinceramente arrepentido de sus actos, pida ayuda a Dios, acaba siendo ayudado por las falanges de espíritus que trabajan en aquellas zonas de purgación, en nombre del amor. En el umbral existen infinidad de esas instituciones que dan atendimiento a espíritus que se desviaron del bien, o que no quisieron vivir, cuando estaban en la Tierra, el gran mandamiento: “Ama a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo” La gran parte de los sueños refleja nuestra vivencia en la dimensión espiritual, cuando, al dormir, salimos del cuerpo carnal, aunque permanezcamos unidos a el por filamentos fluídicos, conocidos como el “cordón de plata” Hay varios tipos de sueños. Hay aquellos en que estamos fluctuando sobre el cuerpo físico, sumergidos en las imágenes del subconsciente o del inconsciente, viendo acontecimientos recientes y hasta escenas de vidas pasadas. Esas imágenes generan sueños que, generalmente, nos parecen sin sentido y hasta absurdos. Hay los sueños producidos por las andanzas en el mundo espiritual. En esas andanzas nuestra unión con la materia no nos permite mucha lucidez. Por eso, mucho de lo que vemos, nuestra mente unida al cerebro carnal, lo interpreta de forma distorsionada. También al despertarnos, cuando el cerebro del cuerpo espiritual se yuxtapone al carnal, las imágenes que trae en la memoria se recodifican en los archivos del cerebro carnal. Esto porque las condiciones espirituales son dimensionalmente diferentes de las materiales. Por eso los sueños que recordamos, son casi siempre extraños y hasta mismo absurdos. Pero hay también aquellos sueños producidos por los espíritus, buenos o malos, que nos quieren pasar alguna idea, avisos, orientaciones o desean perturbarnos. Muchas personas igualmente son llevadas a participar de encuentros, cursos, conferencias y mismo de actividades en el mundo espiritual durante el sueño. En la mayoría de los casos ningún recuerdo guardan al despertar. Como se puede ver, esa otra dimensión no es un lugar de reposo eterno, sino un universo paralelo al nuestro, donde la vida se desarrolla con infinitas posibilidades de aprendizaje y progreso, mucho más allá de los límites de nuestra comprensión. Cuando comenzamos a tomar consciencia de los potenciales de nuestra mente, percibimos que también somos capaces de dominarla, de forma para crear y mantener los estados de espíritu que deseamos, a pesar de los circunstantes y de las circunstancias. Sugerencia: Siempre que se acuerde (procurar de acordarse siempre) imprimir en sí mismo un sentimiento de fraternidad y de felicidad.
- El exmonje renovado-
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lunes, 11 de enero de 2016

¡¡ VADE RETRO, SATANÁS !!






  Viviendo el Evangelio según El Espiritismo
   
                Lo que de gracia  recibisteis, dadlo  de gracia


En nuestra vida cotidiana, estamos acostumbrados a atribuir valor a las cosas materiales. Hablamos del precio de la vivienda, del coste de vida, de la inflación, del recorte de los sueldos, etc. Aunque no todos tengamos los mismos recursos económicos, el sentido de palabras como “caro” o “barato” es de fácil comprensión para la mayoría de nosotros. Caro es todo aquello que no nos podemos permitir habitualmente,barato son las cosas que podemos adquirir sin gran esfuerzo. Ambos conceptos forman
parte de nuestro día a día y es normal que así sea. Sin embargo,el hombre es un espíritu viviendo
como un ser encarnado. Su atención no bebe estar limitada a las cuestiones de la materia, sino que debe ampliarse al ámbito espiritual.
Quienes somos principiantes en el aprendizaje de las leyes universales solemos equivocarnos, porque
la escala de valores que usamos habitualmente en nuestra vida cotidiana, es totalmente inútil para los valores de la vida y el desarrollo espiritual. Quien desee ser el más grande, deberá practicar la sencillez extrema; al mal se debe retribuir con buenas acciones; siempre hay que dar sin esperar nada a cambio; y el que sufre será bienaventurado porque tiene en el sufrimiento la oportunidad de reparar el mal que hizo. ¿Por qué nos cuesta tanto comprender estos conceptos? ¿Por qué nos resultan tan contradictorios? Y lo más importante, ¿Por qué incluso cuando comprendemos estas leyes naturales, nos cuesta tanto vivir de forma coherente con lo aprendido?
En muchos casos, somos como los mercaderes que Jesús expulsó del templo, tratando las leyes espirituales como si se les pudiéramos poner precio. Los espíritus nos explican en el capítulo XXVI de El Evangelio Según el Espiritismo que Jesús condenó comerciar con las cosas santas en cualquier forma que fuere.
Lo primero que nos viene a la mente cuando leemos este pasaje,son los médiums que cobran por sus servicios o aceptan “regalos”.
La mediumnidad no es monopolio del espiritismo, pero los espiritistas sabemos que el comercio y la
mediumnidad son una mezcla que solo puede acarrear rescates dolorosos. La mediumnidad es una facultad que debe ser puesta al servicio del bien de forma gratuita y totalmente desinteresada.
Por las leyes de sintonía, el médium que pone precio a su facultad se une a espíritus desencarnados inferiores, caracterizados por intereses mezquinos.
En tal compañía, no sorprende que cueste entender que el que quiera ser el más grande, debe ser el más sencillo…
El trapicheo con la mediumnidad es una forma de mercadeo de las leyes espirituales que el Evangelio nos indica clara y explícitamente que no se debe hacer, pero hay otras formas de comercio que a muchos nos pasan desapercibidas y para las que debemos prestar atención. La vanidad, por ejemplo, nos tiende trampas constantemente. A ningún conferenciante espírita, monitor de clase o divulgador de cualquier humilde revista espírita se le ocurriría cobrar por su trabajo, pero podría estar esperando el aplauso, el halago o la devoción de los compañeros. Seguramente ningún trabajador de un centro espírita, bien sea en tareas de ejecución, coordinación o dirección, pensaría cobrar por sus servicios; pero podría esperar que la vida le resultara más fácil por colaborar con el bien, como si su recompensa fuera que se desvanecieran los obstáculos en su camino. Ningún espiritista aceptaría dinero por orar por los demás o por sus desafectos,pero ¿cuántos nos ilusionamos esperando la recompensa en forma de bonus hora en el futuro?
Jesús hechó del templo a todos los mercaderes de los temas espirituales.
La oportunidad de servicio debe ser aceptada en sí misma con gratitud porque nos redime, nos ofrece la ocasión para el rescate de nuestras deudas, que no son pocas ni insignificantes, solo hay que observar las penas a las que nos enfrentamos para darnos cuenta de ello. Hay que superar la impresión basada en que haciendo el bien ganaremos al cielo, cuando la verdad es que el trabajo humilde y desinteresado, allí donde se nos ofrece la oportunidad de servir, nos permitirá redimir el pasado.
La próxima vez que Jesús entre en el templo y nos encuentre allí, que sea buscando a Dios de todo
corazón y no traficando con los talentos que Él nos confió para nuestro progreso moral.

                     
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        UTILIDAD DE CIERTAS EVOCACIONES PARTICULARES

Las comunicaciones que se obtienen de los Espíritus muy superiores o de los que han animado los grandes personajes de la Antigüedad son preciosas por la alta enseñanza que encierran. Esos Espíritus han adquirido un grado de perfección que les permite abarcar una esfera más amplia de ideas, penetrar misterios que superan el alcance vulgar de la Humanidad y, por consecuencia, iniciarnos mejor que otros en ciertas cosas. De allí no resulta que las comunicaciones de los Espíritus de un orden menos elevado no tengan utilidad; lejos de esto: el observador extrae de ellas más de una instrucción. Para conocer las costumbres de un pueblo es necesario estudiarlo en todos los grados de la escala. Cualquiera que lo hubiese visto bajo un solo aspecto lo conocería mal. La historia de un pueblo no es la de sus reyes ni la de sus eminencias sociales; para juzgarlo es preciso verlo en su vida íntima, en sus hábitos privados. Ahora bien, los Espíritus superiores son las eminencias del mundo espírita; su propia elevación los coloca tan por encima nuestro que nos quedamos asombrados de la distancia que nos separa. Espíritus más burgueses (permítasenos esta expresión) nos vuelven más palpables las circunstancias de su nueva existencia. Entre ellos, el lazo entre la vida corporal y la vida espírita es más íntimo; la comprendemos mejor porque nos toca más de cerca. Al aprender con ellos mismos lo que han llegado a ser, lo que piensan, lo que sienten los hombres de todas las condiciones y de todos los caracteres –tanto los hombres de bien como los viciosos, los grandes y los pequeños, los felices y los desdichados del siglo, en una palabra, los hombres que han vivido entre nosotros, que hemos visto y conocido, de los cuales conocemos sus vidas reales, sus virtudes y defectos–, comprendemos sus alegrías y sus sufrimientos, nos asociamos y extraemos de los mismos una enseñanza moral tanto más provechosa cuanto más íntimas son las relaciones entre ellos y nosotros. Nos ponemos más fácilmente en el lugar del que ha sido nuestro igual que en el del que no vemos sino a través del espejismo de una gloria celestial. Los Espíritus vulgares nos muestran la aplicación práctica de las grandes y sublimes verdades, de las que los Espíritus superiores nos enseñan la teoría. Además, en el estudio de una ciencia nada es inútil: Newton encontró la ley de las fuerzas del Universo en el fenómeno más simple.
Esas comunicaciones tienen otra ventaja: la de constatar la identidad de los Espíritus de una manera más precisa. Cuando un Espíritu nos dice haber sido Sócrates o Platón, somos obligados a creer bajo palabra, porque no trae consigo un certificado de autenticidad; podemos ver en sus discursos si desmiente o no el origen que se atribuye: nosotros lo juzgaremos un Espíritu elevado, eso es todo; que en realidad haya sido Sócrates o Platón, poco nos importa. Pero cuando nuestros parientes, nuestros amigos o los que hemos conocido se nos manifiestan en Espíritu, se presentan mil y una circunstancias de detalles íntimos donde la identidad no podría ser puesta en duda: se adquiere, de alguna manera, la prueba material. Por lo tanto, pensamos que se ha de apreciar el hecho de ofrecer de cuando en cuando algunas de esas evocaciones íntimas: es la novela de las costumbres de la vida espírita sin la ficción.
Revista Espírita 1858
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                           La Codificación 

Muchos espíritas dicen que no disponen de tiempo para estudiar los libros doctrinarios. Entienden que basta escuchar a los guías en las sesiones mediúmnicas para aprender y progresar espiritualmente. A veces, sin embargo, esos mismos guías no tienen conocimiento, son espíritus tan ignorantes como sus propios protegidos. Recordemos la enseñanza del Evangelio “si un ciego guía a otro ciego, ambos van a caer al barranco”. 

Sabemos que vivimos en un mundo en fase de transición evolutiva, en el que proliferan espíritus agitados por nuevas ideas, deseosos de transmitirnos sus “revelaciones personales”. Debemos tener sumo cuidado, pues la responsabilidad espiritual es el mayor compromiso que tenemos adquirido en la existencia terrenal. Todos somos conscientes de la gran obra que se encuentra a nuestra disposición, y que solo la espiritualidad es capaz de haber desarrollado: “La Codificación”. Tenemos aquí un manantial donde todos debemos beber una y otra vez, siempre que tengamos necesidad de saber. 

Nos dice el espíritu de Emmanuel en “DERROTERO”, obra psicografiada por Francisco C. Xavier: “Seguramente con el Libro de los Espíritus las conclusiones filosóficas han alterado tu visión del mundo. Ahora admites la inmortalidad del ser”. Efectivamente, nuestro despertar nos induce a hacerles llegar a aquellos que conviven con nosotros, que se encuentran a nuestro lado, el “descubrimiento”. Porque hemos encontrado explicación para tantas y tantas incógnitas que nuestra mente albergaba, esclareciendo así las sombras de nuestras preguntas sin respuestas. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Para dónde vamos? y ¿Por qué estamos en la Tierra? Pasar por el “Libro de los Espíritus” sin analizarlo detalladamente sería desaprovechar el conocimiento filosófico que nos es necesario para nuestra formación. Debemos estudiarlo detenidamente para hallar en él una de las bases de nuestro progreso. Y progresando nosotros haremos progresar a nuestros seres queridos con el ejemplo. 

Las instituciones espíritas deben convertirse en casas de formación, aplicando cursos, además de las reuniones públicas evangélicas y doctrinarias. Nos dice el espíritu de Joana de Angelis que los Centros Espíritas son “células cristianas” que esparcidas sobre la Tierra sirven de Hospitales para el alma y donde se imparte conocimiento y saber. Es aquí precisamente donde la mediumnidad debe ser estudiada, analizada y desarrollada. 

“El Libro de los médiums”, la base científica del Espiritismo, nos hace comprender los problemas de la mediumnidad, sus consecuencias y sus soluciones. Debemos profundizar sobre esta materia de forma muy especial, pues todos sabemos de las necesidades que nuestros hermanos tienen del auxilio mediúmnico, por encontrarse muchos de ellos con problemas psicológicos que solo a través del tratamiento espiritual les rescatará de patologías psíquicas, que la medicina oficial no lograr reparar. Recordemos que los existencialistas franceses de los años 30/40 del siglo pasado lo llamaron “la angustia de vivir”. 

Una dedicación especial sobre este tema, nos dará una dimensión necesaria de entendimiento para comprender el animismo, la obsesión y la fascinación, circunstancias por las que se pueden caminar al encontrarnos inmersos en el Mundo Espiritual. Debemos cultivar nuestro huerto para alcanzar la cosecha del saber, pero de casi nada nos serviría sino supiésemos aplicarlos cristianamente. Los Espíritus en diferentes países y con la intervención de diferentes médiums, nos legaron a través de sus instrucciones, que son “las voces del cielo” “El Evangelio según el Espiritismo”, que viene a iluminarnos. Esta obra es para uso de todos; cada uno puede sacar de la misma los medios para imitar la moral de Cristo. Además encontraremos en ella las aplicaciones que nos conciernen más especialmente. 

Gracias a las comunicaciones establecidas, de una manera permanente entre los hombres y el mundo invisible, la ley evangélica, enseñada por los mismos espíritus, ya no será letra muerta, porque todos la comprenderemos y nos veremos inducidos incesantemente por los consejos de los guías espirituales a ponerlas en práctica. Se ha reunido en esta maravillosa obra, un código de moral universal sin distinción de culto. Muchos puntos del Evangelio, de la Biblia y de los autores sagrados en general, no son suficientemente claros de entender. En gran parte la razón consiste en la dificultad que presenta la lectura del Evangelio. La forma alegórica y el misticismo intencional del lenguaje, hacen que la mayor parte lo lean por conciencia y por deber, como leen las oraciones, sin comprenderlas, es decir, sin fruto. 

Los preceptos morales confundidos en la masa de otras narraciones pasan inadvertidos, siendo entonces imposible atender al conjunto y haciendo de él una lectura y una meditación separadas. El Espiritismo arroja luz viva sobre los misterios del pasado. Estudiando “El cielo y el infierno”, vemos que Kardec reafirma el carácter científico del Espiritismo, como ciencia de observación. La doctrina enfrenta el problema de las penas y recompensas futuras a la luz de la Historia, estableciendo comparaciones entre las idealizaciones del cielo y el infierno en las religiones anteriores y en las religiones cristianas, revelando raíces históricas, antropológicas de esas idealizaciones y denunciando los absurdos dogmas cristianos. 

La comparación del infierno pagano con el infierno cristiano es uno de los más eficaces trabajos sobre mitología comparada que se conocen. La mitología cristiana se muestra más grosera y cruel que la pagana. Ello sería suficiente para justificar el Renacimiento. Por tanto vemos que “El cielo y el infierno” tiene mucho que enseñar, no solo a los espíritas, sino también, a las inteligencias que pierden su tiempo combatiendo al Espiritismo, como los griegos y romanos combatieron al Cristianismo. Las penas y recompensas después de la muerte emergen del ámbito oscuro de las supersticiones y del misticismo dogmático hacía la luz del análisis y de la investigación científica. Si los teólogos – que pretenden ser algo más que hombres, como afirmó Descartes – pudiesen tener la humildad suficiente para consultar “El cielo y el infierno”, encontrarían en sus páginas la solución a sus más angustiantes problemas. 

Alfred Russel Wallace, explorador, geógrafo, antropólogo y biólogo británico, que comenzó a estudiar el Espiritismo en el verano de 1865, después de revisar la literatura y de repetir los fenómenos qu presenció en varias sesiones, y a pesar de que su defensa daño su reputación, dijo: “El Espiritismo es una ciencia experimental que nos ofrece la única base de la verdadera filosofía y de una pura religión. El ha abolido los términos sobrenatural y milagroso, ampliando la esfera de las leyes y del dominio de la Naturaleza y, por tal motivo, descubre y explica lo que hay de real en las supersticiones y en los supuestos milagros de todas las edades”. 

Efectivamente, Kardec trata el problema de la Revelación Espírita, en “La Génesis”, señalando que no se trata de algo que tenga características misteriosas, sino de un proceso de investigación. Nadie puede revelar lo que no sabe o lo que no descubrió. Una revelación debe descubrir los secretos de un misterio para que este se convierta en un hecho. 

Si la revelación no coincidiera con lo real, no pasaría de una elaboración humana. Si fuera atribuida a Dios, quedaría probado que tal atribución es gratuita. Kardec nos propone la tesis de la revelación continua, permanente, recordando que todas las ciencias se ajustan a un proceso de revelación de los secretos de la Naturaleza. El Espiritismo está inserto en ese proceso y presta una contribución tanto más valiosa, puesto que su objeto no ha sido tratado anteriormente por ninguna otra ciencia. Todas las ciencias conocidas hasta entonces, se aplicaban a las investigaciones materiales. El problema espiritual había quedado a cargo de las religiones, las que fracasaron totalmente en este sentido, puesto que nada han aportado al conocimiento real. La ciencia espírita vino a suplir esa grave deficiencia cultural, mostrando la posibilidad de la investigación científica del campo espiritual. 

El Espiritismo dio origen a las hoy llamadas investigaciones de lo paranormal. La antigua Parapsicología alemana, la Ciencia Psíquica inglesa, la Metapsíquica de Richet en Francia y la parapsicología actual nacieron de las entrañas de la Ciencia Espírita y confirman, en nuestro siglo, su plena validez. Más a pesar de todo eso, el Espiritismo y particularmente la Ciencia Espírita, fueron considerados ilusorios. Pero transcurrido el tiempo, hoy las ciencias cuentan en sus programas con la investigación de lo paranormal, comprobando objetivamente la existencia real del Espíritu y de toda la grandiosa fenomenología espírita. 

Recordemos que la Doctrina Espírita es el resultado de la enseñanza concordante y colectiva de los Espíritus. 

Juan Miguel Fernández Muñoz. 
Presidente de la Asoc. de Estudios Espíritas de Madrid 

Extraído de la revista “El Ángel del bien” 
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imagem não exibida      !VADE RETRO SATANÁS ¡
                                          
                                          ¿Realmente funcionará el rito del exorcismo ?


              
Algunos vehículos de comunicación  noticiaron sobre episódios “diabólicos” ocurridos en una casa localizada en la zona rural en el interior de Rio Grande do Sul. La hija mayor del matrimonio presentó un comportamiento extraño.  Su madre informó que alguna "cosa ruín" llevó a su hija a la parte superior de la casa y la tiró hacia abajo, destruyendo parte del tejado de la casa. Dijo también que "Satanás" diariamente arroja piedras sobre el tejado de la casa, arrastra los muebles, quiebra objetos, abre y cierra puertas y ventanas.
Convidado por la familia, Nelson Junior Paz, un vencedor de la región, aseguró haber "exorcizado" a la jóven. Explicó que Eel demonio" se apartaba de la pequeña cuando él llegaba, próximo a la casa, por eso tuvo que apartarse del local por unos instantes para que el diablo de nuevo tomase cuenta del cuerpo de la jóven y luego regresó para hacer el "exorcismo". Nelson preguntó a Satanás, por qué estaba atormentando a aquella niña, el "diablo" decía que quería la vida de ella o la propiedad de nuevo".
  El diario Correo Brasileño, publicó el 3 de juli de 2.014, que el Vaticano reconoció juridicamente a la Asociación Internacional de Exorcistas (AIE). La noticia fue transmitida por el periódico L'Observatore Romano, confirmando que la Congregación para el Clero aprobó los estatutos de asociaciones a través de un decreto. El ritual del "Exorcismo" fue restaurado por el papa Juan Pablo II "cuando la Iglesia Católica decidió, después de casi 400 años, revisar el texto anterior de 1.614, debido a los cambios realizados por el Concilio Vaticano II(1.962-1.965) y a los avances de la ciencia en el campo de la mente.
¿ Será que existen fundamentos coherentes con la práctica del exorcismo?. Consta que en el ritual de la Iglesia romana, tan solamente los obispos pueden autorizar a un sacerdote a hacer "exorcismos". Según relatos, en el conjuro, los "demonios" responden con mentiras a las indagaciones del "exorcista" sobre la identidad y/o los motivos de la subyugación. Amparados en el bramido benedictino "vade retro satanás", los exorcistas  ordenan a los espíritus satánicos a salir del cuerpo de los posesos, valiéndose igualmente de la invocación en nombre de Dios, de Cristo y de todos los ángeles.  Al final de las extenuantes algazaras e invocaciones, siempre bajo el ánimo del "rezo enojado", el resultado podrá aparecer de forma ligera, sin sustento duradero.
En los movimientos cristianos pentecostales y neopentecostal, así como los de renovación carismática, hay muchas descripciones de casos de "exorcismos". La fórmula utilizada en tales segmentos se basa en el empleo de la frase "en nombre de Jesús", además de la imposición de manos y la orden verbal del "exorcista" sobre el "perro" y en algún caso el "exorcizado" puede presentar relativos indicios de "consciencia".
Narran los evangelistas Marcos y Lucas lo siguiente: " un hombre que estaba en la sinagoga poseído por un espíritu maligno, gritó: "¿Qué tenemos nosotros contigo Jesús Nazareno?. ¡ Bien se quien eres, eres el Santo de Dios!. Jesús los reprendió diciendo: Silenciate y sal de ese hombre. El espíritu inmundo agitándolo violentamente y bramando a gritos salió de él. Las personas quedaron nuevamente espantadas y se preguntaban unas a otras: ¿Qué es esto? ¡ Una nueva doctrina con autoridad!. Él manda a los propios espíritus inmundos y ellos le obedecen!
 Tanto aquí como en otras narrativas correspondientes, constatamos que Jesús ante los obsesados, penetraba mentalmente en las causas de su inquietud y, usando de su autoridad moral, libertaba tanto a los obsesores como a los obsesados, permitiéndoles despertar para la vida animada rumbo a la recuperación y la pacificación de la propia consciencia. Entretanto, Jesús no liberaba a los obsesados sin imponerles la intrasferible necesidad de renovación íntima, ni expulsaba a los perseguidores inconscientes sin indicarles la dirección a Dios.
Los espíritas comprenden que los tales "demonios", "capetas", "cosa ruin", "lucifer","diablo", "satanás", "perro", "demonio", "bestia", etc, en el sentid común, no son seres designados por Dios para la práctica del mal, y sí seres humans desencarnados que se desequilibran en actitudes infelices durante la vida. "En la raíz del problema encontramos la necesidad de  considerar los llamados "espíritus de las tinieblas"(demonios) por hermanos verdaderos, necesitados de comprensión y auxilio, a fin de que se recuperen del desajuste para el reequilibrio en ellos mismos"
Arriesgan a decir algunos teólogos que los "demonios" son más conocidos como "Ángeles caidos del paraíso". El "angel caído" más famoso es el propio lucifer. Bien distante del sentido teológico que se le confiere al exorcismo, el espírita ofrece en los centros espíritas la asistencia espiritual a través de la desobsesión para tratamiento de los los dolientes "subyugados".

Considerando la subyugación como los casos mas graves de obsesión, sabemos que las fórmulas de "exorcismo". ritualizado por los religiosos, no tienen ninguna eficcia sobre los espíritius malignos. Los Benefactores afirman que "los obsesores ríen  y se burlan cuando ven a alguien tomar eso en serio. En razón de eso, Allán Kardec asevera que "no hay palabras sacramentales ni formas cabalísticas, ni "exorcismos" que tengan la menor influencia; cuanto más malos son, más se ríen del terror que inspiran y de la importancia que se da a su presencia; se divierten en oirse llamar diablos y demoonios, por eso se dan seriamente los nombres de Asmodée, Astaroth, Lucifer y otras calificaciones infermanales aumentand las malicias, al paso que se retiran cuando ven que pierden su tiempo con personas que no son sus tontos y que se limitan a llamar sobre ellas, la misericordia divina.
Si el célbre "exorcismo" aplicado constantemente en los rituales de las iglesias, no funciona,¿como tratar el proceso de subyugación espiritual?. Como dije arriba, la mayoría de los Centros Espíritas dispone de trabajos de desobsesión. Aunque sabemos que la taréa de tratamiento espiritual no es simple, pues muchas veces obsesado y obsesor  comulgan en un mismo estado mental, dificultando la identificación de quien es  víctima de quien.
Hay trabajos de "desobsesión" , conforme garantizan  los incautos, que son más "fuertes" e "inmediatos", que infelizmente, en esos extrañísimos "tratamientos espirituales", son fijados como un imperativo urgente, el apartamiento rápido del obsesor. ¿ Será que ese instantáneo destierro espiritual es posible?. Pero, "¿ cómo reventar de un instante a otro, las ataduras mentales seculares, forjadas en los compromisos recíprocos de la vida en común?".
Por tanto, son enteramente inútiles las fórmulas y rituales exteriores para "exorcismos", lo que importa es la autoridad moral del adoctrinador. En ese sentido la técnica de la conversión (adoctrinamiento), con los perseguidores del más allá, establece una de las grandes contribuciones del Espiritismo para la mejora de las relaciones entre los encarnads y desencarnados. En base a esto, las reuniones de desobsesión bien orientadas, son de grandiosa fuerza revolucionaria, por diseminar en sus sesiones el convite memorable del Maestro sobre el amor y el perdón.
En los ambientes donde no haya trabajos específicos de desobsesión, podrá alguien por sí mismo "apartar" a los Espíritus perversos y liberarse de la dominación de ellos?. Obviamente que sí. "Siempre es posible, a quien quiera que sea, sustraerse a un juego ( subyugación), desde que con voluntad firme lo quiera". En ese caso a través de la oración como médio eficiente para la cura de la obsesión. Por tanto, no vale con que alguien murmure algunas palabras, para que obtenga lo que desea. Dios asiste a los que obran, no a los que se limitan a pedir. Es pues, indispensable que el obsesado haga, por su parte, llo que sea necesario para destruir en sí mismo la causa de  atracción de los malos Espíritus".

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martes, 5 de enero de 2016

¿ Dios hace milagros ?

           

                 ¿Qué son las Supersticiones? 

Como tal se entiende lo que se refiere a cualquier idea mas o menos popular, en la que se cree y se acepta de modo irracional, por absurda que aparente ser, y siempre viene a ser  una creencia  positiva o negativa  generalmente de carácter religioso, o  envuelta en misterios o magias que se admiten sin ninguna clase de comprobación ni de razonamiento lógico y que suele llevar hasta el fanatismo.   La superstición viene a ser  una creencia  sin fundamento lógico, científico ni religioso, a la que se llega  por la necesidad  instintiva de creer en algo, desconocido, misterioso, maravilloso o irracional,  y solamente justificando esta credulidad  que huye de la razón, con un “por si acaso”. Se podría decir que las supersticiones en general, son un culto a lo mágico o a una maravillosa realidad que se intuye que rodea al ser humano, cayendo en el  absurdo  por el motivo de constituir una expresión de la necesidad natural del ser humano de creer en algo aunque no  resista el  menor análisis de la razón.
Las supersticiones son ideas falsas y muchas veces  absurdas, que se han ido creando alrededor de ideas y hechos  incomprendidos, a los que se les ha querido atribuir una simbología o un aire sobrenatural , siendo  reminiscencias de culturas inferiores o atrasadas que tienen  el  efecto de ser admitidas por personas hasta de un cierto nivel de ilustración, pues suelen ir acompañadas por elucubraciones de falsa ciencia, fuera de todo razonamiento lógico y hasta  en muchas ocasiones amalgamadas con prácticas devotas.
        La superstición  suele sustituir a los conceptos de la Ciencia  y a la fe religiosa del signo que sea, motivado muchas veces  por la falta de comprensión  que esa clase de fe  dogmática aporta en sus postulados. A veces de la propia religión o de sus dogmas se hacen supersticiones cuando  sus postulados se rodean de cierto misticismo mágico y se admiten con una fe rayana en  un  fanatismo irracional.
        Sus consecuencias son de los más diverso: desde los resultados inofensivos de la simpleza que  supone el creer por ejemplo en  cosas o actos  que atraen la buena o mala suerte , hasta la conducción  para llegar  consumar los crímenes más abyectos en  función de imperativos mágicos o misteriosos.
La gente debería estudiar y analizar las cosas de modo objetivo y racional, para no caer en una excesiva y fácil credulidad y así destruir la superstición desde su base, pues esta siempre aparece dispuesta para ocupar los huecos descuidados por la Ciencia o por la Religión, y los disfraza con un aire sobrenatural, misterioso , mágico o milagroso, totalmente falso , ilógico e irracional.
Es importante la desmitificación  y racionalidad de tantas ideas raras, falsas, irracionales y hasta ridículas que se han ido creando alrededor del conocimiento espiritual verdadero, como por ejemplo, sobre  la muerte, el más allá, Dios, la reencarnación, la suerte,  etc.
 En el extremo opuesto a la admisión de supersticiones, están ciertos materialistas  que han caído en el fanatismo negando sistemáticamente todo aquello que sale fuera de sus postulados basados en la sola realidad de la materia, ignorando voluntariamente la verdad que pueda haber más allá de la misma, y negando todo lo que se salga fuera de los efectos conocidos de la materia, siendo así que cualquier noción de alma, Dios, Más Allá, reencarnación, etc. lo califican como supersticioso o  se escudan en que todo lo que no sea materia entra en el campo de la fe religiosa. Por eso mismo según el materialismo,  las religiones solo están formadas por ideas supersticiosas.
Entre las supersticiones tan abundantes y variadas, se podría hacer una clasificación: la de las creencias en los efectos  e influencias de los números  cabalísticos y  de los signos ; los días y horas buenos y malos; los diversos métodos de adivinación; la influencia de objetos materiales sobre sucesos, la quimera de la astrología, etc,etc. Y es de señalar la evidencia de que desde unos años a esta parte, lo esotérico y lo misterioso está de moda.
Existen también creencias supersticiosas en talismanes y en objetos para preservar de dolencias y de accidentes causados por malos espíritus  o por energías negativas a las personas.  Ante  esta clase de creencias es de recordar que sobre los espíritus solamente influyen los pensamientos que los atraen  por afinidad o que los repelen, pero desde luego ningún ritual ni objeto material alguno influye sobre ellos. En esta clase de supersticiones que mucha gente confunde con el Espiritismo, con el que no tienen nada que ver, los espíritus inferiores que se divierten  con malevolencia a base de la ignorancia humana en personas crédulas e inclinadas a la fantasía y a la superstición, llegan muchas veces a generar casos reales de obsesión espiritual.
- Jose Luis Martín -

   “Quien desee hollar el Sendero deberá aprender a pensar por sí mismo, pues la superstición es uno de los mayores males del mundo, uno de los grilletes de los cuales deberás librarte por completo”

                                                     - Krishnamurti-

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Escollos de la ignorancia

Siendo, como somos, amantísimos de la verdad, y fieles adoradores del progreso, lógico es que consideremos el estudio del Espiritismo tan necesario al hombre, como le es indispensable el aire que respira, los rayos del Sol que le vivifican; el agua cristalina que calma su ardiente sed, el ropaje que le abriga, el techo que le cobija, el lecho donde reposa el alimento que sácia su hambre, sin el profundo conocimiento de la vida ultra-terrena se vive completamente a la mitad, mejor dicho, se vive sin vivir; por que no es vivir ignorar el porqué de esa misteriosa fatalidad que pesa sobre algunos seres, que sin haber cometido ningún crimen sufren todas las persecuciones, tiranías, angustias y humillaciones del esclavo, y todas las contrariedades que puede crear la perfidia humana.

Considerarse uno inocente y aparecer ante el mundo como un miserable, tener sed de amor, y no encontrar más que indiferencia y desvío, o un cruel desengaño después de un cariño efímero, luchar de continuo con un imposible, viendo al mismo tiempo que otros seres sin poseer grandes virtudes, sin ser merecedores, al parecer, de ninguna recompensa, se les ve sonreír gozosos, disfrutando de mil satisfacciones sin ni siquiera haberlas deseado, esta injusticia aparente subleva al Espíritu pensador, y sólo el estudio del Espiritismo es el que puede dar solución a los grandes problemas sociales, es el que puede pacificar los pueblos.

¿Será beneficioso, será útil, será necesario, será indispensable conocer las verdades de la filosofía espiritista? 
Sí; sin el Espiritismo la humanidad camina a ciegas; pues bien, a pesar de ser tantas las ventajas que le ofrecen al hombre las comunicaciones de los espíritus: no quisiéramos que ciertas fracciones de la sociedad tuvieran la menor idea de que existen espíritus, porque se les hace un daño inmenso. La ignorancia en todas partes encuentra escollos, y en el Espiritismo más que ninguna otra escuela, porque en la lucha con los invisibles casi siempre es segura la derrota, y sólo un esfuerzo potentísimo de voluntad, es lo que puede salvarle a uno del abismo.

Como ejemplo de utilísima enseñanza, vamos a referir un hecho ocurrido hace poco tiempo a D. Anselmo Pérez, hombre que, como otros muchos, quiso entrar en la escuela espiritista, sin tomarse el trabajo de leer una sola de sus obras fundamentales.
Asistió por curiosidad a una sesión espiritista, vio a un médium escribiente (mecánico) que escribía con la rapidez del relámpago, y sintió vivísimos deseos de hacer él lo mismo. 

Se fue a su casa, y enseguida puso manos a la obra; el primer ensayo no le dio resultado alguno; esto le desconcertó algún tanto, porque él creía que era cuestión, como se dice vulgarmente, de llegar y besar el santo. Durante muchos días insistió en sus ensayos, sin decir a nadie que probaba a ser médium; cuando una noche que su frente ardía y sus sienes latían con violencia, sintió en el brazo derecho una brusca y desagradable sacudida, sus dedos se crisparon y sin soltar el lápiz se quedó algunos momentos dominado por una fuerte contracción nerviosa, que fue cediendo cuando escribió con letras grandes y desiguales esta palabra fatídica. ¡Mátate!?

Nuestro amigo leyó con doloroso asombro aquella frase, y escuchó voces confusas que se la repetían en sus oídos.
Anselmo no quedó muy contento de su primer escrito, pero a nadie le confió sus impresiones, y aprovechando todos los momentos que tenía libres, tomaba el lápiz y siempre escribía estas o parecidas palabras. ¡Mátate! No cometas la cobardía de permanecer en un mundo que te insulta, que te desprecia, que te tiene relegado al olvido, si sufres tanto es porque eres un cobarde.

Anselmo se quedaba atónito con semejantes consejos, su razón los desechaba mirando el suicido con horror, pero un día y otro día, un mes y otro mes, un año y otro año, oyendo siempre lo mismo, concluyó por creer que quizá tendrían razón sus amigos invisibles y se decidió a poner fin a sus días escribiendo antes una carta concebida en estos términos.

No sé que pasa por mí, no sé qué influencia me hace dar un paso que he rechazado siempre por considerarlo un acto degradante para todo hombre de razón sana y cuerpo fuerte. Me mato contra mi voluntad, cometo la más indigna cobardía, cuando entre mis compañeros he tenido fama de valiente. ¡Cúmplase el deseo, de no sé quién!.
Dejó la pluma y cogió una pistola que apoyó contra su sien, mas tembló, cambió la puntería y salió el tiro hiriéndole gravemente quedándole la bala en la cabeza, bala la que no se le ha podido extraer.

Después de horribles sufrimientos Anselmo se puso bueno, perseguido siempre por sus invisibles enemigos hasta que un día hizo un esfuerzo supremo, y cuando murmuraban en su oído. ¡Repite la prueba, repítela! ¡Nunca la repetiré! ¡Atrás, miserables, atrás para siempre! ¡Ayúdame razón! ¡Ven en mi auxilio, inteligencia mía! ¡Quiero ser libre!.

Y como si le hubiesen quitado de sus sienes abrasadas una corona de hierro, como si de su pecho dolorido le hubiesen separado planchas de plomo, como si de su cerebro hubiesen extraído una gran cantidad de hirviente lava, como si de sus muñecas hubiesen quitado pesadas esposas, y de sus pies apretados grilletes, como si de su cintura hubiesen separado cadena de muchos eslabones, del mismo modo Anselmo después de su exclamación sintió un bienestar agradabilísimo, y una alegría dulcísima le hizo sonreír, se sintió ágil, corrió en todas direcciones como el prisionero que, después de muchos años, recobra la ansiada libertad. Y ávido de luz y sediento de verdad, fue a una librería y compró todas las obras de Allan Kardec, dedicando a su lectura y a su estudio todo el tiempo que antes dedicaba a escribir medianimicamente.

Mientras más lee, más se convence de la locura que cometió probando de ser médium antes de saber lo que era la mediumnidad y a los riesgos a que se expone el que se relaciona con los invisibles sin haber estudiado lo más indispensable.
La ignorancia, es muy mala consejera, y el espiritista ignorante es el ser más perjudicial a sí mismo y a cuantos le rodean. 
No hace muchos días que vino a vernos un hombre que frisará en los 60 años, de fisonomía franca y bondadosa, el que con acento dolorido nos dijo así:

-?Señora, yo sigo la senda de lo espiritual, pero o mucho me engaño, o mi camino no es el mejor ni el más seguro.
-Explíquese usted.
-Soy espiritista, creo firmemente en la supervivencia del alma, creo que los espíritus se comunican con los terrenales, pero lo que yo no comprendo es como los médiums que reciben inspiraciones de inteligencias elevadísimas, descienden a ser unos entes vulgares y hasta maléficos que arrastran al hombre a cometer actos impuros.
-¿Qué ha leído Vd. referente al Espiritismo?
-¡Leer!? nada; ¿Para qué? Yo conocí hace cinco años a una mujer que posee no sé cuantas mediumnidades; estando a su lado he oído golpes en todas direcciones, he visto moverse las sillas, oscilar las lámparas colgadas del techo; he oído como el galope de muchos caballos y el paso acelerado de varios pelotones de infantería. La he visto después dormida por los espíritus, dar comunicaciones parlantes y escribientes de Jesús, de María, de Juan el Bautista, de Pablo el apóstol y otros muchos espíritus.
-¿Y qué decían esas comunicaciones?
-Que debía someterse todo a la voluntad de la médium, que rezara mucho, que llamara al Señor en todas mis tribulaciones, que me bañara diariamente para purificarme, que no usara para mis dolencias corporales de ninguna medicina de la Tierra; y sí únicamente del agua magnetizada, pues sólo con dicho procedimiento saldrían de mi cuerpo los centenares de espíritus que me atormentan.

Me aconsejaban también que faltase a mis deberes conyugales, siendo la médium la designada para guiarme en todo y por todo en los diversos senderos de mi vida. Y yo, aunque mi razón rechazaba mucho de lo que oía cedía después y hacía cuanto me ordenaban los espíritus: rezaba oraciones repetidas; y continuamente clamaba ¡Señor!

¡Señor! ¡Ten misericordia de mí! Pero Dios no me oye, y mi casa es un trasunto del infierno, mi esposa maldice al Espiritismo todas las horas del día, mi hijo mayor me ruega con lágrimas y caricias que no arruine la familia, pues en dádivas a la médium he gastado más de mil duros, producto sagrado de las economías de mi esposa.

Me encuentro mal, muy mal, yo no tengo sosiego en ninguna parte, estoy enfermo, muy enfermo, mi hijo quiere curarme que es médico, la médium dice que sólo ella puede salvarme, pues solo por su medicación se separan de mí los innumerables espíritus que me atormentan, y hastiado de mí mismo, sin saber a quien creer, descontento de mis acciones, vengo a que Vd. me diga qué debo hacer, porque la verdad es, que hay momentos que digo: ¿Si habré perdido la razón?

-No hay miedo que le suceda tal desgracia, porque en medio de todo Vd. ve claro, puesto que no le satisface la miserable farsa que están representando delante de Vd.
-¡Ah! No señora no; yo no puedo creer que espíritus elevados aconsejen el olvido de todos los deberes sociales.
-Ciertamente, Vd. es juguete del engaño más miserable.
-Es que la mediumnidad de esa mujer es innegable, que otros muchos han presenciado en su casa verdaderos fenómenos. 
-Si yo no le niego que su mediumnidad sea efectiva, pero no todas las
mediumnidades son aceptables; no crea Vd. que el ser médium es sinónimo de ser un dechado de virtudes, hay médiums que trastornan medio mundo ayudados de espíritus afines a su modo de ser, y hacen un mal uso de su mediumnidad como indudablemente lo hace esa mujer que le induce a Vd. a vivir de un modo inmoral, convirtiendo su casa en un infierno, haciéndole malgastar los ahorros de su familia, quitándole por completo su fuerza moral, puesto que su mismo hijo tiene que reprenderle por su mal proceder.
-Y de nada sirve mi continuo ruego, pues yo siempre estoy diciendo: ¡Señor! ¡Señor! ¡Ilumíname!
-Palabras huecas son sus exclamaciones, ahora es cuando ha dicho Vd. de corazón ¡Señor! ¡Señor! Puesto que ha venido a pedir un consejo, y se lee en sus ojos una verdadera decisión.
-¡Ah! Sí, sí; quiero salir de esta situación angustiosa, que en mal hora conocí el Espiritismo.
-Es que Vd. del Espiritismo no conoce más que una amarga irrisión porque no se ha querido tomar el trabajo de leer, de estudiar, de aprender el porqué del porqué.
-Lo creí innecesario puesto que el fenómeno lo veía ante mí.
-Pero ignoraba la causa que producía aquel efecto, no sabía Vd. que los buenos espíritus no podían aconsejarle que abandonara su familia, ni que desechara los adelantos de la ciencia. Bueno es que se acuda al consejo espiritual cuando en la Tierra se hayan agotado todos los medios, cuando los hombres más sabios digan: no hay esperanza de salvación, entonces, y solo entonces, es cuando se debe preguntar a los espíritus si tienen algún remedio para aliviar aquel mal, cuando se haya trabajado, cuando se haya atendido debidamente a la ciencia terrena.
Parta Vd. del principio que los espíritus no vienen a convertir a los hombres en seres inactivos, que todo lo dejan a la iniciativa de los de ultratumba, porque entonces la comunicación sería perjudicial en grado máximo.

Los espíritus, téngalo Vd. muy presente, vienen únicamente a demostrarnos que la vida es eterna, que el Espíritu es el artífice que construye su infierno o su paraíso, que no hay mal pensamiento sin correctivo, ni buen deseo sin recompensa; vienen a decirnos que en las grandes tribulaciones nunca estamos solos, porque nuestros padres, amigos, o guías y protectores, nos acompañan de más cerca o de más lejos, según la inminencia del peligro y según nuestro adelanto moral o intelectual.

Vienen a decirnos que no atentemos contra nuestra vida, porque sería el remedio mil veces peor que la enfermedad, vienen a evitar el suicidio de muchísimos desventurados, vienen a pacificar a innumerables familias que viven en una guerra continua, vienen a unir a muchos matrimonios desunidos por los vicios de él, o por el mal carácter de ella, vienen a demostrar de un modo innegable la grandeza de la vida, y en manera alguna a producir disturbios, escándalos y atropellos, y si hay espíritus que conservan odios implacables, si en el espacio tenemos enemigos de otras existencias, para defendernos de sus asechanzas, tenemos nuestro criterio, nuestra razón, y obras muy bien escritas por Allan Kardec, que están al alcance de todas las inteligencias, donde se encuentran las aclaraciones necesarias para conocer quienes son los espíritus que se comunican, no precisamente por su nombre, pero sí por sus intenciones, por la índole de sus consejos.

-¿Y cuando falta el tiempo para estudiar?
-Cuando hay voluntad nunca falta: El tiempo que se emplea en asistir a la sesión, puede ocuparse en leer primero lo más esencial.
-En eso ya tiene Vd. razón.
-Y lo creo que la tenga; los médicos, los abogados, los notarios, los ingenieros, los militares, todos estudian varios años, ¿Y quiere Vd. que el Espiritismo, la relación con los seres invisibles no necesite más estudio que todas las carreras terrenales?
-Por desgracia tendré que convencerme que dice Vd. la verdad.
-No se apesadumbre por eso, que perdiendo se aprende, pero la razón natural dicta que si nos engañan nuestros parientes y amigos, con los cuales tenemos íntimo trato desde los primeros años de nuestra vida, mucho más expuestos estamos de ser engañados por aquellos que no vemos.

Sabemos que los muertos viven, porque la comunicación ultra-terrena es innegable, pero no sabemos las intenciones que abrigan respecto de nosotros, no podemos confiar en sus palabras, sino en nuestros hechos, porque ningún Espíritu nos dará más que aquello que legítimamente nos pertenezca.

Es tan perjudicial tener fe en los espíritus, como creer en la intercesión de los santos. Los primeros podrán, si nos aman, inducirnos al bien, podrán ser un elemento poderosísimo para nuestro adelanto, pero no nos pueden quitar ni un adarme del peso de nuestras culpas.

-De manera, que no tengo más remedio que leer y estudiar.
-Ante todo separarse por completo de esa médium engañadora, si se siente
predispuesto estudie, y si su Espíritu lo rechaza como tarea enojosa, olvide por completo el Espiritismo, que a pesar de ser luz esplendorosa; es tan densa la sombra de la ignorancia, que consigue a veces extender un velo de espesa niebla sobre el sol resplandeciente de la verdad; y el que como Vd. vive envuelto en tan negros crespones, un rayo de luz le ciega; para Vd. el racionalismo quizá no le dé fruto sazonado, piense únicamente en el bienestar de su familia, que es lo que más le interesa.

Se fue nuestro interlocutor y serias y dolorosas reflexiones llenaron nuestra mente, lamentando que la ignorancia haga tantas víctimas y convierta el día del infinito en tenebrosa noche.

El Espiritismo, que viene a descifrar tantos misterios y a dar solución a tantos problemas, que viene a producir tanto bien, en poder de seres ignorantes es materia explosiva que puede ocasionar la muerte, porque muerte es la desunión de la familia y el desconocimiento de la ciencia.

Terrible es la ignorancia en todos los terrenos, pero en el Espiritismo es más perniciosa su influencia, y por lo mismo los espiritistas racionalistas debemos levantar una cruzada en contra de ella.

El espiritista ignorante es fanático, supersticioso, se deja arrastrar al ridículo y es el arma poderosísima de que se vale el jesuitismo para derribar la fortaleza de las verdades reveladas; y a su trabajo de zapa tenemos que responder con nuestros incesantes consejos en favor de la instrucción.

El espiritista tiene que leer mucho las obras de Allan Kardec, primero porque contienen las principales enseñanzas; las de Flammarión, después, porque se engrandecen las aspiraciones del hombre ante la contemplación del infinito; las de Pezzani, Jacolliot y Torres-Solanot, porque demuestran la antigüedad del Espiritismo y otras muchas más que no queremos enumerar por no pecar de difusos.

No hay que decir que no se escribe en Espiritismo para todas las inteligencias, no; el sabio y el ignorante encuentran en la prensa espiritista todo el alimento que necesita su Espíritu, y debía ser obligatorio esa instrucción no admitiéndose en los centros espiritistas a ninguno que no hubiese acreditado haber estudiado los preliminares del Espiritismo; que hasta el que no sabe leer puede estudiar, pues nunca falta en ninguna agrupación, alguno que sepa leer y explique lo que lee. El que carece de instrucción es porque quiere, y lo repetiremos cien y cien veces: nada en el mundo nos causa miedo, nada; pero donde decae nuestro ánimo, donde temblamos presintiendo un gran peligro, es ante los escollos de la ignorancia.
Es necesario conocer la verdad porque sólo ella nos libertará de la ignorancia.

Artículo de: Amalia Domingo Soler 
Extraído del libro: "La Luz del Camino". (capítulo 1) 
Publicado por el grupo espírita: "Luz del Camino" de Orihuela. Alicante

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Segmento de Oración 

Queridos Hermanos hoy les pido nos unamos todos en un mismo deseo y solicitud por la Paz Mundial, elevemos nuestros pensamientos hacia el Amado Maestro Jesús y los Espíritus Superiores, solicitemos asistencia a todos los desencarnados en los atentados terroristas y en los ataques violentos en Siria, y finalmente por todas las naciones y todos los hermanos victimas de la violencia y hampa común. 

Oración por la Paz 

Padre Amado, Tu eres nuestra paz, mira nuestra tierra dañada por la violencia y dispersa por el miedo y la inseguridad. 
Consuela el dolor de quienes sufren, da acierto a las decisiones de quienes nos gobiernan. 

Toca el corazón de quienes olvidan que somos hermanos y provocan sufrimiento y muerte 
dales el don de la sabiduría. 
Protege a nuestros niños, adolescentes y jóvenes, a nuestros pueblos y comunidades. 

Que como discípulos misioneros tuyos, ciudadanos responsables, sepamos ser promotores de justicia y de paz, para que en ti, nuestro pueblo tenga vida digna. 

Jesús Maestro Amado encamina nuestros ruegos. 
Así sea...
- Lorena Dorante -
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Dios, ¿hace milagros?
  

 En cuanto a los milagros propiamente dichos, sin duda Dios puede hacerlos, visto que nada es imposible para Él. Pero ¿los hace? En otras palabras, ¿deroga las leyes que Él mismo ha establecido?
No le incumbe al hombre prejuzgar los actos de la Divinidad ni subordinarlos a la debilidad de su entendimiento. No obstante,en lo atinente a las cosas divinas, utilizamos como criterio los atributos mismos de Dios. Al poder soberano Él une la soberana sabiduría, razón por la cual debemos concluir que no hace nada inútil.
Entonces, ¿por qué haría milagros? Se dice que los hace para dar testimonio de su poder. Pero el poder de Dios, ¿no se manifiesta de una manera mucho más elocuente a través del conjunto grandioso de las obras de la Creación, por la sabia previsión que preside desde lo más gigantesco hasta lo más insignificante, y por la armonía de las leyes que rigen el universo, antes que por algunas pequeñas y pueriles derogaciones que los prestidigitadores saben imitar? ¿Qué se diría de un ingeniero mecánico que, para dar muestra de su habilidad,
desmontara un reloj construido por sus propias manos, obra maestra de la ciencia, a fin de mostrar que puede deshacer lo que ha hecho? Por el contrario, ¿su saber no se destaca mucho más mediante la regularidad y la precisión del funcionamiento de su obra?
La cuestión de los milagros propiamente dichos no incumbe, pues, al espiritismo. Con todo, si se considera que Dios no hace nada inútilmente, la doctrina espírita emite la siguiente opinión:
Dado que los milagros no son necesarios para la glorificación de Dios, nada en el universo sucede fuera del ámbito de las leyes generales.
Dios no hace milagros, porque como sus leyes son perfectas, no necesita derogarlas. Si hay hechos que no comprendemos, eso se debe a que aún nos faltan los conocimientos necesarios.
En la suposición de que Dios, por razones que no podemos precisar, haya derogado accidentalmente las leyes  que Él mismo estableció, esas leyes ya no serían inmutables. Con todo, al menos sería racional pensar que sólo Él tiene el poder de hacer semejante cosa. No sería posible admitir, salvo que se negara la omnipotencia de Dios, que el Espíritu del mal pudiera desorganizar a su antojo la obra divina para hacer prodigios capaces de seducir incluso a los elegidos, pues eso implicaría la idea de un poder similar al de Dios. Sin embargo, eso es lo que se enseña. Si Satanás tiene el poder de detener, sin que Dios lo haya autorizado, el curso de las leyes naturales, que son obra divina, significa que es más poderoso que Dios. Por consiguiente, la divinidad no sería todopoderosa; y si, como algunos pretenden, Dios delega ese poder a Satanás para inducir más fácilmente a los hombres al mal, la divinidad carecería de la soberana bondad. En ambos casos, se trata de la negación de uno de los atributos sin los cuales Dios no sería Dios.
EL GENESIS. ALLAN KARDEC

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