miércoles, 25 de febrero de 2015

Sobre las manifestaciones visuales (1ª)

AMOR SUBLIME AMOR
El amor es el sentimiento por excelencia, y los sentimientos son los instintos elevados a la altura del progreso alcanzado. En su punto de partida el hombre solo posee instintos. Una vez que adelanta y se corrompe, solo tiene sensaciones. Pero cuando se instruye y purifica, posee sentimientos. Y el punto culminante del sentimiento es el amor.

Amar, es ser leal, probo y concienzudo, con el fin de no hacer a los demás aquellos que no deseamos se hiciera con nosotros mismos.

El amor es un sentimiento superior en el que se funden y se armonizan todas las cualidades del corazón; es la
coronación de las virtudes humanas, de la dulzura, de la caridad, de la bondad; es el nacimiento en el alma de una fuerza  que nos impulsa, por encima de la materia, hacia las  virtudes divinas; nos une a todos los seres y despierta en nosotros felicidades intimas que llegan mucho más lejos que todas las voluptuosidades terrenas.

Amar es sentirse vivir en todos  y por todos; es consagrarse hasta el sacrificio, hasta la muerte, a una causa a un ser.

El amor es la celestial atracción de las almas y de los mundos, la potencia divina que une los universos, los gobierna  y los fecunda. ¡El amor es la mirada de Dios!

El amor profundo como el mar e infinito como el cielo, envuelve a todos los seres. Dios es su Centro. Como el Sol se
eleva indiferentemente sobre todas las cosas y da calor a la Naturaleza entera, el amor divino vivifica a todas las almas; sus rayos penetran a través de las tinieblas de nuestro egoísmo e ilumina con resplandores y temblores el fondo de todo corazón humano. Todos los seres han sido hechos para amar.

El amor a de sustentarnos en nuestras dudas, consolarnos en nuestros dolores, reanimarnos en los desfallecimientos; para así pedir a nuestro Padre que nos ayude a conquistar un porvenir mejor.

El amor es un tesoro que, cuanto más se divide, más se multiplica y se enriquece a medida que se reparte.

Cuanto más se esparce, más se agiganta. Se fija con más poder, cuanto más se irradia. Nunca perece, porque no se entibia ni se debilita, dado que su fuerza reside en el acto mismo de darse, de tornarse vida.

El amor es el oxigeno para el alma, sin el cual esta se extenúa y pierde el sentido de vivir. Es invencible porque triunfa sobre todas las vicisitudes y celadas.

Cuando es aparente, de caracteres sensualista, que solo busca el placer inmediato, se debilita y se envenena o se entorpece dando lugar a la frustración.

Cuando es real, estructurado y maduro, que espera, estimula, renueva, no se satura, es siempre  nuevo e ideal, armónico, sin altibajos emocionales, une a las personas, las reúne, las identifica en el placer general de la fraternidad, alimenta el cuerpo y dulcifica el yo profundo.

El placer legítimo proviene del amor pleno, generador de la felicidad, el amor común es devorador de energías y de formación angustiante.

El amor atraviesa diferentes fases: la infantil, que tiene un carácter posesivo, el juvenil, que se expresa por la inseguridad, el maduro pacificador, que se entrega sin reservas y se presenta pleno.

La ambición, la posesión, la inquietud genera inseguridad – los celos, la incertidumbre, la ansiedad afectiva, la cobranza de cariños y atenciones, la necesidad de ser amado, son características del amor infantil, la obsesión dominante, que piensa solamente en si en vez de en el ser amado.

La suave, dulce y tranquila confianza, la alegría natural y sin alarde, la exteriorización del bien que se puede y se debe ejecutar, la compasión dinámica, la posesividad la no dependencia, la no exigencia, son premios que otorga el amor pleno, pacificador, imperecedero.

El amor se expande como un perfume que se impregna, agradable. Suavemente, porque no es agresivo ni embriagador ni apasionado…

El amor debe ser siempre el punto de partida de todas las aspiraciones y la etapa final de todos los anhelos humanos.

El clímax  del amor se encuentra en el sentimiento que Jesús  ofreció a la Humanidad y que prosigue donando, en Su condición de Amante no Amado.
El amor suaviza el ardor de las pasiones canalizándolas correctamente hacia las aflicciones desbastadoras de que se revisten.

El amor es quien ilumina la faz oscura de la personalidad, conduciéndola al conocimiento de los defectos y auxiliándola en la realización inicial de la auto-estima, paso importante para vuelos más audaces y necesarios.

Se hace presente en el individuo le confiere belleza y alegría, proporcionándole gracia musicalidad, produciendo una irradiación de bienestar  que se exterioriza, tornándose vida, aunque las circunstancias sean de dificultad, problemas y dolores.

El amor  no tiene pasado, no se inquieta por el futuro. Es siempre hoy y ahora. No hay quien resista la fuerza dinámica del amor.

No se instala en el corazón de un momento para otro, hay un proceso que recorrer.

Presenta sus prelminares en la amistad que despierta interés por otro y se expande en la ternura, en forma de gentileza para consigo mismo y para con aquel a quien se dirige.

Es tan importante que, cuando está ausente, pierde el sentido de la belleza y de la vida que existe en todo. Es una luz permanente en el cerebro y paz continua en el corazón.

Instalemos el amor en el corazón para que vivifique el espíritu y  con su resplandor se expanda  a los alrededores, dando vida al suspiro de Dios que todos tenemos impulsándonos a crecer y evolucionar, amando y respetando la vida a nuestro alrededor, solo por el amor conseguirá el hombre llegar a Dios, es la fuerza que lo eleva, que lo impulsa y deja sin a penas darse cuenta de pertenecer al suelo porque desprendido de los intereses mundanos el hombre asciende rápidamente por esa fuerza llamada amor.

Es a través del amor, invencible amor, que el ser se
espiritualiza y avanza en la dirección del infinito, plenamente realizado, totalmente sano, por tanto feliz.

La síntesis propuesta por Jesús en torno del amor, es de las más bellas psicoterapias que se conoce: Amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos, en una trilogía armónica.
Debemos amar mucho para ser amados.”El amor es de esencia divina y desde el primero  hasta el último de los hombres, poseemos en el fondo del corazón la chispa de ese fuego sagrado”.

Así, en cualquier circunstancia del tiempo o lugar, en cielo claro o sombrío, en la salud o en la enfermedad, en la realización o en la caída, en el poder o en la dependencia, entre amigos o adversarios, para la plenitud y perfecta paz, amemos mucho más y distribuyamos siempre más amor, porque solo el amor tiene la substancia esencial para traducir la realidad del Padre en nuestras vidas.

 EXTRAIDO del libro Amor Invencible Amor de Divaldo Franco y de la inspiración de Merchita
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                               Reflexión 

El médium ACTIVO Y AVANZADO puede por lo general recibir la ayuda de todo un equipo de espíritus.
Con frecuencia ese equipo incluye un protector o guía espiritual, un guía avanzado que puede establecer protección alrededor del médium y otras personas que han establecido contacto.
Muchas veces estos guías espirituales trabajan con el médium toda la vida de este y entonces se establece un lazo íntimo.
Aunque los espíritus carecen de género sexual, a los médium se les puede aparecer como hombre o mujer.
Angeles.C.M.
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SOBRE LAS MANIFESTACIONES VISUALES
(Primera parte)

Uno de las manifestaciones mediúmnicos más interesantes son las visuales.  Esto se da más frecuente durante el sueño, sin embargo, ciertas personas las ven también  durante la vigilia, pero es más raro.
Los hechos de apariciones son mucho más frecuentes y generales de lo que se cree; pero  muchas personas  no los confiesan por temor al ridículo, otros lo atribuyen a la ilusión. Se multiplican  en ciertos pueblos, porque en ellos se conservan  más cuidadosamente  las tradiciones  verdaderas o falsas, a que se prestan más o menos el aspecto de las localidades, todas, casi siempre adornadas  por el atractivo de lo maravilloso. La credulidad  hace ver efectos sobrenaturales en los fenómenos más vulgares; el silencio de la soledad; la escabrosidad de los torrentes, el mugido del bosque, las ráfagas de la tempestad, el eco de las montañas, la forma fantástica de las nubes, las sombras, las ilusiones ópticas, todo, en fin, se presta para ilusionar a imágenes sencillas y cándidas, que cuentan de buena fe lo que han visto, o lo que han creído ver. El estudio formal del Espiritismo nos conduce a poder separar  de la realidad todos los accesorios ridículos de la superstición.
Los espíritus  no tienen siempre la posibilidad de manifestarse a la vista, causas  independientes  de su voluntad pueden impedirlo; es por eso que las personas en las que se piensa más, que deseamos ardientemente verlas de nuevo, nunca se presentan en sueño, y si a otras que nos son indiferentes  y que no pensamos en ellas.
Aunque solemos ver también cuando estamos perfectamente sanos, es en la enfermedad donde nuestros lazos materiales están más relajados; la debilidad del cuerpo deja mayor libertad al Espíritu, y  entramos con más facilidad en comunicación con los otros Espíritus.
Las manifestaciones mediúmnicos están extendidas por toda la Tierra, pero representan caracteres distintos  según los pueblos  en los cuales tiene lugar. En aquellos que la escritura es poco adquirida no hay médiums escribientes; en los otros abundan. En otras partes se dan los ruidos y movimientos de objetos, que comunicaciones  inteligentes, porque estas son menos estimadas y  buscadas.
Las comunicaciones  visuales suelen suceder más por la noche que por el día porque la gran claridad puede borrar una aparición ligera; pero tanto por la noche como por el día, se dan y de hecho quienes   tienen apariciones   son por el día.



La visión de los Espíritus se puede producir en estado normal  y en estado extático. Perfectamente pueden tener lugar en las dos condiciones; sin embargo, las personas que los ven están muchas veces en un estado particular muy cerca del éxtasis que les da  una especie de doble vista (El Libro de los Espíritus ítem 447)
Los que ven a los espíritus, se creen verlos a través de los ojos, pero esto en realidad no es así, es el alma la que ve, y se prueba esto el que los pueden ver con los ojos cerrados.
Para hacerse el Espíritu visible, el medio que utiliza es el mismo que  el de todas las manifestaciones, tiende a las propiedades del periespiritu pudiendo sufrir diversas modificaciones  a gusto del Espíritu.
Cuando se está durmiendo, el Espíritu se desprende  de los lazos materiales; es más libre  y puede más fácilmente ver a los Espíritus  con los cuales se relaciona, pues en el sueño se goza de libertad y no se deja de ver, aunque al despertar no se recuerde nada, la mayoría de las veces.
No hace falta el ser un espíritu elevado para tener la facultad de la videncia, tanto los más elevados, como los más inferiores, pueden tener esta facultad.
Todos los espíritus  queden manifestarse visiblemente, pero para esto  no siempre tienen el permiso ni la voluntad de hacerlo.
El fin que tengan para manifestarse puede ser bueno o malo, eso dependerá de su naturaleza.
Aunque la intención de un espíritu sea mala,  y se hagan visibles para asustar y vengarse, Dios lo puede permitir para probar a aquellos que se aparecen, y el resultado puede ser bueno.
En cambio el buen espíritu si se hace visible es para consolar  a aquellos que se aparecen que lamentan su ausencia, probándoles que existen  y que están cerca, dando consejos la mayoría de las veces y algunas veces reclamando asistencia para ellos mismos.
El ver constantemente a los espíritus, alteraría, mortificaría  su forma de actuar, le quitaría la iniciativa en la mayor parte de los casos, más que creyéndose solo sin ver a nadie a su alrededor obra más libremente.  Los incrédulos  no se convencen de esta gran verdad, porque la mayoría están ciegos por su orgullo, incluso se han dado casos de estos, ver y no por eso creen, dándole cualquier explicación menos la real.
La manifestación de la videncia es para demostrar que no se muere, atestiguar que los espíritus  de las almas que partieron al otro lado de la vida siguen a nuestro lado, una vez que se ha evidenciado el espíritus, no está siempre a nuestro lado, el al otro lado de la vida, también tiene cosas que hacer, por eso su manifestación   n tiene los inconvenientes de la permanencia.
Lo grosero de la envoltura corporal en el planeta Tierra es lo que hace difícil  esta relación con los Espíritus; cuanto más nos acercamos  a la naturaleza espiritual, más fácilmente entramos en relación con los Espíritus
Cualquier Espíritu es menos peligroso que un viviente, por eso si pensamos racionalmente no nos asustaremos cuando se hagan visibles; no necesitamos de verlos para saber que están a nuestro lado. Si desea hacernos daño puede hacerlo sin necesidad de dejarse ver; no es peligroso porque sea un espíritu y si por su influenciación en el pensamiento desviándonos del bien  e induciéndonos al mal.
Hay que tener más miedo a un malhechor que aun espíritu, pues este es más peligroso vivo que muerto. El malhechor cuando estamos durmiendo plácidamente puede atacarnos si está vivo, pero si no lo está, no podrá hacer nada, y menos si nosotros no nos dejamos influenciar por el.
Se puede conversar perfectamente con el espíritu que se aparece,  y lo mejor es preguntarle la causa de su visita, que es lo que desea, si nos dice que está sufriendo y desea desahogarse con nosotros, nuestra conmiseración y acogimiento sincero le puede aliviar; si es un espíritu benévolo puede venir a aconsejarnos, y la forma en cómo lo hace es a través de la transmisión del pensamiento.
Los espíritus no tienen alas, sin embargo se transportan por todas partes, se aparecen según el modo con el que quieren afectar a la persona a la cual se muestran; algunos se aparecen con la vestimenta vulgar, otros envueltos en ropajes, algunos con alas, como atributo de la categoría de los Espíritus que representan.
Las personas que vemos en los sueños, son aquellas que nuestro espíritu ya encontró, o que viene a encontrarnos.
En el estado material en que nos encontramos, los Espíritus solo pueden hacerse visibles  gracias al periespiritu (vestido del espíritu) es el intermediario por el cual obran en nuestros sentidos. Bajo esa envoltura  aparecen  algunas veces con una forma humana o cualquier otra, ya sea en sueños, ya sea en estado de vigilia, lo mismo en la luz que en la oscuridad. Ellos combinan  los fluidos, y el periespiritus  produce una disposición particular que no tiene analogía para el hombre   y que lo hace perceptible.
Los espíritus que se aparecen no pueden tocarse, son impalpables, sin embargo pueden impresionarnos en el tacto y dejar trazos de su presencia y aun en ciertos casos  venir a ser momentáneamente  tangibles; cosa que nos prueba que entre ellos y nosotros hay una materia.
Durante el sueño, todos podemos ver a los espíritus, pero no en el estado de vigilia. En el sueño el alma ve  sin intermediario; en la vigilia está siempre más o menos sujeta a la influencia de sus órganos; por esto las condiciones  no son siempre las mismas.  Esta facultad depende de su organismo; proviene  de la facilidad más o menos grande que tiene el fluido del vidente para combinarse con el del Espíritu. Es por eso  que no basta que el Espíritu  quiera mostrarse; es preciso, además,  que encuentre en la persona a la cual quiere hacerse ver, la aptitud necesaria.
La visión general y permanente de los Espíritus  es excepcional, y no está en las condiciones normales  del hombre,  esta facultad, puede desenvolverse  como las otras facultades, pero es una de aquella en que vale más esperar  su desenvolvimiento natural a provocarlos, por el temor  de sobreexcitar la imaginación.
Muy raramente se puede provocar la aparición de los Espíritus; casi siempre suele ser espontanea. Para poderlo hacer  es menester  estar dotado de una facultad especial.  Y lo hacen   con la forma humana que es la forma normal; el espíritu puede   variar su apariencia, pero siempre es el tipo humano. Pueden desprenderse de ellos una luz, otros efectos, para así atestiguar su presencia; pero estas cosas son como adornos, no el mismo espíritu. La llama muchas veces solo es una ilusión óptica o una emanación del periespiritu; en todos los casos no es más que una parte de este; el periespiritu no aparece entero sino en las visiones.
La ignorancia  y la superstición da creencia  y atributos  fatuos a la presencia de almas o Espíritus. la llama  azul que apareció, según se dice, sobre la cabeza del niño Servius Tullius era real; producida por el Espíritu  familiar que quería advertir a la madre. Esta madre, médium vidente, había percibido  un rayo del Espíritu protector de su hijo. Todos los médiums videntes  no ven al mismo grado, así como los médiums escribientes no escriben, todos,  la misma cosa. Mientras que esta madre solo veía  una llama, otro médiums podría haber visto el mismo cuerpo del Espíritu.
Los Espíritus pueden presentarse bajo la forma de animales; sin embargo los que lo hagan bajo esta apariencia son siempre Espíritus muy inferiores. En todos los casos solo sería una apariencia momentánea; porque sería absurdo el creer que un animal cualquiera pudiese ser la encarnación real de un Espíritu. Los animales son siempre animales y no otra cosa.
Las personas que conocen el Espiritismo no dan creencia a esto ya que es absurdo,  ridículo e imposible   semejante metamorfosis. Solo la superstición puede hacer creer  que ciertos animales están animados por Espíritus.

Trabajo realizado por Merchita
Extraído de “El Libro de los Mediums” del capitulo VI

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