martes, 18 de marzo de 2014

LA NO VIOLENCIA


               
   PAZ - Ahimsa (a=no + himsa=violencia)
                                       No violencia 


Esto puede evocar una idea de p
asividad, pero Paz no es inacción, como demostró Gandhi al movilizar un país de forma pacífica, a través de la filosofía del la Ahimsa (no violencia). Gandhi definió la manifestación de la Ahimsa así:

La no violencia no consiste en renunciar a toda lucha real contra el mal. La no violencia, tal como yo la concibo, emprende una campaña más activa contra el mal que la Ley de Talión, cuya naturaleza misma trae como resultado el desarrollo de la perversidad. Yo elevo, frente al inmoral, una oposición mental y, por consiguiente, moral. Trato de ablandar la espada del tirano, no cruzándola con un acero más afilado, sino defraudando su esperanza al no ofrecer resistencia física alguna. Él encontrará en mí una resistencia del alma, que escapará de su asalto. Esa resistencia primeramente lo cegará y en seguida lo obligará a doblarse. Y el hecho de doblarse no humillará al agresor, sino que lo dignificará…
La Ahimsa no es solamente un estado negativo que consiste en no hacer el mal, sino que es además un estado positivo que consiste en amar, en hacer el bien a todos, incluso a quien hace el mal. La Ahimsa no es cosa tan fácil. Es más fácil danzar sobre una cuerda que sobre el filo de la Ahimsa. 

También en la cultura judaica el término hebraico Shalom, traducido como “paz”, tiene asimismo un significado que nos remite a la acción. Shalom deriva de un radical que, según sea empleado, puede significar el hecho de completar o concluir un trabajo, por ejemplo, completar la construcción de una casa (1Rs 9.25); el acto de restablecer las cosas a su antiguo estado, en su integridad, por ejemplo, “apaciguar” a un acreedor al pagar el débito de una transacción comercial (Ex 21.34) o cumplir los votos a Dios (Sl 50.14).

¿De que vale tanta lectura, si no la aplicamos?

Nunca podremos implantar con éxito utopías espiritualistas o sociales, como la anarquía, mientras seamos tan solo reflejo de los viejos modelos (¡y échale viejo a esto!). La Biblia dice: “No se pone vino nuevo en odres viejos”. ¡Antes tenemos que convertirnos en lo nuevo, para que haya lo nuevo! “Sé el cambio que deseas ver en el mundo”, ya lo decía el Mahatma. Las más diversas religiones ponen énfasis en cierto mensaje que, si fuese aplicado al día-a-día, transformaría todas las relaciones sociales. 
Una regla de conducta, llamada la “regla de oro”:

HINDUISMO:
No hagas a los demás aquello que no quieres que se te haga a ti; y desea también para el prójimo aquello que deseas y aspiras para ti mismo. Ese es todo el Dharma, atiende bien a esto
(Mahabharata, apud. Rost, p. 20; Campbell, p. 52)

JUDAISMO:
No hagas a otro lo que abominas que se te haga a ti. He aquí toda la Torah. Todo lo demás es comentario
(Hillel, apud. Schlesinger & Porto, p. 26; Rost, p. 69)

No te vengarás ni guardarás ira contra los hijos de tu pueblo; sino que amarás a tu prójimo como a ti mismo. Yo soy el Señor
(Levítico 19:18)

ZOROASTRISMO:
Lo que es bueno para cualquier uno y para todos, para quien quiera que fuese – eso es bueno para mí… Lo que juzgo bueno para mí mismo, deberé desearlo para todos. Solo la Ley Universal es la verdadera Ley
(Gathas, apud. Rost, p. 56)

BUDISMO:
Todos temen el sufrimiento, y todos aman la vida. Recuerda que tú también eres igual a todos; haz de ti mismo la medida de los demás y, así, abstente de causarles dolor
(Dhammapada, apud. Rost, p. 39)

CRISTIANISMO:
Todo aquello, por tanto, que queráis que los hombres os hagan, hacedlo vosotros a ellos, porque esto es la Ley y los Profetas
(Mateo 7:12)

Mi mandamiento es este: Que os améis los unos a los otros, como yo os he amado
(Juan 15:12)

ISLAMISMO:
Ninguno de vosotros es un verdadero creyente a menos que desee para su hermano aquello que desea para sí mismo
(Hadith, apud. Rost, p. 103; Campbell, p. 54)

FE BAHA’I:
¡Oh Hijo del Hombre! ...Si tienes los ojos vueltos hacia la justicia, elige para tu hermano aquello que para ti mismo eliges. Bienaventurado quien prefiere a su hermano antes que a si mismo... tal hombre figura entre el pueblo de Baha’i
(Palabras del Paraíso; “Tercera” y “Décima” hojas del Paraíso)

WICCA:
Todo cuanto hagas, sea positivo o negativo, retorna a ti tres veces
(Lay trina)

CONFUCIONISMO:
No ordenes a otros aquello que no quieres que te sea ordenado a ti
(Anacletos 15:23)

JAINISMO:
En la felicidad y en el sufrimiento, en la alegría y en la tristeza, respeta a todas las criaturas tal como respetas a ti mismo
(Lord Mahavir 24º Tirthankara)

INDIOS NORTEAMERICANOS:
El respeto por toda vida es la fundación
(La gran ley de la paz)

SIKHISMO:
No estés alienado de los otros, pues Dios vive en todos los corazones
(Sri Gurú Granth Sahib)

El problema es que no siempre sabemos ponernos en el lugar del otro. Cuando mucho, nos parece que el otro tiene que pensar y proceder como nosotros, y no como un ser autónomo que tuvo sus propias experiencias y visión de mundo. Entonces interpretan mal la regla de oro, creyendo que deben EMPUJAR a los otros hacia aquello que te ha “funcionado” a ti. ¡Incluso medicamentos que salvan la vida de uno pueden matar a otro! Hay además otras máximas, presentes también en diversas religiones, que nos exhortan a retribuir el mal con el bien:

HINDUISMO: Aun cuando fueseis ofendidos, deberéis hablar amablemente, y cuando fuereis insultados, responded con una bendición.

ZOROASTRISMO: Responde siempre a la maldad con gentileza, y a la perversidad con bondad.

JUDAISMO: Si aquel que te aborrece tiene hambre, dale pan para comer, y si tiene sed, dale agua para beber.

BUDISMO
: El hombre vence al odio por el amor; triunfa sobre el mal por medio del bien; subyuga al avaro por medio de la generosidad y al mentiroso por medio de la verdad.

CRISTIANISMO: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os odian, bendecid a los que os maldicen, orad por aquellos que os difaman.

ISLAMISMO: Alejad el mal con el bien y, ¡he aquí!, aquel que te era enemigo se te convertirá en amigo amoroso.

FE BAHA’I: Debéis mostrar ternura y amor a todo ser humano, aun a vuestros enemigos, y a todos dar acogida con sincera amistad, con alegría y benevolencia.

Haciendo así, permaneces en equilibrio contigo mismo y con el Cosmos/Dios, y es esa unión con algo mayor lo que hace la Fuerza.

ISLAMISMO: Alá sopló en el alma humana su propio espíritu (…) dando vida a ese cuerpo y confiriéndole un lugar privilegiado en la Creación. Pero el alma humana ha olvidado su origen. Comprendemos que la gran ciencia humana, ese vacío que entrevera a todo ser humano que sale en busca de un sentido para su vida, es fruto de la desconexión con ese origen divino. (Muhammad Ragip, representante de la orden sufí Halveti Al-Jerrahi)

BUDISMO: Entonces, Buda habla sobre la vida – la vida de todos nosotros – poniendo el ejemplo de la carroza que tiene su eje fuera de alineación. Él dice que nuestras vidas están fuera de equilibrio. Y ese desequilibrio es lo que conduce al sufrimiento. (Rodney Downey, representante del Zen coreano)

CRISTIANISMO: Permaneced en mí, y yo permaneceré en vosotros; como el sarmiento, que por sí mismo no puede dar fruto si no permanece en la vid, así también vosotros, si no permanecéis en mí. (Juan 15:4)
Maestro: ¿Cuál es el gran mandamiento en la ley? 

- Y Jesús le dijo:

Amarás al Señor tu Dios de todo corazón, y de toda tu alma y de todo tu
entendimiento. - Este es el mayor y el primer mandamiento. -Y el segundo,
semejante es a éste. "Amarás a tu prójimo como a tí mismo".
De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas.
(Mateo, cap. XXIII, v. 34 a 40).
 Traducción de Teresa - Del texto original de "Acid", adaptado por Cassio
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El Periespíritu; formación, propiedades y funciones


El periespíritu o cuerpo fluídico de los Espíritus, es una condensación del fluido cósmico en torno del alma; el cuerpo carnal es resultado de una mayor condensación del mismo elemento, que lo transforma en materia tangible. Aunque tengan un origen común, el mismo elemento primitivo, las transformaciones moleculares son diferentes en esos dos cuerpos, resultando de eso que el periespíritu imponderable está dotado de cualidades etéreas. Ambos son materia sólo que en diferentes estados.
El Espíritu forma su envoltorio periespiritual con los fluidos ambientales en que vive. Como la naturaleza de los mundos varía, con su grado de evolución, será mayor o menor, la materialidad de los cuerpos físicos de sus habitantes, y los periespíritus guardan relación, en cuanto a su composición, con ese grado de materialidad.
Al admitir que un Espíritu emigre de La Tierra, queda allí su envoltorio fluídico y toma, en el mundo físico a donde se dirija, otro que sea apropiado al nuevo medio. La naturaleza del envoltorio fluídico, está siempre en relación con el grado de adelanto moral del Espíritu.
A la condición moral del Espíritu, corresponde, por así decirlo, una determinada densidad del periespíritu. A mayor elevación, menor densidad fluídica, a mayor inferioridad mayor densidad, es decir, un periespíritu más grosero, con mayor condensación fluídica. Los de mayor peso específico, retienen a los Espíritus en las regiones inferiores, imposibilitando su acceso a planos más elevados y, por eso mismo, la salida hacia mundos más elevados.
La acentuada densidad del periespíritu, de un gran número de Espíritus, los lleva a que lo confundan con el cuerpo físico.
Por eso se consideran todavía encarnados y viven en la Tierra, imaginándose y entregados a las ocupaciones que les eran habituales.
Los periespíritus de los Espíritus Superiores, de reducido peso específico, les confiere una liviandad que les permite vivir en los planos elevados, así como su desplazamiento a otros mundos. Claro está, que tales Espíritus pueden descender a los planos inferiores y normalmente, dada la sutileza de su envoltorio, no son percibidos por las entidades inferiores.
Cuando está encarnado, el Espíritu mantiene su envoltorio periespiritual y su cuerpo carnal, por consiguiente, constituye un segundo envoltorio, más grosero, apropiado al medio físico donde vive sus experiencias.
El periespíritu, en esa situación, sirve de intermediario entre el Espíritu y al cuerpo físico. Es el órgano de transmisión de todas las sensaciones; que partan del Espíritu o que vengan del exterior, a través del cuerpo físico.
Debido al tosco estado de la materia, los Espíritus no pueden actuar directamente sobre ella. Tienen que hacerlo a través de su periespíritu. “Es por medio del periespíritu que los Espíritus actúan sobre la materia inerte y producen los diversos fenómenos mediúmnicos”.
Los fluidos periespirituales se constituyen, por la acción de la voluntad de los Espíritus, en verdaderas palancas que les permiten producir golpes, ruidos, movimientos de objetos, etc.
En condiciones normales el periespíritu es invisible, pero en razón de las modificaciones que pueda experimentar, por acción de la voluntad del Espíritu, puede volverse visible. Esas modificaciones consisten en una especie de condensación, o en nuevas disposiciones de las moléculas que componen ese envoltorio fluídico.
La aparición de un Espíritu, resulta de su propósito de hacerse visible. Pero no basta con desear esa visibilidad para obtenerla: la modificación del periespíritu, requiere la existencia de ciertas circunstancias que no dependen del Espíritu; este necesita un permiso que no siempre le es concedido, para mostrarse a alguien.
En las apariciones, el periespíritu se presenta más o menos consistente. Pero en lo común tiene aspecto vaporoso y diáfano. Otras veces lo hace con las formas delineadas, con los trazos bien nítidos. En este último caso, puede hasta presentar la solidez de un cuerpo físico, siendo por eso mismo, tangible, lo que no le impide retornar instantáneamente al estado normal, de ser invisible y etéreo.
La materia no constituye un obstáculo para el periespíritu. Su condición etérea le confiere la propiedad de penetrabilidad. Atraviesa la materia densa como la luz a los cuerpos transparentes. Es por eso que las puertas y ventanas cerradas de una sala cualquiera, no impiden la penetración, a ese lugar de un Espíritu.
Como ya dijimos, de las capas de los fluidos espirituales que envuelven a la Tierra, sacan los Espíritus que allí viven, sus envoltorios periespirutales. Esos fluidos no son homogéneos: son una mezcla de moléculas de varias calidades. El Espíritu atrae las moléculas, que tengan afinidad con su modelo vibratorio.
Como consecuencia, la constitución íntima del periespíritu no es idéntica en todos los Espíritus encarnados o no encarnados que pueblan las diferentes esferas de la Tierra, cosa que no ocurre con el cuerpo carnal, que está formado por los mismos elementos, independientemente de la mayor o menor elevación de los Espíritus a los que revisten.
Otra consecuencia de la forma de composición del periespíritu, es que el envoltorio periespiritual de un Espíritu, se modifica con el progreso moral que éste realiza en cada encarnación, aunque encarne en el mismo medio; los Espíritus Superiores que encarnan excepcionalmente, en misión, en un mundo inferior, tiene un periespíritu menos grosero, que el de los nativos de ese mundo.

Trabajo encontrado en el boletín “Mensajero de Luz” Órgano de difusión de la Federación Espírita del Perú
Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta
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DOS CAMINOS

Es fácil saber si una piedra fue retirada de un rio o si fue rota en una cantera.  Las de la cantera presentan muchas aristas, son ásperas e irregulares, ásperas al tacto.  Las piedras de rio son lisas y regordetas,  ya sufrieron un pulimiento  natural.  A lo largo del tiempo, la corriente de las aguas se va encargando de rozarlas unas contra las otras, para redondear las aristas.  En la medida en que se van tornando pulidas, van siendo reducidas la fricción entre ellas, ya no se hieren, deslizan harmoniosamente unas entre las otras, como esferas lubrificadas de un molino.
El proceso evolutivo espiritual de las criaturas humanas puede ser comparado al del pulimiento de las piedras del rio. El Espíritu es creado puro e ignorante. Puro, porque no trae cualquier tendencia para el mal, ignorante porque no adquirió aun algún conocimiento.  A lo largo de las sucesivas reencarnaciones, la corriente de la vida  también nos lanza a unos contra otros: somos llevados a convivir entre semejantes.  En nuestra infancia espiritual, aun como las piedras en bruto, esa convivencia es marcada por el atrito entre nuestras aristas. La rusticidad del hombre de las cavernas  nos muestra lo que fueron esas primeras encarnaciones; el instinto animal predominando sobre la razón y el sentimiento, la materia sobre el Espíritu, el estado de guerra como condición permanente.
Se pasaron siglos y milenios, abandonamos las cavernas, participamos de la construcción, del apogeo y de la caída de varios imperios, Vivenciamos diversas culturas. Con las conquistas de la ciencia, domesticamos la naturaleza, transformamos el paisaje a nuestro alrededor, descubrimos como tornar la existencia más confortable. Observando, no en tanto, nuestro mundo interior, nos deparamos con la presencia incomoda y persistente de imperfecciones atávicas, paleolíticas. La Historia nos revela que, aun mismo después de dejar las cavernas, el hombre conservó trazos del troglodita en su intimidad espiritual. pues fue nuestra ignorancia rustica la que, ante la vacilación de Pilatos, exigió el martirio del dulce Jesús. Fueron nuestro orgullo y nuestro egoísmo los que produjeron las guerras, las masacres de las Cruzadas, las hogueras de la Inquisición y los horrores de la Esclavitud. Son Ingenuos los que suponen que no estaban allá. Así, a lo largo de esos siglos, avanzamos mucho más en el progreso material, exterior, que en la jornada ética, intima, del Espíritu
“La evolución espiritual es continua, no retrocede nunca, más si puede ser retardada en su procesamiento  si no se aprovecha bien la oportunidad que Dios concede al Espíritu reencarnado. (FEB, Curriculo para las Escuelas de Evangelización). Vivir en sociedad  es aspecto esencial de esta oportunidad. Frecuentemente nos sentimos inconformados por tener que convivir  con personas que nos aborrecen, nos irritan, nos son antipáticas, más es esa convivencia un proceso natural de nuestro burilamiento. Tales personas son indispensables: ellas nos incomodan exactamente en nuestros puntos  más débiles, más sensibles, y nos apuntan, por tanto cuáles son esos puntos, cuáles son nuestras peores aristas: los que precisan de ayuda incomodan nuestro egoísmo, los que juzgamos  mejores que nosotros nos hieren la vanidad y el orgullo, y así en adelante. Cada conflicto es una alerta  y un roce pulidor de aristas. Cuanto más ásperos somos, más dolorosos son los atritos, pues el dolor es consecuencia de nuestros actos de desamor  para con el prójimo, en esta o en otras existencias.
Diferentemente de las piedras, entretanto, la criatura humana, siendo dotada de inteligencia, conciencia y libre albedrio, puede elegir el camino evolutivo menos doloroso. Jesús nos marca el rumbo: amarnos los unos a los otros. Ninguno de nosotros fue creado para sufrir y el amor puede librarnos del dolor, pues el nos “cubre la multitud de los pecados” (Pedro IV,8)
La evolución es ley universal e irrevocable, más dos son los caminos que nos son ofrecidos para recorrerla: el dolor o el amor. la práctica del amor proporciona pulimiento sin dolor en nuestras almas, nos suaviza las aristas, nos desenvuelve  el altruismo, armoniza nuestra convivencia con los semejantes. La decisión es siempre nuestra.

Mauricio Roriz
Traducido  al español por Merchita
Fonte: Revista Espírita Allan Kardec, nº 39
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COMUN ICACIÓN
MELVIN MORSE


Cuando reviso la literatura médica, pienso que apunta directamente a, la evidencia de que algún aspecto de la conciencia humana, sobrevive a la muerte.
Hay otros investigadores que concuerdan conmigo.
El médico Michael Schroter-Kunhardt, por ejemplo, condujo una revisión completa de la literatura científica y concluyó que las capacidades paranormales de los moribundos, sugieren la existencia de un espíritu inmortal que trasciende el tiempo y el espacio.
Otros investigadores han llegado a la misma conclusión, Ya sea a través de casos propios o de casos que han revisado, existe en la comunidad científica una creciente creencia en el espíritu humano.


Adaptación: Oswaldo E. Porras Dorta, 
                                                    
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