martes, 6 de enero de 2015

La evolución junto a las demás leyes cósmicas

VIVIR EN PAREJA
Oswaldo E. Porras Dorta

·        Una de las cosas que más he admirado  de la evolución en nuestro mundo, es la vida en pareja.
·        Se unen dos seres de diferentes sexos para vivir, (entiéndase evolucionar), en un trabajo conjunto, donde cada ser contribuye de acuerdo a sus conocimientos y aptitudes, al buen desarrollo de la vida del grupo familiar.
·        Los problemas que son el combustible que acelera el desarrollo de nuestra evolución, van obligándonos a unir nuestras aptitudes, experiencias e instintos, en beneficio de una vida en común.
·        Este trabajo mancomunado, hace que cada uno en la pareja, haga uso de las experiencias del otra, sin tener que vivir las situaciones que le llevaron a tal conocimiento; lo anterior es un gran progreso.
·        Este trabajo entre seres de distinto sexo, es realizado por personas en situación de  reencarnados, ya que entre los espíritus propiamente dicho, no existe sexo.
·        Durante ese período, cada uno de los componentes, se convierte en héroe a nónimo, al aportar y renunciar a muchas cosas, con la finalidad de lograr la felicidad y bienestar conjunto.
Todo lo anterior es lo teórico, lo ideal. En lo práctico, generalmente no resulta así.
 Existen muchas causas  a las cuales se culpa de este fallo.
·        Egoísmo: el primer pecado humano del cual derivan la mayoría de los otros defectos. La costumbre de pensar y sentir en función de una sola persona, impide a la larga la vida en pareja, como también en la vida comunitaria.
·        Supremacía de la sexualidad y materialismo: Al ir creciendo con el transcurrir del tiempo estas variantes, van creando desarmonías en la pareja, que da al traste con las expectativas  iniciales.
·        Existen otras muchas causas, a las que le son atribuidas el deterioro armónico de la vida en pareja, pero hay una en especial que queremos tratar:
·        Diferencia evolutiva: Cuando dos personas se juntan para vivir en pareja, lo hacen teniendo muchas coincidencias en cuanto a gustos, expectativas, necesidades, metas por cumplir, significado de la sexualidad, paternidad, etc.
Con el transcurso del tiempo, al ir satisfaciendo las necesidades, estas van  desapareciendo, mientras que surgen otras.
Las nuevas; generalmente no son de la misma intensidad  para ambos, tampoco de la misma urgencia en satisfacerla, hasta puede llegar el caso que algunas, sean necesidades, solo para uno de ellos.
Con esto quiero decir que la evolución en cada uno, va a tener diferente velocidad e intensidad y que esto a lo largo puede crear diferencias.
Esto funciona como cuando dos personas se encuentran comenzando a subir la escalera de un edificio, pueden:
·        Ir juntas, hasta que lleguen al destino más bajo, una se quedará y la otra seguirá, a menos que una se sacrifique, desistiendo de ir adonde iba, para acompañar a la otra
·        Si entre ambas hay una diferencia en la velocidad  con la que pueden subir, necesariamente una tendrá que ir más lentamente de lo que pudiera;  mas si quieren ir juntas, de lo contrario, tendrán que separarse, vayan o no al mismo de    stino
En el caso de la vida en pareja, el piso destino es  la meta a la cual desean llegar. La velocidad en subir la escalera, indica la capacidad de evolución de cada uno,
Para acompañarse uno y otro y recorrer en el mismo tiempo todo el trayecto juntos, es necesario existir muchas coincidencias, o en caso contrario hacer gala  de  una gran dosis de comprensión.
 Oswaldo E. Porras Dorta  
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 La  Evolución junto 

 las demás leyes 

cósmicas

         La Evolución del Ser espiritual se realiza en medio de la actuación y la influencia reguladora que de forma coordinada, ejercen todas las demás leyes cósmicas y espirituales, pues todas en conjunto son tendentes en su conjunción y consecuencia final, a conducir al Ser espiritual por el sendero y meta ilimitada de la evolución espiritual, y esta no es otra que poniendo a prueba y certificando a cada paso el Amor Divino, Principio y fin de todo lo creado.
La evolución del Ser espiritual que somos cada uno de nosotros, se realiza a lo largo de muchas experiencias humanas, sobre todo a través del esfuerzo por comprender, conquistar y asumir la Ley del Amor, así como todos los valores morales y éticos que conlleva. Y con este esfuerzo mencionado tiene que ver también la Ley del Trabajo, no como esfuerzo puramente físico, sino como esfuerzo de perfeccionamiento espiritual y crecimiento intelectual, como también volitivo y moral.
Ninguna ley espiritual o cósmica de las que existen a pesar de que las ignoremos, tendría razón de existir y de estar en constante actuación coordinada con las demás leyes cósmicas que apoya, si no fuera para la conducción del Ser espiritual hacia el logro de una meta, y esta , como ya hemos dicho , es el acercamiento o crecimiento sin límites hacia un grado de Perfección ilimitado.
La primera etapa evolutiva la realizamos a través de tantas y tantas existencias en los mundos físicos mediante la ley de la Reencarnación, . Asimismo con esta última se relaciona estrechamente otra ley que regula a la misma, llamada Ley de Causa y Efecto, o ley del Karma, que a su vez tiene que ver directamente con la ley de de Vibración y Afinidad, también llamada Ley de Sintonia Espiritual. Asimismo todas las demás leyes cósmicas también confluyen y se complementan para conquistar con la coordinación y el apoyo de todas, una perfección del Espíritu a través de la Evolución.


- Jose Luis Martín -

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Vivir es un arte. Todos nacemos con programas definidos que nos posibilitan el progreso. Por eso, todo momento es importante.
También todas las experiencias de lo cotidiano nos enriquecen.Disfrutar de cada una de ellas sacando el máximo provecho, debe ser la meta del hombre sabio. Esto significa aprovechar bien la vida. No desperdiciar ninguna de sus oportunidades.
  Redacción de Momento Espirita.
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JUSTICIA  Y 

PROGRESO

La ley superior del Universo, es el progreso incesante, la ascensión de los seres hacia Dios, hogar de las perfecciones. Profundidades del abismo de vida, por un camino infinito y una evolución constante, nos le acercamos. En el fondo de cada alma es depositado el germen de todas las facultades, de todas las fuerzas; le corresponde a ella hacerlos nacerpor sus esfuerzos y sus trabajos. Contemplado bajo este aspecto, nuestro adelanto, nuestra felicidad futura es nuestra obra. La gracia no tiene más razón de ser. La justicia irradia sobre el mundo; porque, si todos nosotros luchamos y sufrimos, todos nosotros seremos salvados.
También se revela aquí en toda su grandeza el papel del dolor, su utilidad para el adelanto de los seres. Cada globo que rueda en el espacio es un vasto taller donde la sustancia espiritual es trabajada sin cesar. Así como un mineral grosero, bajo el efecto del fuego y las aguas, se convierte poco a poco en un metal puro, así el alma humana, bajo los martillos pesados del dolor se transforma y se fortifica. Es en medio de las pruebas que se forjan los grandes caracteres. El dolor es la purificación suprema, el horno donde funden todos los elementos impuros que nos manchan: el orgullo, el egoísmo, la indiferencia. Es la sola escuela donde se afinan las sensaciones, donde se aprenden la piedad y la resignaciónestoica. Los goces sensuales, atándonos a la materia, retrasan nuestra elevación, mientras que el sacrificio y la abnegación, nos sueltan con anticipación de esta pesada carga, nos preparan para nuevas etapas, a una ascensión más alta. El alma, purificada, santificada por las pruebas, ve terminar las encarnaciones dolorosas. Abandona para siempre los globos materiales y se eleva en la escala magnífica de mundos felices. Recorre el campo ilimitado de los espacios y de las edades.
 A cada paso adelante, ve ensanchar su horizonte y aumentar su radio de acción; percibe cada vez más, de forma distinta, la gran armonía de las leyes y de las cosas, participa en ellas de forma más estrecha, más efectiva. Entonces el tiempo se borra para ella; los siglos fluyen como las horas. Unida a sus hermanas, compañeras de eterno viaje, persigue su ascensión intelectual y moral en el seno de una luz siempre creciente.
 De nuestras observaciones y de nuestras búsquedas se deduce así una gran ley: la pluralidad de las existencias del alma. Vivimos antes del nacimiento y reviviremos después de la muerte. Esta ley da la clave de problemas hasta ahora insolubles. Sólo ella explica la desigualdad de las condiciones, la variedad infinita de las aptitudes y de los caracteres.

Conocimos o conoceremos sucesivamente todas las fases de la vida social, atravesaremos todos los medios. En el pasado, estábamos como estos salvajes que pueblan los continentes retrasados; en el futuro, podremos elevarnos a la altura de los genios inmortales, los espíritus gigantes que, semejantes a faros luminosos, alumbran la marcha de la humanidad. La historia de ésta es nuestra historia.
 Con ella, recorrimos las vías arduas, sufrimos las evoluciones seculares que relatan los anales de las naciones. El tiempo y el trabajo: he aquí los elementos de nuestros progresos.
 Esta ley de la reencarnación muestra de manera brillante la justicia suma que reina sobre todos los seres. Por turno forjamos y quebramos nosotros mismos nuestras cadenas.
 Las pruebas horrorosas entre las que sufren algunos de nosotros son, en general, la consecuencia de su conducta pasada. El déspota renace esclavo; la mujer alta, la vanidosa de su belleza, repetirá un cuerpo informe y miserable; el ocioso volverá mercenario, encorvado a una tarea ingrata. El que hizo sufrir sufrirá a su vuelta. Inútil buscar el infiernoen regiones desconocidas o lejanas, el infierno está en nosotros, se esconde en los pliegues ignorados del alma culpable, y sólo la expiación puede dar término a sus dolores. No hay penas eternas. ¿Pero, diremos, si otras vidas precedieron al nacimiento, por qué perdimos la memoria? ¿Cómo podremos expiar con éxito las faltas olvidadas?
 ¡La memoria! ¿No sería un pesado grillete atado a nuestros pies? ¿Saliendo apenas de etapas de furor y de bestialidad, que debió ser este pasado de cada uno de nosotros? ¡A través de las etapas pasadas, cuantas lágrimas vertidas, cuanta sangre derramada por
nuestros hechos! Conocimos el odio y practicamos la injusticia. ¡Qué carga moral sería esta perspectiva larga de faltas para un espíritu todavía endeble e inseguro! 
 ¿Y además, la memoria de nuestro propio pasado no estaría vinculada íntimamente a la memoria del pasado de los demás? ¡Qué situación para el culpable, señalado al hierro candente para la eternidad! Por la misma razón, los odios, los errores se perpetuarían, cavando divisiones profundas e imborrables, en el seno de esta humanidad ya tan desgarrada. Dios hizo bien de borrar de nuestros cerebros débiles la memoria de un pasado temible. Después de haber bebido el brebaje del olvido, renacemos a una nueva vida. Una educación diferente, una civilización más amplia hacen desvanecerse las quimeras que frecuentaron en otro tiempo nuestros espíritus. Aliviados de tan pesado equipaje avanzamos con paso más rápido por las vías que nos son abiertas.
 Sin embargo, este pasado no es borrado tanto que no pudiéramos entrever algunos vestigios. Si, separándonos de influencias exteriores, descendemos al fondo de nuestro ser; si analizamos con cuidado nuestros gustos, nuestras aspiraciones, descubrimos cosas que nada en nuestra existencia actual y con la educación recibida puede explicar. Por lo tanto, de ahí logramos reconstituir este pasado, si no en sus detalles, por lo menos en sus grandes líneas. En cuanto a las faltas arrastran en esta vida una expiación necesaria, aunque momentáneamente sean borradas de nuestra vista, la causa primera no deja de subsistir,siempre visible, es decir nuestras pasiones, nuestro carácter fogoso, que las nuevas encarnaciones tienen por objeto amaestrar, suavizar.
 Así pues, si dejamos en las puertas de la vida los recuerdos más peligrosos, traemos por lo menos con nosotros el fruto y las consecuencias de trabajos realizados, es decir una conciencia, un juicio, un carácter tales como les dimos forma nosotros mismos. Lo innato no es más que la herencia intelectual y moral que nos legan las vidas desvanecidas.
 Y cada vez que se abren para nosotros las puertas de la muerte; cuando, liberada del yugo material, nuestra alma escapa de su prisión de carne para volver al mundo de los Espíritus, entonces el pasado reaparece poco a poco delante de ella. Una tras otra, sobre la ruta seguida, revisa sus existencias, las caídas, las paradas, las marchas rápidas. Ella
misma se juzga midiendo el camino recorrido. En el espectáculo de sus vergüenzas o de sus méritos, mostrados ante ella, encuentra su castigo o su recompensa.
 ¿Siendo el fin de la vida el perfeccionamiento intelectual y moral del ser, qué condición, qué medio es el más conveniente mejor para conseguir este fin? El hombre puede trabajar en este perfeccionamiento en todas las condiciones, en todos medios sociales; sin embargo, tendrá éxito más fácilmente en ciertas condiciones determinadas.
 La riqueza proporciona al hombre medios poderosos de estudio; le permite dar a su espíritu una cultura más desarrollada y más perfecta; pone entre sus manos las facilidades más grandes para aliviar a sus hermanos desgraciados, de participar, con vistas al mejoramiento de su suerte en fundaciones útiles. Pero son raros los que consideran un deber trabajar en el alivio de la miseria, en la instrucción y en la mejora de sus semejantes.
La riqueza deseca demasiado a menudo el corazón humano; extingue esta llama interior, este amor al progreso y a las mejoras sociales que alberga toda alma generosa; eleva una barrera entre los poderosos y los humildes; hace vivir en un medio que no alcanzan los desheredados de este mundo y donde, por consiguiente, las necesidades, los dolores de éstos son casi ignorados, desconocidos siempre.
La miseria tiene también sus peligros espantosos: la degradación de los caracteres, la desesperación, el suicidio. Pero mientras que la riqueza nos hace indiferentes, egoístas, la pobreza, acercándonos a humildes, nos hace compadecernos con su dolor. Sí, hay que haber sufrido para apreciar los sufrimientos de otro. Mientras que los poderosos, en el seno de los honores, se envidien entre ellos y procuren rivalizar en brillantez, los humildes, vecinos por la necesidad, viven a veces en conmovedora confraternidad.
Mira a las aves de nuestros climas durante los meses de invierno, cuando el cielo es sombrío, cuando la tierra está cubierta de un abrigo blanco de nieve; apretadas unas contra otras, al borde de un tejado, se calientan mutuamente en silencio. La necesidad les une.
Pero vienen los bellos días, el sol resplandeciente, la comida abundante, pían a cual mejor, se persiguen, se pelean, se hieren. Así es el hombre. Dulce, afectuoso para sus semejantes en los días de tristeza; la posesión de los bienes materiales lo hace demasiado a menudo duro y olvidadizo.
Una condición modesta convendrá mejor al espíritu deseoso de progresar, de adquirir las virtudes necesarias para su ascensión moral. Lejos del remolino de los placeres mentirosos, juzgará mejor la vida. Preguntará a la materia qué es necesario para la conservación de sus órganos, pero evitará caer en costumbres perniciosas, hacerse presa de las necesidades innumerables y ficticias que son las plagas de la humanidad. Será sobrio y laborioso, contentándose con poco, atándose por encima de todo a los placeres de la inteligencia y a las alegrías del corazón.
Tan fortificado contra los asaltos de la materia, el sabio, bajo la luz pura de la razón, verá resplandecer su destino. Iluminado sobre el fin de la vida y el por qué de las cosas, se mantendrá firme, resignado ante el dolor; sabrá usarla para su depuración, para su adelanto.
Se enfrentará a la prueba con coraje, sabiendo que la prueba es saludable, que es el choque que desgarra nuestras almas, y que, por este rasgón solo, puede derramarse la hiel que está en nosotros. Si los hombres se ríen de él, si es víctima de la injusticia y de la intriga, aprenderá a soportar pacientemente sus dolores trasladando sus miradas hacia nuestros hermanos mayores, hacia Sócrates bebiendo la cicuta2, hacia Jesús en la cruz, hacia Juana de Arco en la hoguera. Se consolará en el pensamiento que los más grandes, más virtuosos, los más dignos, sufrieron y murieron para la humanidad.
Y cuando por fin, después de una existencia bien cumplida, vendrá la hora solemne, será con calma y sin pesar que acogerá a la muerte; la muerte, a la que los humanos rodean de un aparato siniestro; la muerte, el espanto de los poderosos y de los sensuales, y que, para el pensador austero, es sólo la liberación, la hora de la transformació n, la puerta que se abre al imperio luminoso de los Espíritus.
Este umbral de las regiones supraterrenales, lo atravesará con serenidad su conciencia, libre de las sombras materiales, se levantará delante de él como un juez, representante de Dios, pidiéndole: "¿que hiciste de tu vida? Y responderá: luché, sufrí, amé, enseñé el bien, la verdad, la justicia; les di a mis hermanos el ejemplo de la rectitud, de la dulzura; alivié a los que sufren, consolé a los que lloran. 
Y ahora, que El Eterno me juzga,
¡heme aquí en sus manos!"
- León Denis- ( El por qué de la vida )


 
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