viernes, 5 de septiembre de 2014

Transmisión oculta del pensamiento





   Transmisión oculta del pensamiento 

    .. ¿A qué se debe que una misma idea –la de un descubrimiento, por ejemplo- se produzca en varios puntos a la vez? 

- Ya hemos dicho que en el transcurso del sueño los Espíritus se comunican mutuamente. Pues bien, cuando el cuerpo despierta, el El Libro de los Espíritus 220 
Espíritu se acuerda de lo que ha aprendido, y el hombre cree haberlo inventado. De esta manera, muchos pueden descubrir lo mismo a la vez. Cuando manifestáis que una idea “está en el aire” es una figura más exacta de lo que creéis. Cada cual contribuye a difundirla, sin sospecharlo. 
De este modo nuestro Espíritu revela muchas veces a otros Espíritus, y sin que nosotros lo sepamos, lo que era objeto de nuestras preocupaciones durante la vigilia. 
. ¿Pueden los Espíritus comunicarse si el cuerpo está del todo despierto? 

- El Espíritu no se halla encerrado en el cuerpo como en una caja. Irradia a su alrededor. De ahí que le sea posible comunicarse con otros Espíritus incluso en estado de vigilia, aun cuando haga esto más difícilmente. 
. ¿A qué se debe que con frecuencia dos personas completamente despiertas tengan al mismo tiempo la misma idea? 

- Se trata de dos Espíritus simpáticos que se comunican y ven recíprocamente su pensamiento, aun cuando el cuerpo no duerma. 
Hay entre los Espíritus que se encuentran, una comunicación de pensamientos que hace que dos personas se vean y se comprendan sin necesidad de los signos exteriores del lenguaje. Se pudiera afirmar que hablan el lenguaje de los Espíritus. 

EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS, ALLAN KARDEC.

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Un espíritu en el entierro de su cuerpo

Los Espíritus siempre nos han dicho que la separación entre el alma y el cuerpo no se efectúa instantáneamente; algunas veces comienza antes de la muerte real, durante la agonía; cuando la última pulsación se hace sentir, el desprendimiento todavía no es completo; se opera más o menos lentamente según las circunstancias, y hasta su total liberación el alma siente una turbación, una confusión que no le permite darse cuenta de su situación; se encuentra en el estado de una persona que se despierta y cuyas ideas son confusas.


Este estado nada tiene de penoso para el hombre cuya conciencia es pura; sin entender bien lo que ve, está calmo y espera sin miedo el completo despertar; al contrario, es lleno de angustias y de terror para aquel que teme el futuro.
Decimos que la duración de esa turbación es variable; es mucho menos larga en aquellos que, cuando encarnados, ya han elevado sus pensamientos y purificado su alma; dos o tres días le son suficientes, mientras que en otros es preciso a veces ocho días o más. Frecuentemente hemos asistido a ese momento solemne y siempre hemos visto lo mismo; por lo tanto, no es una teoría, sino el resultado de observaciones, ya que es el Espíritu quien habla y quien describe su propia situación. He aquí un ejemplo tanto más característico como interesante para el observador, puesto que no se trata más de un Espíritu invisible escribiendo a través de un médium, sino de un Espíritu que es visto y escuchado en presencia de su cuerpo, ya sea en la cámara mortuoria o en la iglesia durante el servicio fúnebre.



El Sr. X... acababa de tener un ataque de apoplejía; algunas horas después de su muerte, el Sr. Adrien – uno de sus amigos – se encontraba en la cámara mortuoria con la esposa del difunto; vio nítidamente a éste, en Espíritu, pasearse de un lado a otro, mirar alternativamente a su cuerpo y a las personas presentes, y después sentarse en un sillón; tenía exactamente la misma apariencia que cuando encarnado; estaba vestido de la misma manera: redingote y pantalón negros; tenía las manos en los bolsillos y un aire de preocupación.



Durante ese tiempo su mujer buscaba un papel en el escritorio; su marido la observó y dijo: Por más que busques no encontrarás nada. De ningún modo ella sospechaba de lo que ocurría, porque el Sr. X... solamente era visible para el Sr. Adrien.



Al día siguiente, durante el servicio fúnebre el Sr. Adrien vio nuevamente a su amigo, en Espíritu, rondando el ataúd, pero no tenía más la vestimenta de la víspera; estaba cubierto con una especie de ropaje. Entre ellos se entabló la siguiente conversación. De paso, señalemos que de manera alguna el Sr. Adrien es sonámbulo; que en ese momento, como en el día anterior, estaba perfectamente despierto y que el Espíritu se le aparecía como si hubiera sido uno de los asistentes al entierro.



– Preg. Dime una cosa, querido Espíritu, ¿qué sientes ahora? 
– Resp. Bien y sufrimiento.



– Preg. No te he entendido. 
– Resp. Siento que estoy viviendo mi verdadera vida, y entretanto veo a mi cuerpo aquí, en este cajón; me palpo y no me siento, y sin embargo siento que vivo, que existo; ¿soy entonces dos seres ¡Ah! Dejadme salir de esta noche; es una pesadilla.



– Preg. ¿Has de permanecer por mucho tiempo así? 
– Resp. ¡Oh! No, gracias a Dios, amigo mío; siento que pronto me despertaré; sería horrible de otro modo; tengo las ideas confusas; todo es nebuloso; pienso en la gran división que acaba de hacerse... Todavía no comprendo nada.



– Preg. ¿Qué efecto te produjo la muerte? 
– Resp. ¿La muerte? No estoy muerto, hijo mío, estás equivocado. Yo me levantaba y de repente fui sorprendido como por una nebulosidad que descendió sobre mis ojos; después me desperté, e imagínate mi extrañeza al verme, al sentirme vivo y al ver al lado, sobre la losa, a mi otro yo acostado. Mis ideas estaban confusas; anduve para restablecerme, pero no pude; vi a mi esposa llegar, velarme, lamentarse y yo me preguntaba el porqué. Yo la consolaba, le hablaba, pero ella no me respondía ni me comprendía; era esto lo que me torturaba y lo que dejaba a mi Espíritu más perturbado. Sólo tú me has hecho bien, porque me has escuchado y comprendido lo que quiero; tú me ayudas a ordenar mis ideas y me haces un gran bien; pero ¿por qué los otros no hacen lo mismo? He aquí lo que me tortura...



El cerebro está oprimido ante este dolor... Iré a verla; quizás ahora me escuche... Hasta luego, querido amigo; llámame e iré a verte... Igualmente te haré una visita, amigo... He de sorprenderte... hasta luego.



Enseguida el Sr. Adrien lo vio acercarse a su hijo que lloraba: se inclinó ante él, permaneció un momento en esta posición y partió rápidamente. Él no había sido escuchado, y sin duda pensaba haber producido un sonido; estoy persuadido – agrega el Sr. Adrien – que aquello que él decía llegaba al corazón del niño; os probaré esto. Lo he visto después: está más calmo.



Allan Kardec - Revue Spirite - Diciembre de 1858



Nota – Este relato está de acuerdo con todo lo que ya habíamos observado sobre el fenómeno de la separación del alma; con circunstancias totalmente especiales confirma esa verdad de que después de la muerte el Espíritu aún está allí presente. No cree tener delante de sí un cuerpo inerte, mientras que ve y escucha todo lo que sucede a su alrededor, penetra el pensamiento de los asistentes, y entre éstos y él no hay sino la diferencia entre la visibilidad y la invisibilidad; las lágrimas hipócritas de ávidos herederos no pueden infundirle respeto. ¡Cuántas decepciones deben los Espíritus sentir en ese momento!

- Revue Spirite-

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El Apostol Pedro nos recomienda: "No retribuyas el mal con el mal, ni la injuria por la injuria, antes bendecidlas; pues para esto fuisteis llamados". Amarguras, persecuciones, calumnias, brutalidades y desentendimientos, son viejas figuraciones que atormentan las almas de la Tierra. A fin de contribuir en la extinción de ellas, es por lo que el Señor nos llamó a sus filas.   Por tanto, no las alimentemos, de manera que les expresemos excesivo apego. Busquemos ampliar el significado del verbo soportar. Donde quiera que se encuentre, el cristiano siempre debe ser un punto de resistencia al mal, consciente de la obligación de servir con Jesús.

- ( Aportado por Antonio Lima )

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CONCIENCIA CLARA, AVANCE SEGURO
DE JOSE MANUEL FERNANDEZ

          La conciencia es el instrumento que Dios ha dispuesto en el interior del hombre para que este pueda distinguir entre el bien y el mal, entre lo acorde a la legislación divina que le permite progresar y lo que le aleja de ella empujándole al estancamiento. Para que nadie tuviera dudas, las leyes de Dios se hallan inscritas en la misma conciencia del ser humano, proporcionando a este la posibilidad de actuar de forma libre en su camino de perfeccionamiento  (artículos  621 y 630 del “Libro de los espíritus”).

         Sin embargo, como todas las herramientas puestas a nuestro servicio como el organismo o la inteligencia, es necesario cultivarlas a fin de que operen de la mejor manera posible, todo ello con miras a nuestro sempiterno avance. En otras palabras, no basta con tener un cuerpo para moverse o una mente para pensar sino que hay que cuidar del primero y entrenar a la segunda para aprovechar de este modo todos los recursos que el Creador ha puesto a nuestra disposición, ya que como todos sabemos, una vez separados del envoltorio carnal y llegada la hora de valorar nuestro paso por la dimensión física, se nos van a pedir cuentas conforme a los mecanismos que han sido puestos en nuestras manos. En este artículo, vamos a centrarnos únicamente en el adiestramiento de la conciencia, al tratarse del elemento primordial que nos va a permitir acelerar o enlentecer la marcha perenne de nuestro vehículo a través del sendero evolutivo.

         Aproximémonos a la cuestión. Cuando deseas leer un libro de tu interés, procuras buscar un buen sitio, con luz, silencio y agradable temperatura, de forma que puedas disfrutar del mismo al máximo. Tampoco en casa uno come en cualquier lugar, sino en el espacio en el que se siente más cómodo para saborear bien lo que previamente ha cocinado. Pues lo mismo debe ocurrir con el cultivo de la conciencia. Aunque estamos hablando de una acción que compete al plano psicológico o del pensamiento, lo cierto es que hay que buscar la coyuntura más conveniente a nuestra intención.

         Aunque cada individuo conoce más que nadie el instante idóneo para efectuar su propio examen (pudiendo realizarse a cualquier hora siempre y cuando las circunstancias acompañen), lo cierto es que existen dos momentos al día que podemos catalogar como ideales. Estos son: por un lado, los minutos que transcurren desde que nos hemos introducido en la cama hasta que nos dormimos y por otro, los instantes que pasan desde que nos despertamos hasta que recuperamos completamente la condición de lucidez.

 Sin duda, cualquier observador puede advertir rápidamente cómo existe un punto en común muy importante en ambos tiempos. En efecto, se trata de estados de transición tanto de la vigilia al sueño como del sueño a la vigilia. Mientras que la primera fase se conoce como estado hipnagógico, a la segunda se la denomina hipnopómpica. Lejos de abundar en tecnicismos, lo usual de estas breves etapas por las que atravesamos a diario es que el sujeto se halla en situación de semiinconsciencia, justo el factor que necesitamos para proceder con nuestro análisis. Acercándonos un poco más a la filosofía espírita, caemos en la cuenta de que nos encontramos con las condiciones ideales para tal ejercicio. ¿Por qué?

         Justo antes de dormirnos pero aun conservando un mínimo de claridad, el espíritu puede reflexionar perfectamente sobre lo sucedido durante la jornada. Es el punto apropiado de convergencia entre una conciencia que se debate entre el adiós temporal a la dimensión física y su entrada al plano espiritual. Por la mañana, recién despiertos, sucede ciertamente el fenómeno opuesto. Acabamos de salir del paraje espiritual y poco a poco, aunque no de golpe, volvemos a la franja material.

         Muchas personas no se percatan de la importancia que ambos períodos tienen para abordar dicha reflexión, aquel ejercicio que diariamente debe efectuar la conciencia para delimitar y sobre todo actualizar el estado en el que se halla. Aunque permanezcamos como almas unidas a un cuerpo a lo largo de toda la existencia, curiosamente y siguiendo el plan divino, en todas las ocasiones en las que caemos en el sueño, aflojamos los lazos de la carne. Así, nos desprendemos de los mismos a fin de ofrecerle una “tregua” al espíritu, de modo que cada noche compruebe que su “encarcelamiento” es tan solo temporal, que el organismo se constituye únicamente en un vehículo de expresión aunque necesario para nuestro desarrollo y que estamos en disposición de conectar con el otro plano y con sus habitantes todos los días de nuestra vida.

         En esos ciclos intermedios que ejercen labores de frontera entre las dos caras de la realidad, es cuando podemos cumplir con el trabajo propiamente asignado a la conciencia. Son los instantes nocturnos en los que todavía tenemos frescos los recuerdos de la jornada vivida en la “carne”, pero por otra parte, nuestra alma se asoma ya a la vista de lo inmaterial. Por la mañana, invertimos los términos de la ecuación; comienzan a brotar las primeras señales de vivencia en lo físico como la alarma del reloj que oímos, el tacto de los pies en el suelo o simplemente el agua que humedece nuestro rostro al asearnos, pero todavía el pensamiento conserva el recuerdo agradable de la libertad de movimientos que implica la etapa del sueño.

         Una vez establecidas estas consideraciones teóricas pero necesarias, vayamos a lo práctico. Veamos algunas de las preguntas más importantes que podemos hacernos durante la hipnagogia:

·        ¿Cuáles han sido los hechos más relevantes acaecidos durante el día?

·        ¿Qué parte de responsabilidad he tenido en los mismos?

·        ¿Cuál ha sido mi reacción ante esos eventos?

 ·        ¿Ha resultado mi acción conforme a los dictados de mi conciencia?

·        ¿Qué sentimientos he percibido con respecto a lo que ha ocurrido?

·        ¿Podría haber actuado de diferente forma a como he respondido?

·        ¿En qué manera ha afectado mi reacción a las personas involucradas?

·        ¿Qué aspectos cambiaría de los mismos para sentirme mejor?

·        ¿Qué aprendizaje o qué lecciones he extraído de lo ocurrido durante el día?

·        En definitiva ¿he actuado conforme a los preceptos de mi conciencia o me he dejado llevar por otros impulsos ajenos a esa voz interior que me hace distinguir lo apropiado de lo inadecuado, lo correcto de lo erróneo?

Fijémonos bien: son estos minutos hipnagógicos los más oportunos para introducir el debate sobre lo acontecido, a través de la conciencia, en el mundo onírico, el de los sueños, fiel reflejo de nuestro componente espiritual. Expresándolo de otra manera: se trata de la mejor coyuntura para traer a colación temas o ideas (como los sucedidos durante la jornada) que en breves instantes pueden ser analizados en profundidad por el alma, pero ahora separada por unas horas del aturdimiento propio que sobre ella ejerce el armazón orgánico durante la vigilia. Las diferencias entre efectuar este estudio ahora, en la penumbra del espíritu, con hacerlo en  estado plenamente consciente distan tanto como el día de la noche (nunca mejor dicho).


Vayamos ahora al otro momento: el hipnopómpico. Con los ojos todavía medio cerrados y el espíritu pendiente aún de acoplarse completamente a la estructura orgánica, es la ocasión ideal para “programar” la conciencia para toda la tarea del día que tenemos por delante. Consideremos algunas de las cuestiones que podemos realizarnos en tan esenciales momentos:

     
          ¿Cuáles son mis planes para esta jornada?

·        ¿Responden dichos planes a la buena fe de mi conciencia?

·        ¿Qué personas se van a ver afectadas por mis actos a lo largo del día?

·        En función de lo que haga ¿qué efectos se producirán sobre ellos?

·        ¿Servirá mi actuación para atraer el bien, para progresar, o por el contrario me sumirá en el                    estancamiento?

·        ¿Qué consecuencias a medio y largo plazo se derivarán de lo que yo actúe?

·        Si las condiciones que yo espero no se dan ¿qué otro tipo de intervención tengo prevista?

·        En definitiva ¿resultan mis propósitos acordes a la ley natural o me estoy dejando arrastrar por tendencias que separan en vez de unir, que persisten en el error en lugar de abogar por el avance moral?

 La trascendencia de lo que “programemos” en esos instantes es seguro que marcará el desarrollo de la jornada. Como muestra de ejemplo, pruebe el lector a introducir en su mente una simple melodía tarareada a esa hora. Os aseguro que tendréis la música en vuestra cabeza buena parte del día. La explicación es muy sencilla: en esos momentos y tras el descanso onírico, el pensamiento está en calma y receptivo. Por eso, cualquier instrucción o mensaje que introduzcamos en esa fase nos seguirá durante horas, como si fuera la huella de nuestra mano marcada sobre el barro fresco.  Ahí reside la importancia de plantar semillas de buenas intenciones al iniciarse el alba, de modo que germinen en generosas actuaciones conforme recorra el sol el horizonte. Sembremos pues designios de optimismo y recojamos frutos de ilusión.

¿Por qué no probar? Ningún efecto negativo puede derivarse del examen de la conciencia, máxime si lo hacemos en las etapas del día que se han propuesto. Es más, dicha labor se conforma como tarea fundamental en la rutina cotidiana del espírita. Sin embargo, ningún resultado se apreciará si no seguimos un orden, si no insistimos en la praxis de esta habilidad.

Recordemos las doctas palabras que dirigió André Luiz a Chico Xavier en sus comienzos: “disciplina, disciplina, disciplina”. La mejor forma de apreciar el impacto de la ley divina de causa y efecto así como la del progreso sobre nosotros mismos, es permanecer en silenciosa soledad, buscando la disposición idónea tal y como se ha mostrado y practicar aquella cualidad de la que Dios dotó con su sabiduría al ser humano: la inteligencia de su espíritu, revelada en su conciencia.

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jueves, 4 de septiembre de 2014

Inteligencia animal


LA INTELIGENCIA DE LOS ANIMALES
F. Grisot

Ciertos hombres muy cartesianos, aún impregnados de la concepción anticuada del «animal-máquina», concuerdan en sólo reconocer un instinto vulgar, en las manifestaciones de la inteligencia animal.
Esta actitud oscurantista está lejos de sorprendernos; la facultad así discutida, se debe a que no son esos hombres quienes tienen la fortuna de aparecer en plena luz, para reproducir a su entera voluntad, esas experiencias científicas.
Schopenhauer, bien ha juzgado a esos negadores, al decir que la inteligencia es rechazada en los animales, «porque los primeros la poseen en muy poco grado.»
El principio inteligente en los animales, no ha llegado a su individualización, porque se encuentra en un ciclo de evolución obligatoria, en razón de las leyes de la Naturaleza, es decir, en una constante evolución, hasta que dicho principio se individualice y se transforme en alma al llegar a la humanización o estado hominal. Fase en la cual podrá ejercer su libre albedrío para elegir entre las cosas bellas o feas, en una perpetua búsqueda, de lo mejor para sí mismo, según el grado de elevación de su propia alma.
«De esta manera, mientras que en cada hombre existe un yo distinto y conciente de sí mismo que domina nuestras acciones, el fragmento divino de cada animal no está aún individualizado», ha constatado el Dr. Raoul Montandon en su obra: Del animal al Hombre.
Este fragmento divino, es una derivación de una reserva común de inteligencia divina, denominada alma-grupo animal, que distribuye sus principios-directores para cada especie, en medio de sus múltiples ramificaciones.
Y las «conciencias» animales están sujetas ciegamente a esta ley invisible; las mismas obedecen a sus impulsos, sin buscar comprender la Esencia Divina, a la manera –salvando la debida distancia – de esos médiums simples pero llenos de fe: como Juana la pastora, cuando sus dones del Cielo la pusieron en presencia de hechos supranormales.
Como las divinidades que se ocultan en la sombra de los templos herméticos, el alma-grupo no se muestra a los ojos de los hombres, lo que hace que frecuentemente éstos estudien minuciosamente la maravillosa máquina animal, pero se olviden de buscar al misterioso conductor.
Ellos admiran de buen grado la perfección de sus mecanismos, pero solamente se contentan diciendo: ¡Qué curioso!, calificando así las manifestaciones profundas de la inteligencia universal. De esta manera, ellos no aceptan que nuestros hermanos llamados inferiores tengan ese Don Divino que la Naturaleza les ha dado desde el origen de las especies, a fin de suplir la ausencia de imaginación creadora: inteligencia inspirada y genial, en una palabra, Inteligencia Divina.
Hay en el Universo todos los inventos llamados humanos; existe todo aquello que los hombres han encontrado, y también hay todo lo que falta descubrir. La Creación no deja lagunas. «Dios tiene una cantidad infinita de facultades infinitas», ha escrito Víctor Hugo.
Si está en el destino del hombre descubrir laboriosamente todas esas cualidades del Cosmos, catalogadas con el vocablo «invento», a fin de merecer esa dicha y acelerar su evolución, los animales –al igual que las plantas – tienen la ocasión de pasar por las leyes y técnicas científicas, desde el origen de los tiempos.
En materia de arquitectura, las hormigas no son menos sorprendentes: éstas construyen las galerías subterráneas del hormiguero en medio de pilares reunidos por un arco de medio punto, cuyo conjunto han conseguido soldar con un cierto cimiento que ellas secretan.
Los modestos gusanos primitivos y todos los animales marinos, desde las grandes profundidades hasta las luces de situación multicolores, son los depositarios de la luz fría. El pez torpedo y el gimnoto aniquilan sus enemigos con una descarga eléctrica viva tan fuerte como nuestra corriente eléctrica doméstica. El menor de los peces sumergiéndose con una facilidad tan natural sin llegar al fondo, demuestra el principio del submarino.
Sus congéneres, los anablépidos de América tropical, poseen verdaderos ojos periscópicos que les permiten ver al mismo tiempo lo que sucede en el agua y en el aire. Para conducirse en el vuelo, el murciélago emite ultrasonidos que rebotan en los obstáculos a la manera de un radar. Pájaros e insectos son claramente los primeros representantes del avión y del helicóptero.
Si los hombres – Ícaros ambiciosos – tienen éxito al posar el avión, ellos no pueden rivalizar con los aterrizajes flexibles e instantáneos de las aves que no exigen ningún terreno de aviación, aterrizajes que siempre se efectúan sin accidentes.
La rapidez de todas esas maravillosas máquinas no dejan de sorprendernos, si tomamos en consideración la velocidad en función del tamaño del cuerpo que se desplaza. Sin embargo, ciertos animales, sin duda los más prosaicos, usan esas sabias técnicas para reflejar los actos más comunes de la vida humana, pero con menos problemas de su parte.
                    Trabajadoras infatigables en la colmena, las abejas depositan la
miel en los panales, los cuales son después cerrados herméticamente. Otros previdentes maestros de la casa, las hormigas, se dedican a la cría de pulgones, mientras que sus colegas, las termitas, prefieren cultivar champiñones en los jardines. 
El pez pescador es menos casero: sus gustos lo llevan a la pesca con «caña», con la cual la Naturaleza lo ha dotado, fijada sobre el dorso, siendo que en la punta de dicha caña están colgados anzuelos y cebos luminosos.
En cuanto a la jibia, da a quien quiera seguirla, lecciones de escondite; este molusco enturbia el agua con un líquido oscuro que secreta para esconderse de sus enemigos.
El arte del camuflaje evidencia además los atributos de un gran número de animales que se valen del mimetismo: mariposas multicolores que se confunden con las flores que liban; orugas que tienen el color de la hoja que devoran; serpientes verdes, al igual que el color de las lianas de donde se cuelgan; siluros con escamas móviles, algunas veces pardas y otras veces amarillentas, según el lugar donde estén: una roca o bajo la arena. Son innumerables los ejemplos de mimetismo, del cual el más popular es ciertamente el camaleón.
Otra manifestación del alma-grupo animal, que inquieta mucho a los naturalistas, es el famoso sexto sentido de las palomas mensajeras y de las aves migratorias. Guiadas por el invisible conductor, estas
últimas eligen el momento meteorológico propicio para dejar el país, cuyo clima se ha vuelto inclemente, y son orientadas sin ningún error de ruta hacia tierras lejanas más hospitalarias, efectuando así un largo viaje a través de los mares, a pesar de la ausencia de puntos de referencia «aparentes» y de los riesgos de desvío del viento.
Es necesario observar con qué fuerza imperiosa el Consejero invisible precipita a la pobre ave enjaulada –por ejemplo, una codorniz – contra las barras de su prisión, cuando ella siente que el instante ha llegado, en el cual sus hermanas se agrupan para el gran viaje.
En materia médica, los animales están igualmente lejos de ser ignorantes; intuitivamente saben prevenir y curar una enfermedad, evitándola mejor que los hombres, sobre todo cuando permanecen en su estado natural, peyorativamente llamado «salvaje».
Ciertos animales parecen peritos en esa materia, tales como la tortuga, la carpa o el buitre, que tienen el record de longevidad al alcanzar o pasar la edad de 300 años. Contrariamente a tantas intemperancias humanas, los animales nunca comen sin que tengan hambre y jamás beben sin que sientan sed.
Si la fatiga los acomete, es preciso admirar la posición de relajamiento total en que su cuerpo se armoniza para recuperar las fuerzas perdidas. Observad a ese joven perro que al sentirse descompuesto, entra en un prado y elige con seguridad la hierba que lo ha de ayudar a eliminar su molestia. Le hicimos ver personalmente a un cazador de perdices lo que hacían las mismas después de ser heridas no mortalmente: ellas cambian de plumaje –como si fuese una autocirugía – para conservar su salud; uno a uno son extirpados por su propio pico los plomos descargados por el dueño cruel de la escopeta, siendo que las heridas resultantes de esta verdadera operación se cicatrizan rápidamente, gracias al apósito formado por las propias plumas.
Antes de concluir recordamos aún otra forma, entre tantas, que la Ciencia Divina aplica en los animales: el genio organizador de las sociedades de los insectos. Naturalistas como Henri Fabre o filósofos como Maurice Maeterlinck han reunido –mejor de lo que nosotros podríamos hacer– una multitud de observaciones interesantes sobre la vida de las abejas, de las hormigas y de las termitas. Diríamos sencillamente, que la mejor referencia que pueda testimoniar a favor de esas notables sociedades, es la estabilidad de su régimen, cualidad verdaderamente poco difundida entre los numerosos modos de gobierno de los hombres.
Así considerados, nuestros pequeños hermanos – los animales – no aparecen más como simples máquinas, como pensaba Descartes, movidos solamente por el instinto, sino como verdaderos «médiums» que incorporan el Conocimiento Divino. Aquí es donde los investigadores franceses están dando los primeros pasos en la comprensión de este tema, acertando y equivocándose, los animales se encuentran siempre en el camino de la verdad primera, y es por esto que nosotros debemos no sólo amarlos como hermanos, sino también protegerlos como criaturas de Dios.

(Traducción del original francés al español por: Enrique Eliseo Baldovino. Título del artículo: L'intelligence animale).
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta

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         ¿ LA BIBLIA ESTÁ EQUIVOCADA ?
En la pregunta 59 del Libro de los Espíritus, destaca: - ¿Debe concluirse por ello que La Biblia está errada? No, pero sí que los hombres se equivocaron al interpretarla.
Así es.
Al igual que entre otras  filosofías que estudian la Biblia , existen sus discrepancias en cuanto a los traductores. Si sabemos que la traducción puede cambiar todo el sentido de una frase, ¿Como poder atribuir al libro el titulo de “palabra de Dios” si los responsables de escribirlo  fueron  hombres que la escribieron  en el pasado ?

Considerar que “Yahvé” sea “dios”, el Creador del universo seria como mínimo una equivocación, dado que esta entidad era dada a arrobos de emoción típicamente humana en el Viejo Testamento, algo inconcebible para el Creador, cuya esencia transciende nuestra diminuta capacidad de pensar.   
El Elohim bíblico, traducido como “dios” significa en verdad “dioses”.
En el mismo libro “de la Génesis ”, traduce  “yon” que significa un espacio de tempo, como día” y muchos fundamentalistas cristianos creen que realmente  el mundo fue creado en siete días de 24 horas. Una equivocación indiscutible.
Las nuevas traducciones del Enuma Elish Sumerio, escrito por lo menos tres mil años antes del Génesis hebraico, están ayudando mucho a poner luz sobre este tema.
Lo que antes parecía una leyenda acaba por tener muchos aspectos científicos reconocidos y los otros libros que componen en Pentateuco hebraico, se refieren simplemente a la historia del pueblo hebraico, y no podemos atribuir que sea el pueblo de “dios” porque si así lo fuera, tendríamos un Creador que discrimina a sus hijos por su raza y credo, cosa absolutamente despreciable, para con Aquello a lo que atribuimos  infalibilidad, justicia, belleza y sabiduría, expresada en todas sus obras.
 Pero nos quedamos en la respuesta de los espíritus que dice claramente que “  los hombres se equivocaron al interpretarla” . Un libro que fuera verdaderamente de Dios, debería producir unión, fraternidad, entendimiento… ¿Y es eso  lo que vemos?; No.  Las distintas filosofías y religiones inponen su interpretación como  la verdadera, la mas correcta, e intentan por la fuerza, a lo largo de la historia, someter a todos bajo sus puntos de vista y aprovechar  la Biblia para justificar sus ambiciones de dominación sobre otros pueblos.
Por equivocación, (de unos por inocencia y otros por puro oportunismo) , la Biblia que sería tan útil para el desarrollo moral de la humanidad, acaba por ser instrumento de la muerte y del exterminio de muchos pueblos.
Cumpliendo la promesa de Jesús, vino el Consolador prometido, los Espíritus desencarnados de hombres que pasaron por la Tierra dotados de gran sabiduría, retratada en sus vidas y sus hechos, que  vienen a poner un punto final en la interpretación, enseñando de forma practica y directa, la aplicación de conocimientos que componen la Biblia ,en especial al pasaje de Jesús sobre la Tierra , señalándolo  como el mayor ejemplo jamás visto y colocando sus enseñanzas al alcance de todos, desmitificando y aclarando lo que todavía era motivo de controversias y dejando claro y definido que la muerte no existe, que en todo universo todo es vida. Hoy, nuestra hermana, la Ciencia , nos permite ver el verdadero libro de Dios en todo el universo, de la potencias de las galaxias al interior de los átomos que todo lo componen, la presencia de “Dios” y su sabiduría calla a los materialistas y asombra a los fanáticos de todas las denominaciones que querían encerrar a Dios en las paginas de un libro o en lo mezquino  de sus interpretaciones.
En suma, con la Biblia al respecto, así como  debe ser con  el Mahabaratha indiano, el Alcorán, al PolpoVuhl maya y a todos los libros que retratan la vivencia de distintos pueblos e interpretaciones, la interpretación mas adecuada a todos estos libros es la que lleva al entendimiento y la fraternidad.
Aceptar la Biblia como siendo  la palabra de Dios, el “Dios de Israel” como muchos atribuyen, pura y simplemente, significa que o bien no la leyeron y no la entendieron o que  están evolutivamente próximos a un  “dios” tribal, carnicero y racista.
Fraternalmente: Cassio
Adaptación de Jose Luis Martín
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El suicídio de Robin Williams...

El suicidio del actor Robin Williams es la muestra de ese flagelo que se llama suicidio. Es un asunto grave, serio y que infelizmente no es trivial. El número de personas que exterminan la propia vida todos los días en nuestro planeta, es inmensurable. Si, inmensurable porque no se tienen todos los registros de personas que dimiten de la vida, por lo que los datos son escamoteados.

Y para ayudar, los medios de comunicación y la sociedad tratan de esconder el tema debajo del tapete, en vez de abordar con la seriedad debida, ocultando  estinaciones para vivir en un mundo de ilusiones...  Creen que hablar sobre el suicidio generará suicidios en masa. Entretanto consideremos que hay formas de abordar el tema. Y la información sobre alguna cosa que abrirá los ojos de las personas para saber en donde están pisando. Por tanto es innecesario hablar sobre suicidio mostrando como las personas se autoexterminan, haciendo sensacionalismo, pero es fundamental hablar sobre como superar los dilemas existenciales reales a causa del suicidio. Jesús advirtió: "En el mundo tendreis aflicciones".  Debemos entender que la vida en la Tierra tiene sus altos y bajos, días que son noches lluviosas y densas. Son las aflicciones a que Jesús se refirió. No solo de alegrías se hace nuestra existencia y saber eso ya es un buen camino prerecorrido para no desesperarse ante los problemas.

Enfermedad, dinero corto,o el amor que nos abandonó, o el familiar que partió, etc. Todas esas cuestiones citadas son parte de nuestro rol de pruebas en este mundo. ¿Qué hacer?, ¿Desistir?, ¿Suicidarse?. ¡ Eso jamás !.  Mejor prepararse y aprender a ser infeliz.  Si , querido lector, entienda que cuando digo aprender a ser infeliz, estoy hablando sobre  entrenarse para vivir en este mundo lleno de curvas sinuosas.

Me caigo, me levanto. Tomo otra caída, pero poco a poco estoy más hábil y sigo aprendiendo, y así vamos viviendo....

El esdpiritismo en ese particular, desempeña un papel fundamental al mostrar que continuamos viviendo a pesar de los pesares, de los problemas y de las dificultades. Se extingue el cuerpo, pero queda el espíritu, ahoora en situación más complicada por su gesto de desespero.

Recuerdo a un amigo orador espírita, que fue inducido a modificar su palestra de la noche en que la realizaría en un  determinado centro de nuestro país. La tarde entera estuvo la palabra suicidio rondando su mente. Él no quería cambiar el tema, pero la voz insistía como un eco en su alma. Finalmente, de tanto como los espíritus "cuchichearon" en sus oídos, él resolvió cambiar aquella noche la programación y hablar sobre suicidio. Cual no fué su sorpresa cuando una mujer le abordó al final de su exposición, diciendo que , desesperada se dirigía a un puente para tirarse, cuando tuvo la enorme voluntad de entrar en el centro espírita. Para espanto de la mujer, el orador hablaba sobre suicidio. Ella nunca había escuchado nada parecido. Las informaciones transmitidas por el orador despertaron en la mujer la "voluntad de proseguir". Hasta entonces él no había comprendido la razón por la cual pasó todo el día con "alguien " soplando en sus oídos para cambiar el tema de la noche. Gracias a sus informaciones aquella mujer no llevo a término su objetivo. Siglos de tormento evitados a cuenta de una simple, pero preciosa información. La vida no acaba con la muerte del cuerpo.

Otro punto para reflexionar es la presión social que recibimos para ser felices. ¡ Ah, cuanta confusión causa esto en la cabeza de las personas!.

Se compraría la felicidad a cualquier precio, pero no se enseña como afrontar las frustraciones tan comunes de un planeta en desarrollo como el nuestro.

 El resultado está ahí para que todos constaten, una sociedad infeliz por la busca insana e irracional de la felicidad. Parece una paradoja, pero no lo es. El camino para "exterminar el suicidio" no es esconder dados, dejar de hablar o pepdir para que las personas sean felices por la fuerza... Encarar de frente es el camino. Pienso que solo así dejaremos de ver todos los días noticias tristes al mostrar que alguien no consiguió soportar sus pruebas y desistió de sí mismo. Puedo decir que es mucho mejor un "infeliz" vivo, que alguien que buscó liberarse de sus problemas pero está muerto.

Medios y sociedad pueden hacer mucho para ayudar en este flagelo denominado suicidio. Basta encarar de frente, informar a las personas y mostrar que aquí tenemos, sí, problemas y estos sirven para ser resueltos. Una buena dosis de realidad va a colaborar con el mundo. ¿Qué tal ?

Red amigo espírita-     Traducción y adaptación e Jose Luis Martín-

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La amistad que se puede concluir, nunca fue verdadera.  
- San Jerónimo -






lunes, 1 de septiembre de 2014

Psicografía: Delante de la obsesión



 
Psicografía: Delante de la obsesión


"Dos cosas esenciales tenemos que hacer en este caso; probar al espíritu que no somos sus juguetes y que le es imposible engañarnos; en segundo lugar, probar su paciencia mostrándonos más pacientes que él; convencido de perder su tiempo; acabará por retirarse, como lo hacen los inoportunos a los cuales no prestamos oídos." (Segunda Parte, cap. XXIII, item 249)* 

Tomar conciencia del asedio espiritual de carácter negativo es, sin duda, para el médium, de importancia fundamental en la vuelta del equilibrio, porque el médium que ignora o no admite que pueda sufrir influencias perniciosas casi estará, por eso mismo, bajo su acción, dificultando la benéfica intervención de los que se disponen a auxiliarlo.

Cuando el médium, inspirado por la humildad, reconoce su vulnerabilidad a los espíritus obsesores, él, modificando el propio tono mental, comienza a liberarse de su influencia, a semejanza de alguien que, después de largo tiempo de esclavitud, decide tomar la iniciativa de sacudir el yugo opresor. 

Por su condición espiritual, los espíritus perseguidores desean resultados inmediatos en sus planes y, así impacientes, abandonan las víctimas sobre las cuales no los consiguen concretar. 

El médium que persevere en la resistencia al mal, por la vivencia en el bien, acabará por adoctrinar a los propios obsesores, convenciéndolos de la sinceridad de sus nuevos propósitos y, temerosos de, al contrario de influenciar, terminaran influenciados por los ejemplos positivos que se le hacen constantemente, los espíritus desajustados, aunque a disgusto, se distancian de la presencia de aquellos a quien intentan perjudicar. 

Después de obtener lo que desean, junto a ellas, es común que las entidades obsesoras dejen las víctimas entregadas a las consecuencias infelices de sus tramas, amargándoles las secuelas espirituales en los sanatorios y en las penitenciarias, en el calabozo voluntario de los cuartos oscuros y en las cloacas del vicio… 

¡Por tanto, la obsesión más temible no es aquella que ya se consumó, y sí la que está en vías de consumarse! ¡El obsesado que nos solicita cuidados improrrogables no es aquel sobre el cual la obsesión ya se declaró de manera inequívoca, y sí aquel que presentimos en vísperas de grandes desastres morales! 

El médium interesado en proseguir en la tarea de la mediumnidad necesita ser firme en sus convicciones, no rechazando el cumplimiento del deber, que le garantiza equilibrio "para el gasto diario"… 

Sin asiduidad al servicio mediúmnico, a través de su tiempo ocioso, el médium posibilitará a los obsesores brechas en su vigilancia, permitiéndoles minar su resistencia psíquica, hasta que le sea comprometida por completo su integridad. 

La disciplina moral e intelectual es factor imprescindible a la sintonía continua que el médium necesita establecer con los Espíritus Amigos, huyendo a las indeseables interferencias en su "canal de transmisión"… 

Está claro que la condición mediúmnica ideal aun está lejos de ser alcanzada por los médiums del mundo, aunque no seamos perfectos, no podemos ignorar que somos criaturas perfectibles, o sea, necesitamos aplicarnos al constante perfeccionamiento de nuestras facultades sensitivas; esto ocurrirá por una concienciació n cada vez mayor y más clara de lo que pretendemos de nosotros, ¡delante de la Vida! 

Cuando los obsesores desisten de asediar a los médiums que les "agotan la paciencia", reconociendo la fragilidad de sus intenciones, naturalmente se predisponen a seguir otros caminos, acatando las sugestiones de los Instructores Espirituales que, entonces, a ellos consiguen aproximarse con mayor provecho. ¡Por esto volvemos a afirmar que la adoctrinación de cualquier obsesor sin el concurso del obsesado es prácticamente imposible! 

Quien se reconoce en flagrante estado obsesivo – esté o no en el ejercicio consciente de la mediumnidad – deberá apegarse a labores espirituales, trabajando, cuanto más perturbado se sienta, no cediendo treguas a las ideas pesimistas que ceden "carroña" a los pensamientos enfermos de los espíritus obsesores. 

Si, a veces, el replanteamiento de las tareas del médium obsesado se hiciera necesario, será siempre indispensable que él prosiga transpirando en las actividades del bien, sin que se considere incapacitado para ejecutarlas dentro de las limitaciones que presente. 

Apartar al médium del grupo espírita, bajo el pretexto de que él se encuentra fuertemente influenciado por los espíritus sufridores, sería como apartar al enfermo del hospital, negándole el tratamiento adecuado. 

Delante de la obsesión, no nos entreguemos a la desesperación, originado por la ignorancia de cuantos tantean la realidad sin que puedan verla. Aprendamos a lidiar con ella, manteniendo la seriedad y la serenidad necesaria. ¡Entonces, aquello que nos parezca un gigantesco problema se reducirá a sus reales dimensiones! 
- Juan Carlos Mariani -
Extracción del libro "Mediumnidad y Obsesión" 
Espíritu: Odilon Fernandes 
Médium: Carlos A. Bacelli



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ANALIZANDO E INVESTIGANDO

Cada Espíritu es un mundo y gravita en torno de otros mundos que le son afines; nosotros conocemos de cada uno, apenas algunos detalles insignificantes en el cómputo general de cada individualidad.
Todo guarda una enseñanza, incluso las cosas peores y, por eso, nuestros ojos deben mirar para aprender. Quien conoce el olor del estiércol del corral, sabe dar mayor valor al perfume del jardín, aunque no  deje de ir al corral donde precisa coger la leche  que sirve a la mesa, ni deje  de  ir al jardín porque las flores no alimentan. Tenemos en la vida duras realidades y tiernas bellezas, necesidades y placeres y debemos transitar entre ellas con el mismo espíritu  de elevación, conscientes de que, por muchos siglos aun, nos serán inseparables.
El hombre para discernir precisa conocer lo cierto y lo errado, precisa conocer el lado bueno  y el lado malo de las cosas, precisa, en fin, conocer la vida, porque es la vida  que contiene  cosas buenas  y cosas consideradas malas. Lo que no precisa y no debe, es vivir el lado malo de las cosas, porque es eso lo que lo contamina  y le pierde.
Llegará un día, en la faz de la Tierra, en que las ciencias del Espíritu  catalogaran como enfermedades el orgullo y el egoísmo, la vanidad y la ambición y el orden social les obligará a severo tratamiento, una vez que son fuentes permanentes del  mal y de la intranquilidad que reinan en el globo. El hombre que rebasa los límites de la normalidad, camina hacia la locura declarada, y es una fuente generadora de desequilibrio, en potencial.
El mal del mundo nace en el corazón del hombre egoísta y orgulloso, que no sabe perdonar, ceder u obedecer, comprender y ayudar, guardando las debidas  proporciones de sí mismo como frágil criatura, necesitada de todo y de todos.
Lo malo es que la Humanidad sabe eso hace milenios y continúa siendo la misma. El mensaje de Jesús no tuvo otro sentido sino el de convocar a los hombres hacia la humildad y la caridad, a fin de que pudiesen amarse los unos a los otros. El Maestro incitó a los buenos a tolerar y ayudar a los débiles, para que las pruebas de los hombres se abreviasen  con la extinción del mal sobre la Tierra.
¿Y qué es lo que hicimos hasta ahora? Estamos lejos muy lejos del Paraíso terrestre para cuando los tiempos sean llegados.
Los actos humanos deben ser juzgados por la intención que los motiva, no por los efectos que puedan llegar a tener, por fuerza de las cosas. El mal se elimina a si mismo, sin que nadie  se erija  en justificador. Va creando gérmenes de la propia destrucción, hasta que no puede contenerlos más. Cada uno responde por sus actos, a pesar de que el mal que genere, pueda resultar beneficios para centenares de personas. La vida es una escuela en que contra más se vive, más se aprende. No podemos responsabilizarnos por lo que los otros hacen más allá de los límites de nuestras decisiones, cada hombre siembra, con sus pensamientos y actos  siendo la cosecha fruto del tiempo y de la vida.
Es te mundo no está a la deriva, ni la propia Naturaleza está abandonada: cuando sus fuerzas naturales llegan a un punto de desequilibrio, ella se autocorrige.
La felicidad no es tener poder, ni vagabundear, ni gozar los placeres de este mundo: La felicidad es tener la conciencia tranquila por el deber cumplido con amor. Solo el amor importa mientras el more en nuestros corazones, ni dolores ni tinieblas perturbaran nuestra paz, porque  el es caritativo y perdona, ayuda, soporta, comprende y por encima de todo, nos hace cada vez mejores ante la vida y ante Dios.
Ninguna comunidad puede progresar y vivir en paz cuando las personas  que la componen no se respetan mutuamente. Cuando se vive feliz y con respeto, la vergüenza nos ayuda  a no violar las reglas de la comunidad. Todo ser humano  debe observar rigurosamente el deber y la disciplina, el respeto y la solidaridad. Cualquier función que realicemos  hagámosla con amor y aremos brotar de ella nuestro reconocimiento. Debemos respetar las reglas, cumpliéndolas con ese amor  y con toda nuestra responsabilidad como hijos de Dios.
 Cuando consigamos vencer todos los escrúpulos y perjuicios y nos abracemos con amor, encontraremos  al fin del sendero nuestros corazones modificados, pues el amor genera amor y cubre la multitud de nuestros pecados. Cuando el hombre en la Tierra conozca el verdadero potencial  de una vibración de amor, de un gesto de fraternidad, de una palabra de consuelo y de perdón, movilizará esa energía, que está dentro de si mismo, para transformarse a si mismo y el mundo que lo rodea  pues el amor es la única semilla que produce eternamente.
El amor, el respeto la verdadera fraternidad es la única cosa de valor en este mundo porque nunca mueren y siempre aumentan nuestras riquezas espirituales, nuestra felicidad todo en la vida tiene su razón de ser y cuando podamos penetrar  en los recuerdos  de nuestro propio  pasado, encontraremos muchas explicaciones para las cosas aparentemente inexplicables.
Nuestras vidas están entrelazadas. Convivimos en la vida con mucha gente, tenemos muchos lazos afectivos, y cada lazo afectivo tiene su historia, buena o mala, porque  los sentimientos  se estructuran en los siglos. Amor y odio, solo en los cuentos  de fantasía nacen a primera vista. Ellos nacen  y se fortalecen o se rompen en el transcurso de los siglos. Convivimos con acreedores y deudores del pasado, teniendo que pagar  y recibir  de los que comparten  con nosotros la existencia. Por esa razón,  quien sabe amar siempre, dando y perdonando va resolviendo todos sus problemas Karmico dentro de la mayor naturalidad, al mismo  tiempo que va facilitando, a los que le deben, saldar sus deudas con menores humillaciones y mayores alegrías.
Todos debemos aprender a aceptar las cosas que nos llegan y contra las cuales somos impotentes. El hombre negligente y que se entrega a la indisciplina mental, es foco permanente de complicaciones. Es muy difícil que nos ajustemos al deber y a la disciplina, los dos imperativos, mayores para garantizarnos la tranquilidad del Espíritu.
El amor no es flor pasajera que la primavera pone encanto; es como el carbón de la tierra que precisa de siglos para transformarse en joya. De la misma forma, la gestación del odio es larga y se funda en realidad del ayer.
Todo el Universo obedece a leyes precisas e inmutables, y no es el destino de los hombres las criaturas superiores de la tierra, los  que están a merced de las fuerzas del acaso. Todo viene y va, en la vida, a su tiempo. Debemos aprender a aceptar las cosas como contingencias necesarias, incluso cuando no podemos entenderlas, confiando en el Conductor Celeste que no está distante de ellas.
Todos sabemos qué sin el Sol la vida fenecería y bendecimos su presencia vivificante en el Universo, sin por eso conocer su intimidad e indagarle los secretos. Sabemos, también, como saben los propios salvajes, que existe un Ente Superior que todo lo creó y a todo prevé, que como incomparable Maestro rige la armonía de la vida Universal, sin por eso haberle visto, imaginándole de mil formas. Son certezas que no discutimos y  que nos sustentan el ánimo, aunque no podamos  entenderlas en su plenitud. Mientras somos ignorantes, esa fuerza interior  deberá animar nuestro raciocinio, a medida que evolucionamos vamos entendiéndola, sustituyendo nuestro impulso místico por el conocimiento  de las causas y de los fenómenos. El hombre teje por si mismo  su propio futuro, preparando su propio camino, el contenido del mañana  es la evolución constante. Las escenas de hoy continúan una historia pasada.
Procuremos solucionar hoy los problemas que trajimos del ayer, creando un futuro mejor a nuestro atribulado espíritu, sondeando en el interior descubriremos las negligencias del ayer que impetuosamente quieren reaparecer, pero si estamos atentos y vigilantes, nos las dejaremos surgir hasta que estemos debidamente preparados para salir de ellas airosos, no creando así nuevos emprendimientos de rectificación que nos llevaría mucho tiempo y que retardaría nuestra redención, nuestra libertad.
Merchita


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