miércoles, 26 de junio de 2013

LA INMORTALIDAD


Cuando se medita  sobre  la enseñanza religiosa en las criaturas, algunos admiten que en tierna edad, ellas no entienden y que se está perdiendo precioso tiempo con tales cuestiones.
Alegan que se debe esperar que ellas crezcan para que, solo entonces, puedan ser perturbadas con ideas de Dios, de la inmortalidad, y de la vida espiritual; etc.
Con todo, frecuentemente, ellas nos dan muestras que en la intimidad traen conceptos y que, se les habla de las cuestiones espirituales, entienden,  y muy bien, desde que, naturalmente, se les hable con simplicidad.
Determinado agente de salud y profesor, que trabajó con criaturas infestadas por el virus del sida, narra una experiencia muy curiosa.
Cuenta que un niño, de nombre Tyler, nació infestado con el virus del sida, transmitido por su madre. Desde el inicio de su vida dependió de remedios para poder sobrevivir.
A los cinco años, sufrió una cirugía para colocar un catéter en una vena de su tórax, a fin  de que la medicación fuese inyectada en la corriente sanguínea. El catéter se conectaba a una bomba que Tyler cargaba en una mochila que llevaba a cuestas.
Algunas veces, el precisaba también de oxigeno para ayudar en la respiración. Más nada de eso lo hizo echar mano de un minuto de su infancia.
Aun mismo con la mochila a cuestas y arrastrando el tanque de oxigeno en un carrillo, el brincaba y corría.
Todos los que lo conocieron se maravillaban con su alegría y con la energía que esa alegría le daba.
La madre de Tyler lo adoraba, más frecuentemente protestaba de la agitación del hijo. Decía que el era tan dinámico que ella precisaba vestirlo de rojo para poder localizarlo rápidamente, entre las criaturas que brincaban en el patio.
El tiempo pasó y la dolencia venció al pequeño dinamo que era Tyler. El y la madre se pusieron mal y fueron hospitalizados.
Cuando quedo claro que el fin de su vida física se aproximaba, la madre conversó con él sobre la muerte. El la confortó diciendo: entre otras tantas cosas, que el quedase tranquilo pues en breve los dos estarían juntos en el cielo.

 Pocos días antes de morir, Tyler llamó a gente de la salud que lo auxiliaba  en sus dificultades  y le pidió, casi en secreto: “me voy a morir enseguida, más no tengo miedo.
Cuando yo muera, por favor, me pone una ropa roja.”
Y después de una pausa y ante el espanto de quien lo oía, concluyó: “es que mi madre me prometió encontrarme en el cielo. Como yo tengo certeza que voy a estar brincado cuando ella llegue allá, quiero tener la certeza de que ella podrá encontrarme.
El no tenia solamente la certeza de que sobreviviría a la muerte, como que hasta hacia planes de lo que haría en esa vida abundante para la cual se dirigía.
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El mensaje de la inmortalidad se encuentra en lo íntimo de cada persona, porque todos somos viajeros de la eternidad en las sucesivas existencias.
Recordar a los pequeños que reinician su jornada terrena  su destino glorioso de seres inmortales, es tarea que no nos cabe olvidar o dejar para más tarde.
 Podemos providenciar pólizas de seguros y herencias  de muchos bienes para nuestros hijos, más, con certeza, el mejor legado que podemos dejarle es la certeza de la inmortalidad.
Con esa certeza, nuestros hijos enfrentarán el mundo con otros ojos. La muerte de ser la mala  mujer  que siega vidas preciosas. será vista, al contrario, como la libertadora de las almas, que llega en la hora precisa. Ni antes, ni después.
La transitoriedad del cuerpo físico será mejor entendida, y así, la infancia será aprovechada como el periodo rosáceo de juegos, la juventud como una fase de grandes sueños y la madurez como el tiempo de concretización de los ideales abrazados.
Todo como una intensa preparación para la vida verdadera e inmortal del más allá del túmulo, el destino final.
Equipo de Redacción Espirita, a partir del texto “Por favor, pónganme una ropa roja”, de autoría de Cindy Dee
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 Manifestaciones inteligentes
Si los fenómenos que nos ocupan se hubieran limitado al movimiento de objetos habrían permanecido –conforme dijimos- dentro del dominio de las ciencias físicas. Pero no es así en manera alguna. Ellos habían de ponernos en el camino de un orden de hechos extraños. Se creyó descubrir –no sabemos por iniciativa de quién- que el impulso comunicado a los objetos no era sólo producto de una fuerza mecánica ciega, sino que había en ese movimiento la intervención de una causa inteligente. Una vez abierta esta senda, había un campo de observaciones completamente nuevo. Se levantaba el velo de muchos misterios. Pero ¿hay, en realidad, un poder inteligente? Esa es la cuestión. Si ese poder existe, ¿cuál es, de qué naturaleza será y qué origen tiene? ¿Está por encima de la humanidad? Tales son las preguntas que derivan de la primera.
Las primeras manifestaciones inteligentes tuvieron lugar por medio de mesas que se elevaban y daban, con una de sus patas, un número determinado de golpes, respondiendo de este modo sí o no, según lo convenido, a una pregunta planteada. Hasta allí nada de convincente había, por cierto, para los escépticos, por cuanto se podía creer en un efecto del azar. Después se obtuvieron respuestas más elaboradas, sirviéndose de las letras del alfabeto. El objeto móvil daba una cantidad de golpes que correspondía al número de orden de cada letra y se llegaba así a formar palabras y frases que contestaban a las preguntas planteadas.
10 La exactitud de las respuestas y su correlación con las preguntas suscitaron el asombro. El misterioso ser que de esta manera respondía, interrogado acerca de su naturaleza declaró que era un Espíritu o genio, se atribuyó un nombre y proporcionó diversas informaciones a su respecto. Es esta una circunstancia muy importante, que hay que subrayar. Nadie imaginó a los Espíritus como un medio para explicar el fenómeno. Hubo de ser el fenómeno mismo el que revelara esa palabra. En las ciencias exactas se formulan muchas veces hipótesis para disponer de una base de razonamiento, pero aquí este no fue el caso.
Tal medio de comunicación resultaba tal largo como incómodo. El Espíritu, y es esta una circunstancia digna de recalcar, señaló otro. Uno de esos seres invisibles dio el consejo de adaptar un lápiz a una cesta u otro objeto. Colocada esa cesta sobre una hoja de papel, es puesta en movimiento por el mismo poder oculto que mueve las mesas. Pero, en vez de un simple movimiento regular, el lápiz traza por sí propio caracteres que forman palabras, frases y discursos enteros, de varias páginas de extensión, tratando las más elevadas cuestiones de la filosofía, moral, metafísica, psicología, etcétera, y ello con tanta rapidez como si se escribiera con la mano.
Este consejo se dio de forma simultánea en América, en Francia y en diversos lugares. He aquí los términos en que lo recibió en París, el 10 de junio de 1853, uno de los adeptos más fervientes de la Doctrina, que de varios años atrás –desde 1849- venía ocupándose de la evocación de los Espíritus:
“Ve a la habitación de al lado y toma la canastita. Sujétale un lápiz y colócala sobre el papel. Apoya tus dedos en el borde”.
Hecho esto, unos instantes más tarde la cesta se pone en movimiento y el lápiz escribe muy legiblemente esta frase:
“Esto que os digo, os prohíbo expresamente que lo digáis a nadie. La primera vez que escriba lo haré mejor”.
10 Fue Isaac Post la primera persona de la que tenemos noticia que utilizara este método para comunicarse con la inteligencia incorpórea, recibiendo el nombre de “telegrafía espiritual”. (Véase el artículo de Gónzalez de Pablo, Á, (2006) Sobre los inicios del Espiritismo en España: La epidemia psíquica de las mesas giratorias de 1853 en la prensa médica. Asclepio, 2006 vol. LVIII, nº2, julio-diciembre, págs. 65-66, ISSN: 0240-4466.) [N. del copista.]
 Puesto que el objeto al que se adapta el lápiz no es sino el de un instrumento, su naturaleza y forma resultan del todo indiferentes. Se buscaba que su disposición fuese la más cómoda, de ahí que muchas personas utilicen una tablita.
La canasta o la tablilla sólo puede ser puesta en movimiento con la influencia de ciertas personas dotadas, a este respecto, de un poder especial, y a quienes se designa con el nombre de médiums –esto es, “medio”12 o intermediarios entre los Espíritus y los hombres. Las condiciones que otorgan ese poder dependen a la vez de causas físicas y morales, imperfectamente conocidas todavía, porque encontramos médiums de toda edad y de uno y otro sexo, así como en todos los grados de desarrollo intelectual. Por lo demás, dicha facultad se perfecciona con el ejercicio.
Mensaje traducido por Mari Carmen-España

El Libro de los Espíritus
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 NOTA: debido a la enfermedad que atravieso y a su tratamiento, algunos días no he podido publicaros nada, pero mi propósito es seguir haciéndolo cada dia, según vaya pudiendo.
Los lunes, miércoles y jueves a las 22,30 podéis participar en el chat de la Federación Espírita Española.

Los viernes en la misma sala de chat  a las 23,00 horas podéis asistir a una conferencia impartida por el grupo "Estudios espíritas sin fronteras", dirigido por Cárlos Campetti.
 Los domingos a las 21,30 horas comienzan las clases de estudio de la Doctrina Espírita, a las que estáis todos invitados.
Recomiendo ver  también: 
Inquietudes espíritas- inquietudesespiritas.blogspot.com.es
El espirita albaceteño.-  elespiritadealbacete.blogspot.com.es
 kardeciano.blogspot.com

 marinamiesdeamor.blogspot.com
                    soyespirita.blogspot.com
 boletin-nuevaesperanza.blogspot.com
                                ade-sergipe.com.br
            elblogdeazucena.blogspot.com
                                   espiritistas. es
Revista virtual:  www.amorpazycaridad.com           
                  
                                       

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