miércoles, 28 de septiembre de 2016

El don de curar




      CALAMIDADES DESTRUCTORAS

737 – ¿Con qué objeto castiga Dios a la Humanidad con calamidades destructoras?

– Para hacerla adelantar con más rapidez. ¿No hemos dicho que la destrucción es necesaria para la regeneración moral de los Espíritus, que adquieren en cada nueva existencia un nuevo grado de perfección? Es preciso ver el fin para apreciarle los resultados.
Vosotros no los juzgáis más que desde vuestro punto de vista personal, y los llamáis calamidades a consecuencia del perjuicio que os ocasionan; pero estos trastornos son necesarios a veces para hacer que se establezca más prontamente un orden de cosas mejor, y en algunos años lo que hubiese exigido muchos siglos. (744).

738 – ¿No podría emplear Dios otros medios que las calamidades destructoras para el mejoramiento de la Humanidad?
– Sí, y los emplea cada día, puesto que ha dado a cada uno los medios de progresar con el conocimiento del bien y del mal. El hombre es quien no los aprovecha, y es preciso castigarle en su orgullo y hacerle sentir su debilidad.
– Pero en esas calamidades sucumbe lo mismo el hombre de bien que el perverso, ¿es esto justo?
– Durante la vida, el hombre lo relaciona todo con su cuerpo; pero, después de la muerte, piensa de otra forma y como ya dijimos: la vida del cuerpo es poca cosa. Un siglo de vuestro mundo es un relámpago en la eternidad. Por tanto, los sufrimientos que llamáis de algunos meses o de algunos días no son nada, apenas una enseñanza
para vosotros que os servirá en el futuro. Los Espíritus, he aquí el mundo real, preexistentes y sobrevivientes a todo (85), son los hijos de Dios y el objeto de toda su solicitud; los cuerpos no son más que los trajes con que aquellos aparecen en el mundo. En las grandes calamidades que diezman a los hombres, ocurre como a un ejército que durante la guerra, ve sus vestidos gastados, rotos o perdidos. El general cuida más de sus soldados que de sus vestidos.
– Pero las víctimas de esas calamidades, ¿no dejan de ser víctimas?
– Si se considera la vida por lo que es y lo poco que es con relación al infinito, se atribuiría menos importancia a ello. Esas víctimas hallarán en alguna otra existencia la completa compensación de sus sufrimientos, si saben soportarlos sin murmurar.
Que llegue la muerte a consecuencia de una calamidad o por una causa ordinaria, no se puede escapar de ella cuando suena la hora de la partida: la única diferencia es que con eso, en el primer caso, parte a la vez un mayor número.
Si pudiésemos elevarnos con el pensamiento, de modo, que dominásemos la Humanidad y la abrazásemos en su conjunto, esas terribles calamidades no nos parecerían más que tempestades pasajeras en el destino del mundo.

739 – ¿Las calamidades destructoras tienen una utilidad, bajo el punto de vista físico, a pesar de los males que ocasionan?
– Sí; pues a veces cambian el estado de una comarca; pero el bien que de ellas resulta no es apreciado con frecuencia más que por las generaciones futuras.

740 – ¿No serán igualmente las calamidades pruebas morales para el hombre que lo someten a las más duras necesidades?
– Las calamidades son pruebas que proporcionan al hombre la ocasión de ejercer su inteligencia, de probar su paciencia y resignación a la voluntad de Dios, y lo orientan para demostrar sus sentimientos de abnegación, de desinterés y de amor al prójimo, si no está dominado por el egoísmo.

741 – ¿Es dado al hombre conjurar las calamidades que lo afligen?
– Por una parte, sí; pero no como generalmente se piensa.
Muchas calamidades son consecuencia de su imprevisión, y a medida que adquiere conocimientos y experiencia, puede conjurarlos, es decir, prevenirlos, si sabe buscar sus causas. Pero entre los males que afligen a la Humanidad, los hay generales que pertenecen a los designios de la Providencia, y cuyas repercusiones afectan más o menos a todos los individuos. A esto el hombre no puede oponer más que resignación a la voluntad de Dios, pero con frecuencia, aun estos mismos males son agravados por su negligencia.

Entre las calamidades destructoras, naturales e independientes del hombre,deben colocarse, en primer término, la peste, el hambre, las inundaciones, las intemperies fatales a la producción de la tierra. Pero en la ciencia, en los trabajos del arte, en el perfeccionamiento de la agricultura, en las amelgas y regadíos, y en el estudio de las condiciones higiénicas, ¿no ha encontrado el hombre los medios de neutralizar, o por lo menos de atenuar muchos desastres? Ciertas regiones en otros tiempos asoladas por terribles calamidades, ¿no están
preservadas hoy? Por tanto, ¿qué no hará el hombre por su bienestar material cuando sepa aprovechar todos los recursos de su inteligencia y cuando a los cuidados de su conservación personal sepa unir el sentimiento de una verdadera caridad para con sus semejantes?

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS. ALLAN KARDEC.

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La suerte del cristiano tiene otro nombre  : 

Bendición.  ella mora en nosotros cuando nuestra 

voluntad consiste en hacer la voluntad de Dios.


Paulo Barbosa


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                       DON DE CURAR.
Dad gratuitamente lo que recibís gratuitamente.
Sanad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, lanzad demonios; "graciosamente recibísteis, dad graciosamente". (San Mateo, cap. X, v. 8).
2. "Dad gratuitamente lo que habéis recibido gratuitamente"; dijo Jesús a sus
discípulos; por este precepto prescribe que no se haga pagar lo que uno mismo no ha
pagado, y lo que ellos habían recibido gratuitamente era la facultad de curar a los
enfermos y echar a los demonios, es decir, a los malos espíritus; este don se les dió
gratuitamente por Dios para el alivio de los que sufren y para ayudar a la propagación
de la fe, diciéndoles que no hicieran con él ningún negocio, ni un objeto de especulación, ni un medio de vivir.
EL EVANGELIO SEGÚN EL ESPIRITISMO. ALLAN KARDEC.
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  De los médiums 

159. Toda persona que siente en cualquier grado la influencia de los Espíritus, es por esto mismo médium. Esta facultad es inherente al hombre, y por consecuencia no es privilegio exclusivo; así es que hay pocos entre los que nos se encuentren algunos rudimentos. 
Se puede, pues, decir, que casi todos son médiums. Sin embargo, en el uso, esta calificación sólo se aplica a aquellos cuya facultad mediúmnica está claramente caracterizada y se conoce por los efectos patentes de cierta intensidad, lo que depende de una organización más o menos sensitiva. 
También debemos notar que esta facultad, no se revela en todos de la misma manera; los médiums tienen generalmente, una aptitud especial para tal o cual orden de fenómenos, y en esto consiste que se hagan tantas variedades, como hay clases de manifestaciones. 
Las principales son: Los médiums de efectos físicos, los médiums sensitivos o impresionables, auditivos, parlantes, videntes, sonámbulos, curanderos, pneumatógrafos, escribientes o psicógrafos. 

Allan Kardec 
Extraído del libro “El libro de los médiums”

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      ¿ QUÉ  DIRÍA CRISTO SI HUBIESE ESTADO EN ESTA ÉPOCA ?

No obstante, si bien algunas de las palabras de Cristo se presentan cubiertas por el velo de la alegoría, en lo que respecta a la regla de conducta, a las relaciones entre los individuos, a los principios morales que Él estableció como condición expresa para la salvación, sus enseñanzas son claras, explícitas y sin ambigüedad.

¿Qué han hecho de sus máximas de caridad, de amor y de tolerancia, así como de las recomendaciones que hizo a sus apóstoles para que convirtiesen a los hombres mediante la persuasión y la mansedumbre? ¿Qué han hecho de la sencillez, de la humildad, del desinterés y de todas las virtudes que Él ejemplificó? En su nombre, los hombres se anatematizaron y se maldijeron recíprocamente;se estrangularon en nombre de Aquel que dijo: Todos los hombres son hermanos. Del Dios infinitamente justo, bueno y misericordioso al que Él reveló, hicieron un Dios celoso, cruel, vengativo y parcial; en nombre de aquel Dios de paz y verdad se realizaron sacrificios de miles de víctimas en las hogueras, con
torturas y persecuciones en una cantidad mucho mayor a la que en todas las épocas sacrificaron los paganos a sus falsos dioses; se vendieron las oraciones y las gracias del Cielo en nombre de Aquel que expulsó a los mercaderes del Templo y dijo a sus discípulos:
Dad de gracia lo que de gracia recibisteis.

¿Qué diría Cristo si viviese actualmente entre nosotros? ¿Si viese a sus representantes ambicionando honores, riquezas, poder, y el fausto de los príncipes del mundo, en tanto que Él, rey más legítimo que todos los reyes de la Tierra, hizo su entrada en Jerusalén
montado en un asno? Sin duda tendría derecho a decirles: “¿Qué habéis hecho de mis enseñanzas, vosotros que incensáis al becerro de oro, que pronunciáis la mayor parte de vuestras plegarias a favor de los ricos, y reserváis una parte insignificante para los pobres,
a pesar de que yo os he dicho: Los primeros serán los últimos y los últimos serán los primeros en el reino de los Cielos?” No obstante, si Él no se encuentra entre nosotros carnalmente, está en Espíritu y, como el señor de la parábola, vendrá a pedir cuentas a sus viñadores cuando llegue el momento de la cosecha.

EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS 
ALLAN KARDEC.

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                          Curaciones
                                 Pérdida de sangre

10. “Entonces, una mujer que desde hacía doce años padecía flujo de sangre; y que había padecido mucho en manos de los médicos y había gastado todos sus bienes sin que hubiera conseguido ningún alivio, sino que estaba peor, habiendo oído hablar de Jesús, se acercó entre la multitud por detrás de Él y tocó sus vestidos. Pues decía: ‘Si logro al menos tocar sus vestidos, quedaré curada’.
En ese mismo instante, el flujo de sangre se secó y sintió en su cuerpo que estaba curada de aquella enfermedad.
”Luego, Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que de él había salido, se volvió en medio de la multitud y dijo: ‘¿Quién tocó mis vestidos?’ Sus discípulos le dijeron: ‘¿Ves que la multitud te oprime por todos lados y preguntas quién te tocó?’ Pero Él miraba alrededor suyo para descubrir a la que lo había tocado.
”Pero la mujer, que sabía lo que le había sucedido, se acercó llena de miedo y pavor, se postró ante Jesús y le contó toda la verdad. Y Jesús le dijo: ‘Hija mía, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad.” (San Marcos, 5:25 a 34.)*


11. Estas palabras: conociendo en sí mismo la virtud que de él
había salido, son significativas. Expresan el movimiento fluídico
que se había operado desde Jesús en dirección a la enferma; ambos
habían experimentado la acción que acababa de producirse. Es de
destacar que el efecto no fue provocado por ningún acto de la voluntad
de Jesús; no hubo magnetización, ni imposición de las manos.
Bastó la irradiación fluídica normal para realizar la curación.
Pero ¿por qué esa irradiación se dirigió hacia aquella mujer
y no hacia otras personas, puesto que Jesús no pensaba en ella y
estaba rodeado por una multitud?

La razón es muy simple. Considerado como materia terapéutica,
el fluido debe alcanzar el desorden orgánico, a fin de repararlo;
puede entonces ser dirigido sobre el mal por la voluntad
del curador, o atraído por el deseo ardiente, por la confianza, en
suma, por la fe del enfermo. En relación con la corriente fluídica,
el curador actúa como una bomba impelente, y el enfermo como
una bomba aspirante. A veces es necesaria la simultaneidad de las
dos acciones; en otras, basta con una sola. El segundo caso fue el
que ocurrió en el hecho que tratamos.
Así pues, Jesús tenía razón para decir: Tu fe te ha salvado.
Se comprende que la fe a la que Él se refería no es una virtud
mística, como la entienden muchas personas, sino una verdadera
fuerza atractiva, de modo que aquel que no la posee opone a
la corriente fluídica una fuerza repulsiva o, como mínimo, que
paraliza la acción. Según eso, fácil es comprender que si se presentan
al curador dos enfermos con la misma enfermedad, uno
puede ser curado y otro no. Este es uno de los principios más
importantes de la mediumnidad curadora, que explica ciertas
anomalías aparentes e indica que tienen una causa muy natural.

EL GENESIS
ALLAN KARDEC
Luz progreso y paz


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martes, 27 de septiembre de 2016

Relaciones de ultratumba



   ENFERMOS Y MEDIUMNIDAD
Toda enfermedad tiene raíces en el alma,por éste principio general no estamos,desde luego,autorizados a decir que la mediumnidad sea el remedio para todos los males físicos,conteniendo en si la propiedad de sanar todas las dolencias de la criatura humana.
En el equilibrio espiritual que está confiado el trabajo de asegurarnos,en futuro remoto,la reencarnación en cuerpos relativamente,perfeccionados,sin las llagas comunes a los de hoy.
El desarrollo mediúmnico no deberá ser recomendado,pues,como fuga a dolencias conocidas o desconocidas de la ciencia oficial de nuestros días.Correremos el riesgo de agravar males en vías de instalarse o desarrollarse,tornándolos a veces irreversibles,si encaminamos a todos los enfermos que nos buscan a un estado de florecimiento mediúmnico indiscriminado.
Habrá casos de enfermos que son médiums,y algunos hasta con dolencias infecto-contagiosas.
El buen sentido nos impele a coincidir con el Espíritu de André Luiz ,en Conducta Espírita,en la afirmación de que:un enfermo médium es un médiun-enfermo o sea,es un médium que precisa cuidar por su reajuste psico-orgánico,antes de intentar el intercambio mediúmnico.Le cabe,de ésta forma,atender al tratamiento médico a que se somete y sustentar el aprendizaje del Cristianismo Redivivo.No ejercitará su sentido mediúmnico en tanto no se recupere parcialmente de sus males físicos,salvo si estuviera internado en sanatorios o locales a donde mantengan contacto con hermanos que atraviesan las mismas experiencias dolorosas.
Es por amor al enfermo que no le crearemos obligaciones que por el momento se siente imposibilitado de cumplir,en vista de sus deficiencias orgánicas.Su estado anormal lo sensibiliza extremadamente,tornándolo vulnerable a las influencias viciosas de Espíritus enredados en el mal,cuando asiste a sesiones mediúmnicas.Y si insistimos en mantenerlo en tareas o en recinto
inadecuado a su estado orgánico,estaremos asumiendo un límite de corresponsabilidad por el agravamiento de sus problemas.
Es un programa de trabajo y definición de responsabilidad que tenemos a nuestro frente y que nos pide el máximo equilibrio psico-orgánico para rendir lo mejor en favor de nuestro prójimo.
DESARROLLO MEDIÚMNICO:ROQUE JACINTO
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                        LA ESENCIA 

Era un apacible día luminoso, de esos que se suceden en la India. Estaban paseando por el bosque un abuelo y su nieto. El niño gozaba del espíritu del buscador, de aquél que quiere hallar respuestas a los grandes misterios de la existencia. 
De repente, dijo: 
– Abuelo, ¿qué sucede cuando el cuerpo muere? 
La voz cansada pero cariñosa del abuelo, dijo: 
– Mi querido nieto, el cuerpo muere, pero el ser (sí-mismo) nunca muere. Él está en tí y en mí y en todos los seres, pero es también el ser de todo el universo. Es la esencia sutil que todo lo anima. 
– Abuelo, perdona, pero no termino de comprender lo que quieres decirme – replicó con respeto el jovencito. 
En el perfecto silencio del bosque, el abuelo y el nieto siguieron paseando. 
De pronto, el abuelo dijo: 
– Ve hasta aquel árbol y coge un fruto de sus ramas. 
El niñito fue hasta el árbol y cogió uno de sus frutos. Luego volvió hasta su abuelo y se lo mostró. 
El anciano dijo: 
– Ahora quita la cáscara a ese fruto y dime qué ves. 
– El fruto, abuelo. 
– Abre el fruto. ¿Qué ves? 
– Granos, abuelo. 
– Coge un grano y ábrelo. ¿Qué ves? 
– Minúsculos granitos, abuelo. 
– Abre uno. ¿Qué ves ahora? 
– Abuelo, nada. No hay nada dentro. 
Y el abuelo explicó: 
– Esa esencia sutil que tus ojos no pueden ver, querido mío, esa esencia sutil es el ser. Mantiene en pie al gran árbol. Nos mantiene vivos a ti y a mí, como hace que el fuego arda y el río fluya. No ves esa esencia sutil, pero está ahí. 
El niño sonrió satisfecho, agarrándose a la mano caliente de su abuelo. El anciano y el muchachito siguieron caminando por el bosque. 

Fuente: un pasaje de los Upanishads encontrado en el libro “Cuentos espirituales de la India” de Ramiro A. Calle
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                 LAS FACULTADES SIN LÍMITES
A nosotros, hombres, encerrados en la carne, nos es difícil formarnos una idea del papel del Espíritu, que lleva en sí todas las potencias, todas las fuerzas del Universo, todas las bellezas, los esplendores de la vida celeste, a los que irradia sobre el mundo. Mas lo que podemos y debemos comprender es que estos Espíritus poderosos, estos misioneros, estos agentes de Dios han sido, como nosotros, hombres de carne, llenos de debilidades y de miserias. Si han llegado a esas alturas, es por sus investigaciones y sus estudios, por la aplicación, en todos sus actos, de la ley divina. Ahora bien, todo lo que ellos han hecho, podemos hacerlo nosotros. Todos tenemos en nosotros mismos los gérmenes de una potencia y de una grandeza iguales. Todos tenemos los mismos destinos espléndidos; todos tenemos el mismo porvenir grandioso y sólo depende de nosotros realizarlo a través de nuestras existencias innumerables. 
Gracias a los estudios psíquicos, a los fenómenos telepáticos, estamos al menos en situación de comprender, desde ahora, que nuestras facultades no están limitadas a lo que son nuestros sentidos. Nuestro Espíritu puede irradiar más allá de nuestro cuerpo; puede recibir las influencias de los mundos superiores, las impresiones del pensamiento divino. El llamamiento del pensamiento humano es oído por el pensamiento divino; el alma, rompiendo las fatalidades de la carne, puede lanzarse hacia ese mundo espiritual, que es su herencia, su futuro divino. Por eso es preciso que cada uno se convierta en su propio médium y aprenda a comunicar con el mundo superior del Espíritu. 
Este poder ha sido hasta aquí el privilegio de algunos iniciados. Hoy es necesario que todos lo adquieran y que la generalidad de los hombres llegue a comprender las manifestaciones del pensamiento superior, a lo cual puede llegar por medio de una vida pura y sin mancha y un entrenamiento gradual de sus facultades. 

LEÓN DENIS
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Relaciones de ultratumba 

274. Los diferentes grados de Espíritus ¿establecen entre sí una jerarquía de poderes? ¿Hay entre ellos subordinación y autoridad?

- Sí, y muy grande. Los Espíritus tienen unos sobre otros una autoridad relacionada con su superioridad, la que ejercen por medio de un ascendiente moral irresistible. 
274 a. ¿Les es posible a los Espíritus inferiores sustraerse a la autoridad de los que son superiores a ellos? 
- Ya lo dije: irresistible. 
275. El poder y la consideración de que ha disfrutado un hombre en la Tierra ¿le otorga una supremacía en el Mundo de los Espíritus? 

- No, porque en él los pequeños serán ensalzados, y los grandes, humillados. Lee los Salmos. 
275 a. ¿Cómo debemos entender ese ensalzamiento y esa humillación? 
- ¿No sabes tú que los Espíritus pertenecen a diversas graduaciones, según su mérito? Pues bien, el más grande en la Tierra puede hallarse en la última categoría entre los Espíritus, al paso que su servidor estará en la primera. ¿Comprendes esto? ¿O acaso no dijo Jesús: Todo aquel que se humille será elevado, y todo aquel que se eleve será humillado? 
276. El que ha sido grande en la Tierra y se encuentra ahora inferior entre los Espíritus ¿siente humillación por eso? 

- Con frecuencia una humillación muy grande, sobre todo si era orgulloso y envidioso. 
277. El soldado que, tras la batalla, encuentra a su general en el Mundo de los Espíritus, ¿le reconoce todavía por su superior? 

- El título nada significa. La superioridad real lo es todo. 
278.* Los Espíritus de los diversos órdenes ¿están mezclados? 

- Sí y no. Esto es, se ven, pero se distinguen unos de otros. Se rehúyen o se acercan, según sea la afinidad o antipatía de sus respectivos sentimientos, igual que como sucede entre vosotros. Es todo un mundo, del cual el vuestro es un reflejo oscurecido. Los del mismo rango se reúnen por una especie de afinidad y forman grupos o familias de Espíritus, ligados por la simpatía y por el objetivo que se proponen. Los buenos, por el deseo de hacer el bien; los malos, por el de realizar el mal, o por la vergüenza de sus faltas y la necesidad de encontrarse entre Seres semejantes a ellos. Allan Kardec 

Así como una gran ciudad, donde los hombres de toda categoría y condición se ven y se encuentran sin por ello confundirse; donde las sociedades se forman por la analogía de los gustos; donde vicio y virtud se codean sin decirse nada. 

EL LIBRO DE LOS ESPIRITUS
ALLAN KARDEC.
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COMBATIENDO LOS OBSTÁCULOS
Mercedes Cruz  Reyes
Para los seres que han venido a este mundo con el peso de su expiación, hay días que sus horas se eternizan, ¡porque cuando lloramos, que largo parece el tiempo! Y aunque brille el sol con sus rayos esplendorosos, todo lo vemos envuelto en la neblina  que forman nuestras lágrimas; en cambio cuando cesa la  tempestad de nuestros infortunios aunque el cielo este cubierto de nueves negras, nos parece que todo sonríe en la Naturaleza, y es que sonríe nuestro Espíritu, eso recibe el nombre de ratitos cortos de felicidad, de goce, de dicha.
La interferencia psíquica de unas criaturas sobre las otras, desencarnadas o no,  es responsable por casi la totalidad  de los males que las afligen, dentro naturalmente  de los compromisos cármicos  de cada cual.  La acción mental de un agente sobre otro individuo, si este no posee las defensas y resistencias  especificas, termina  por perturbarle  el campo periespiritual, abriendo brechas  para la instalación de variadas dolencias  o la absorción de vibraciones  negativas, generando lamentables  dependencias.
El hombre se puede comparar a un árbol. Sus raíces  de sustento y nutrición afincadas en el suelo son su pasado espiritual; el tronco es su existencia actual; las ramas  y las hojas  son sus actitudes presentes; las flores y los frutos será su futuro. Si las raíces permanecen  en suelo árido o pantanoso, nada fértil o pedregoso, la falta de vitalidad para mantener la sabia termina por exterminar la vida, que se agota lentamente, aunque  el aire generoso y la lluvia contribuyan a su preservación. Solamente a través de la corrección de la tierra, de su abono, es que las energías vitales correrán  por toda su estructura, llevándolo al vigor, a la floración y a  la fructificación.
En  caso contrario, aunque consigamos  el desarrollo, este será incompleto, frágil y la producción mustia. Nuestro pasado moral  se convierte en el terreno de sustentación de las raíces y todo dependerá de las acciones practicadas, que responderán  por los acontecimientos  que surgen.
En el caso del árbol, con la presencia de la hierba parasitaria suscionandole la sabia o de los insectos  dañinos que lo explotan, la muerte por agotamiento es inevitable. Del mismo modo ocurre con nosotros: al cargar parásitos psíquicos que nos debilitan, interfiriendo en nuestro comportamiento tal como acontece en el reino vegetal, ellos pasan a tener control  y fuerza sobre su víctima, que se extenúa y consume.
Todos debemos procurar recursos para mantener en pie nuestro árbol, para no dejarnos enfermar por las malas influencias, adquiriendo equilibrio mental, con la acción noble, la conversación edificante en otras palabras, con la vivencia  de las directrices del Evangelio de Jesús, lo malo desaparecerá de nuestro plano evolutivo.  Mientras que si  nos damos a los bajos niveles de conducta, si tenemos aspiraciones brutas, el intercambio con esas energías nos producirá afecciones psíquicas prolongadas, con terribles reflejos  en la salud física.
En cambio, mediante  la preservación de la salud moral del autoconocimiento, del cultivo y vivencia de las ideas estimulantes del progreso, de la armonía y del bien general, mantendremos  la dinámica del equilibrio, irrigando la vida con paz y sustentándola en niveles elevados.  Nosotros somos responsables, por todo cuanto nos sucede. Conforme a lo que pretendemos o deseamos con ansia, proyectamos la idea y de acuerdo con lo que vitalizamos, así ocurre.
Cada ser es un universo aparte. Aislándose por la meditación, inmerso en la reflexión o gritando desesperado, supera los límites de área  en que se encuentra o se evade de ella por medio del pensamiento, perdiendo contacto con el tiempo y el lugar momentáneo.
Procuremos evadirnos, de los problemas que nos afligen, para vivir lo mejor posible este día de descanso, al lado de nuestra familia, evadiéndonos un poco de todo lo que ocurre fuera de casa, el lunes seguramente volveremos a la misma rutina, a los mismos problemas, pero si hemos sido capaces de aislarnos, volveremos fortalecidos, y podremos arrastrarlos con más soltura.
No adelantemos acontecimientos, por el contrario, aprendamos a dejar los problemas de difícil solución aplazados, somos como el viajero que se para en medio del camino, deja su carga, y para, con el fin de descansar y tomar alimento, el sábado, es un día genial para alimentarnos, con la lectura edificante, con el Evangelio en el hogar y con la vivencia al lado de los nuestros, y quien sabe, el lunes cuando retornemos a la marcha, si la carga nos fue aminorada, y nuestro espíritu fortalecido la torna más frágil, perdiendo intensidad a nuestros ojos.

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