miércoles, 1 de junio de 2016

Día nuevo, oportunidad renovada.


LAS TENTACIONES. SUS MANERAS DE SER Y MODO DE COMBATIRLAS.

Así como es muy difícil encontrar en la tierra ningún ser que en su parte física goce siempre y en todas las ocasiones de una salud perfecta, lo es mucho más encontrar un ser verdaderamente equilibrado en su parte moral; nada hay perfecto en este mundo, y así como la atmósfera y la manera de ser en lo material tiene una relación muy distinta en la manera de ser de nuestro organismo y nos predispone a ciertas enfermedades, así los elementos espirituales que nos rodean indagan de tal modo nuestra manera de ser moral que aprovechan lo más insignificante para desarrollar en nosotros sufrimientos morales o malestar interior con el objeto de mortificarnos o detenernos en la vía del progreso, porque los elementos espirituales que constantemente nos rodean se infiltran y penetran en nosotros, como los elementos atmosféricos crean a nuestro alrededor microbios y otros bacilos que desarrollan enfermedades, cuando la manera de ser en nuestro físico no se opone a su desarrollo.

Así pues debemos estar prevenidos para ahuyentar las influencias espirituales tanto como los miasmas materiales, y así como por más precauciones que tomemos no podremos separar del todo las influencias del frío y del calor y otros cambios bruscos, así tampoco por más precauciones que tomemos no podremos separar del todo la tentación; lo que podremos hacer es no caer en lo que a ella nos induzca; y aquí debe estar nuestro método, en esto debemos poner toda nuestra atención y todo nuestro cuidado, aunque esto nos cueste sacrificio.

Con los elementos atmosféricos, ¿qué hacemos? En invierno nos abrigamos y en verano nos desabrigamos y buscamos lugares frescos para que no sintamos tanto las molestias de los rigores del tiempo, y si de todos modos hemos de sufrir las molestias del tiempo, nos conformamos y no las damos importancia; sufrimos resignados y procuramos resistir todo lo posible, y decimos esto es el frío o el calor, esto ya pasará, concluyendo por no hacer caso de ello; pues lo mismo debemos hacer con la tentación, porque es un mal inherente a todos; porque no hay ser encarnado que no sufra, porque casi diríamos es una condición precisa y casi me atrevería a afirmar necesaria a nuestro progreso. Pero entiéndase que la tentación no tiene siempre y en todos los individuos el mismo carácter y las mismas formas; como los grados de virtudes y de defectos son múltiples, varios e infinitos, también son muchas las variedades de tentación.
No siempre el espíritu que nos tienta se vale de incitar deseos y pensamientos malos en nuestro entendimiento sino que a veces penetra en nosotros, y desde dentro nuestra conciencia, nos hace sentir deseos que parece que son una necesidad satisfacerlos; que éstos lo mismo pueden pertenecer al orden físico, como la sensualidad y las distracciones, recreos, vicios, etc., etc., como deseos de venganza, de crítica, de amor desmedido, o de repugnancia hacia determinadas personas. Hay seres de bastante rectitud y buenos deseos en quienes les es muy difícil al espíritu de tinieblas penetrar ni en su entendimiento, ni en su interior; pero muy a menudo sucede que estas personas muchas veces a la primera contrariedad sueltan palabras inconvenientes y dichas con tono áspero, o se excitan por poca cosa, y es que, aunque no sentían, ni en su entendimiento ni en su interior, influencia o malestar alguno, el espíritu de tinieblas tenía aquel ser preparado para darle embestida y hacerle caer, y lo lograría o lo ha logrado a la primera ocasión.

Generalmente la tentación radica en el entendimiento, por eso se llama así; pero no es esta sólo lo que ejecuta el espíritu de tinieblas para hacernos caer. Sucede, a veces, que el ser siente una tristeza y un malhumor, muchas veces sin motivo aparente, y si lo hay, es a veces tan insignificante que el mismo individuo se sorprende que motivo tan deleznable le produzca tanto malestar; este estado es más bien posesión que tentación; el espíritu que causa este estado, si no se le resiste mucho, puede hasta no solamente quitar la tranquilidad y poner al individuo en una situación comprometida, sino alterarle la salud. Ya explicaré, después, los medios para resistir a este estado. A veces la tentación o posesión reviste otra forma y es la de prendarse demasiado de otra persona, que, sin saber por que, se siente hacia ella un afecto injustificado; esta posesión la ejerce el espíritu de tinieblas para hacer cometer injusticias; esto lo mismo puede suceder entre y dentro de la familia, como al tratar personas extrañas; esta clase de posesión, como la anterior, a veces hace sufrir mucho y se necesita mucha fuerza de voluntad para contrarrestarla.
Aquí es cuando debemos recordar las palabras del Señor y Maestro: Velad y orad; es cuando debemos tener el pensamiento muy levantado y ejercer un grande espíritu de justicia, para no separarnos ni en nada ni para nada de lo que sea justo, y si con esto no podemos separar la posesión, no debemos cansarnos de pedir y tener pensamientos elevados y oponer una paciencia y resignación a toda prueba, que con esto el ser encarnado adelanta mucho; estas penas ocultas que a veces por nada del mundo el ser comunicaría a nadie tienen gran mérito ante Dios y hacen muy fuerte al espíritu encarnado. No debe olvidarse nunca que en la tierra no tendremos nunca paz completa, y si esta llegamos a sentirla alguna vez, durará poco; así pues, cuando seamos atormentados por estos estados, debemos ser fuertes, resistir y oponer una paciencia, serenidad y calma sin límites; al mismo tiempo no debernos olvidar que a pesar de la pena que en un momento dado nos puede ocasionar, en un momento dado desaparece y nos quedamos tan tranquilos como si nada hubiese sucedido; esta es la causa de estos cambios tan súbitos en la lucha que hay entre los espíritus que nos aman y los que nos aborrecen; por eso nunca debemos desconfiar de los seres del espacio que nos aman; al contrario, debemos confiar mucho en ellos y pedirles y suplicarles su protección cuando nos veamos apurados, que mucho hacen para nosotros si nos ponemos en condiciones para recibirlos o para recibir de ellos la influencia necesaria en nuestras necesidades. La tentación de pensamiento no nos causa tanta pena como la posesión; esta debemos combatirla, extirpando pasiones, vicios y deseos ilícitos; esta tentación la conoce todo el mundo menos los que están dominados por la incredulidad, pero los que en algo creemos respecto a la vida venidera, todos la conocemos.

Por el médium Miguel Vives

Extraído del libro "Guía práctica del espiritista"


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Día nuevo oportunidad renovada.

Cada amanecer representa divina concesión que no puedes ni debes ignorar.
Por lo tanto mantente en la actitud positiva hacia los acontecimientos que puedan presentarse.
Todos los momentos se deben enfrentar con optimismo.
Coraje al enfrentar las luchas naturales.
Recomience la tarea interrumpida.
Cada mañana es un llamado a la serenidad y a la conquista de los proyectos que parecen inalcanzables.
A medida que avanza el día, aprovecha los minutos sin prisas y nunca postergues el deber.

No te aflijas ante el volumen de las cosas que tienes en frente.
Dirige cada acción a su finalidad específica.
Después de completar un proyecto, inicia otro y sin quejarte ante los
acontecimientos desagradables, vuelve a hacerlo con disposición en el el estado de ánimo, avanzando paso a paso hasta el momento de la conclusión de los deberes planificados.

Amaneciendo comienza tu día con alegría renovada y siempre el pasado negativo enriquécelo con la experiencia que se constituirá en recurso valioso para la victoria que buscas.


Espíritu de Joanna de Angelis


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LA REENCARNACIÓN HUMANA Y SU PAPEL EN LA EVOLUCIÓN ESPIRITUAL.
* La reencarnación hace referencia a la multiplicidad de vidas físicas o encarnaciones, es decir, que un mismo ser o espíritu que ha animado un cuerpo desde el nacimiento hasta la muerte puede volver a encarnar en un nuevo recién nacido y vivir una nueva vida en el mundo físico.

- ¿Cuál es el objetivo de la reencarnación respecto a la evolución espiritual?


* El aprendizaje espiritual se asemeja al que tiene lugar en la escuela. En la escuela existe una alternancia de periodos de estudio con periodos de evaluación o examen, donde el alumno tiene que demostrar lo que ha aprendido. Lo mismo ocurre con el aprendizaje espiritual. En la etapa de desencarnado el espíritu estudia y se prepara espiritualmente. En el periodo de encarnado se trata de poner en práctica lo que se ha aprendido sin ningún tipo de coacción, es decir por voluntad libre del espíritu encarnado. Cada encarnación es una oportunidad de evaluación de un curso en particular. Si se supera esta evaluación se
pasará al estudio de un curso más avanzado, que se iniciará en el plano espiritual con el aprendizaje de nuevas enseñanzas espirituales. Cuando el espíritu está preparado y sus nuevos conocimientos asimilados, volverá a encarnar para afianzarlos en su interior con la práctica.

- A mí me parece que hay personas que afrontan en la vida pruebas muy duras que yo no sé si sería capaz de superar.


* En cada encarnación cada espíritu afronta unas pruebas que son propias de esa encarnación y que están de acuerdo con su capacidad espiritual. El espíritu conoce antes de encarnar qué tipo de pruebas necesita para avanzar y se prepara concienzudamente para poder superarlas con éxito en el periodo en el que no está encarnado, al igual que el deportista que participa en una final de competición no llega a ésta por casualidad, sino que se ha entrenado concienzudamente durante todo el año, habiendo superado previamente diversas pruebas de calificación. Por tanto, a nadie se le enfrenta a pruebas que no puede superar.

-¿ Cuál es la necesidad de la reencarnación. ¿Por qué es necesario vivir más veces en el mundo físico?


* ¿Acaso un alumno acaba su formación en un solo curso? Aunque haya aprendido muchas cosas en un sólo curso, siempre habrá algo que no haya podido aprender y que requiera más tiempo. El espíritu en evolución es también un alumno y también necesita de más de un curso, es decir de más de una vida, para aprender todo lo que necesita y quiere.

-¿ No podría vivirse aquí una vez y luego pasar a otro plano de la existencia y seguir allí evolucionando sin necesidad de volver a la Tierra?


* Podría pero, al igual que sería un despilfarro tirar un vestido después de habérnoslo puesto una sola vez, sería una infrautilización del mundo material que sólo pudiéramos usarlo una única vez, unos 100 años como máximo que puede durar una de vuestras vidas físicas, con la de miles de millones de años que ha costado que se forme un planeta y que se hayan desarrollado las condiciones para albergar vida. Es una cuestión de optimización de recursos. ¿Acaso vosotros tenéis escuelas para un sólo año? En vuestro mundo, un alumno pasa al menos seis años en el mismo colegio sin necesidad de cambiar de centro. Por ejemplo, en un colegio de primaria, el alumno estará desde los 6 a los 12 años. Sólo
cuando el alumno completa su formación de primaria y pasa a la enseñanza secundaria, cambia de centro. Pues lo mismo ocurre con el espíritu en formación. Vuestro planeta es como una escuela de primaria donde los espíritus en edad de primaria vienen a aprender. Cuando el espíritu haya aprendido todo lo que esa escuela, es decir, ese mundo, pueda enseñarle, podrá entonces pasar a otra escuela en la que se imparta una educación superior, es decir, podrá encarnar en otro mundo más acorde con su nivel evolutivo y necesidades de aprendizaje. Mientras, continuará evolucionando en ese mundo, o en
otro de semejante nivel.

- ¿Y por qué si hemos vivido antes, no nos acordamos de otras vidas?


* Es una necesidad del espíritu en vuestro actual estado evolutivo.

- ¿ Por qué necesitamos olvidar ese supuesto pasado de otras vidas?


* Es necesario para concentraros en los objetivos de la actual vida, sin que haya recuerdos propios o de otras personas que impidan que el espíritu actúe con libre albedrío, para que su actuación no esté condicionada por los actos del pasado.

- Esto parece estar en contradicción con la ley de evolución progresiva,ya que si el espíritu no puede recordar lo aprendido en vidas anteriores,¿no es como si volviera a empezar de cero cada vez?


* Se olvidan los recuerdos concretos pero no lo aprendido espiritualmente.Esto queda retenido por el espíritu en su memoria espiritual, aunque no en la memoria física, que ciertamente parte de cero en cada encarnación.
Cuando el espíritu encarna en un nuevo cuerpo, ese cuerpo es como un ordenador nuevo con la memoria a cero que se le da al alumno al iniciar el curso, que el alumno irá empleando para aprender. Con el tiempo, el cuerpo físico se desgasta hasta el punto de que no le sirve al espíritu para seguir avanzando. Entonces es cuando se hace necesario
“jubilar” el ordenador viejo, es decir, desencarnar. La memoria física, el cerebro, se descompone con el resto del cuerpo, pero no la memoria espiritual, que retiene todo lo aprendido en esa vida. En el estado de desencarnado, el espíritu puede acceder a todos los detalles de encarnaciones anteriores, ya que deja de estar restringida su capacidad a la capacidad del cuerpo físico.


-Entonces ¿podremos recordar todas nuestras vidas anteriores cuando hayamos muerto?


Todo lo vivido en las encarnaciones de un espíritu, y del periodo entre vidas físicas queda archivado para uso personal del espíritu, aunque mientras el espíritu está poco evolucionado, su capacidad de explorar en esta memoria esta restringida a las vidas más recientes. La penetración en la memoria espiritual de las vidas anteriores aumenta
conforme el espíritu evoluciona.


( Aportado por Mª Ángeles Calatayud )

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NO JUZGUÉIS PARA NO SER JUZGADOS

 ( Jesús de Nazaret)

     El Maestro Jesús se servia siempre de las imágenes del mundo terreno, conocidas en su época, para exponer las enseñanzas espirituales, de modo que los hombres pudieran asimilarlas  lo más profundamente posible, pues se encontraban más allá del límite objetivo de la vida física. Siendo sabio, Jesús conformaba sus parábolas de  tal forma que aun hoy sirven de ejemplo efectivo,y a pesar de estar orientadas con encuadres y descripciones correspondientes a aquella época, hoy en día estimulan y orientan la dinámica mental para un mayor  conocimiento sobre la vida inmortal del espíritu. Gracias a la persistente dedicación y a las conclusiones inteligentes de Allan Kardec  para conformar la doctrina espirita, el hombre actual puede valorar con más precisión las leyes y los fenómenos de la vida espiritual.

     Los Médiums preparados, estudiosos y fieles a los principios Kardecianos han dado paso a los espíritus mensajeros e instructores, que han ofrecido sus pensamientos, ayudando a la humanidad a percibir el contenido esotérico del Evangelio de Jesús, permitiendo realizar una interpretación más espiritual y menos humana.

     “No juzguéis para no ser juzgados” significaba para los hombres de aquella época cristiana, una severa advertencia contra la injusticia, la maledicencia y la calumnia, que en cierta forma se ajustaba admirablemente al tipo de vida judía.    Después de la alborada del Espiritismo, ese mismo contenido se delinea en su intimidad esotérica y se vuelve más genérico con relación a la vida del espíritu inmortal. En vez de ser una sentencia regular, se amplia en su sentido moral, abarcando en cierta forma, el proceso Kármico. Ya no es un concepto disciplinado para el pueblo judío únicamente, sino que se refiere a la continuidad de la vida espiritual, abarcando los juicios buenos o malos que el espíritu pronuncia en el transcurso de todo el largo proceso que comprende su Angelitud.


     En el futuro, el hombre pasara a comprender, que la miniatura del metabolismo cósmico palpita activamente en la intimidad de su alma. Los conceptos de Jesús “ no juzguéis para no ser juzgados “ y “ no condenéis para no ser condenados “ son importantes advertencias de que toda acción negativa del espíritu repercute en su propio perjuicio, puesto que juzgar al prójimo es “ medirse “ a sí mismo.-

     El Maestro Jesús advierte y aclara respecto a los prejuicios y liviandad, al espíritu que juzgándose santificado, muchas veces condena los mismos pecados que él cometió otrora, o que aun podrá cometer en la actual existencia o bien, en próximas vidas.

     Conforme más se integra el espíritu en el concepto de la justicia suprema y desenvuelve el amor, deja de juzgar a sus hermanos menos evolucionados, librándose con más rapidez de la simplicidad justa de la ley del Karma, que actúa en forma impersonal y para la rectificación espiritual.

     Si juzgamos al prójimo con amor  y buena intención con que nos juzgamos a nosotros mismos nos salvaremos, pues con ello manifestamos un elevado principio de honestidad espiritual, dado que juzgamos y condenamos al prójimo con el mismo nivel de culpa y penalidad que desearíamos para nosotros mismos.

     Jesús deja entrever que la mayoría de los hombres eran “pecadores “por eso ¡ninguno podía juzgar a nadie ¡ de ahí su advertencia incisiva y evangélica para los imprudentes, que veían  la “ paja en el ojo ajeno sin ver la viga en el suyo”.

     En los conceptos evangélicos de Jesús, se comprueba el fatalismo de una ley implacable, justa y bienhechora, que tanto corrige al espíritu en falta, como le da los elementos para alcanzar una vida venturosa y espiritual. Sus enseñanzas se confirman constantemente a través del pasar de los siglos, pues conforme explica la doctrina espirita, el hombre termina enfrentándose con las situaciones desagradables que sembró otrora.

     La ley de acción y reacción es  la que rige específicamente los conceptos de “No juzguéis para no ser juzgados “. Cualquier injusticia que el espíritu pueda cometer a otros en sus encarnaciones, tendrá que indemnizar o pagar, a la victima en forma satisfactoria por el error cometido, tanto como sea, es decir, en lo moral y en lo físico, conforme a los postulados de la  “Ley del Karma “. Ello demuestra que en la persona permanece indestructible el sentido de responsabilidad espiritual de pagar a quien fuera injustamente afectado. En consecuencia la “ley del Karma “también asegura a todos los inocentes perseguidos del mundo, una indemnización doble o triple, que será cumplida por sentencia correctiva por el culpable. Además de obligar a los culpables a pagar a quien afecto, injustamente, la ley proporciona a su vez nuevos caminos de recuperación espiritual a la víctima, la cual debe ajustarse de inmediato al mismo grado que debería encontrarse cuando fue indebidamente afectado.

     De ahí la temática fundamental de Jesús cuando anuncio el concepto de “bienaventurados los perseguidos por la justicia o sea, las almas heridas por las calumnias, infamias e ignominia puesto que serán resarcidas espiritualmente de sus dolores y perjuicios, porque la Divinidad no permite el agravio o distorsión, por pequeño que sea, en su justicia.

     Jesús cuando afirma que los inocentes y perseguidos por las injusticias serán indemnizados por parte de los que los juzgaron mal, nos aclara que bajo la Justicia Divina, alcanzaran mucho más rápida la ventura espiritual, por causa de las injusticias cometida, siempre que no participen en odios y venganzas.

     En consecuencia el “mal juzgador” que calumnia y condena no es afectada únicamente por el “ pecado “ cometido contra su hermano, sino que ha de ser medido en la misma medida con que acostumbra medir a su prójimo, o como dice el precepto Evangélico: “ PAGARA HASTA EL ÙLTIMO CENTAVO “ sufrirá un correctivo, tan grave  y de proporciones por parte de la Ley Karmica, como haya sido el total del perjuicio causado por su injusticia, directa o indirectamente a todas las victimas afectadas en aquella misma vida.

     No deberemos olvidar que El Divino Maestro jamás condena al pecador, pero le advirtió insistentemente respecto al perjuicio que causa el pecado. A a través del Evangelio, ilumina el camino de los hombres y les señala los escollos de los vicios que aniquilan, los abismos de las pasiones peligrosas, del poder y de las falsas glorias humanas, que perjudican la verdadera vida del espíritu inmortal. Enseñaba que la prudencia era un medio eficaz para evitar los deseos impuros, y la sensatez, para que el espíritu encarnado mantuviera el exacto rumbo del norte  espiritual.

     Recomendaba al hombre que supiera vivir sobre el mundo material, sin interferir sobre la vida de sus compañeros en prueba.      “Advertía sobre la ambición humana, que se desmedía por la posesión de los tesoros que la polilla come y la herrumbre deteriora, sobre el peligro del orgullo, que explota cual fuego de artificio y luego lanza al espíritu en el infierno fluídico de los charcos purificadores del astral inferior. Recordaba que la perversidad no debía aplicarse con nadie, porque después hería trágicamente al propio autor en la ley implacable del choque de retorno, donde cada uno ha de sufrir conforme a sus obras.”
El Evangelio no es un juzgamiento o condenación para los espíritus incipientes, que se conturban en el largo recorrido de la escala espiritual, a través del mundo de las formas, sino que es un “Código Moral “de vida superior algo semejante a un manual cívico que disciplina la conducta del futuro ciudadano sideral, bajo la miniatura esquemática de las leyes del universo.

     No es su función disciplinar a los hombres para que vivan felices en la vida humana y transitoria, pero sí un tratado sublime y catalizador de las conciencias, para una pronta reintegración  del espíritu al mundo Angélico del “reino de Dios “·

     Jesús, psicólogo sideral, coordinador de todos los instructores que pasaron por la tierra, jamás cometería él equivoco de exigir a un espíritu en los albores de su conciencia que se portara con el mismo sentido de justicia de un iniciado. Seria absurdo exigir a la especie floral, que demuestre en el pequeño botón vegetal su formación, la misma composición, belleza y perfume, que solo pueda ofrecer la rosa, en la plenitud de su fragancia y en su atrayente configuración floral.

     El hombre maduro puede pecar por injusticia, pero arrepentirse sinceramente del acto ignominioso. En su conciencia desenvuelta solo vislumbra el sentido de justicia, cuya evolución lo sublima hasta alcanzar definitivamente el completo estado del amor. Pero la criatura espiritualmente  inmadura no se da  cuenta de sus actos censurables puesto que busca únicamente lo mejor para sí misma e ignora que sus hermanos van buscando también la misma cosa que él y tienen el mismo derecho de ser felices. El egoísmo, por lo tanto, a pesar de ser un acto censurable, sin embargo, fundamenta la convergencia de los hechos y amplia la esfera de los deseos de posesión humana, por lo tanto organiza el centro de conciencia del futuro individuo, el que va creciendo como unidad en el seno de Dios. Solo aparecen los albores de la justicia y se afiniza el sentimiento del hombre por la filantropía, después que se satura, debido a que “carga de más y usa muy poco “. De ahí en más comienza a centellear el espíritu y un sentido primario de la justicia comienza a convencerlo, de que los otros “también merecen poseer tanto como él y no deben ser juzgados o condenados por la misma causa.

      El sentimiento de altruismo aunque inicialmente sea interesado, se desenvuelve de poco a poco y la criatura comienza a donar lo que le sobre o lo que le pesa de más en su patrimonio. Unas veces por habito, otras por sentirse dichoso de dar, el ser adquiere experiencia y aclara su mente, alcanzando la meta del altruismo y lo hace o bien porque siente satisfacción superior o por un “buen negocio con la divinidad” pero en definitiva, lo hace de forma pacifica y agradable.

     Siendo así, el Maestro Jesús no se preocupo ni se preocupa en “Juzgar “o “censurar “al espíritu del hombre, que aun transita por el curso del egoísmo en su peregrinar encarnatorio que es el proceso iniciático y formativo de la conciencia espiritual, lanzada en la corriente evolutiva de la materia planetaria. Es razonable y también justificable que el hombre inmaduro practique injusticias bajo los impulsos y hechos incontrolables de su intimidad egocéntrica y animalizada, y nada de censurable se ve en ello. Pero, para que el ser adquiera el sentido de la justicia, es evidente que debe ser sometido a la rectificación de todo cuanto hace de injusto, conforme lo disciplina la Ley del Karma.

     En verdad, no existe departamento de penalidades creado por Dios, a fin de juzgar y condenar a los espíritus que pecan por las injusticias cometidas, sino que esa Ley, en su pulsación impersonal y responsable por la armonía y equilibrio del Cosmos, equilibra cada cosa y cada ser en su frecuencia electiva, tal como el músico desafinado es advertido por el Maestro para que retome el ritmo armónico del conjunto orquestal.
Los hombres han de procurar pensar deliberadamente o intempestivamente, y  arrepentirse de sus malas obras  y esto le dulcificara la vida, de lo contrario si sigue siendo un insensible en el trato con sus hermanos, le cabe a la Ley providenciar el reajuste o eliminar el defecto de la pieza desequilibrada de la pulsación armónica del universo.

     Una de las extravagancias de la humanidad consiste en ver el mal de los demás antes de advertir el que está en uno mismo. Para poder juzgarse a sí mismo tuviésemos que poder mirarnos a un espejo, transportarnos en cierta manera fuera de sí, y considerarnos como si fuéramos la otra persona, preguntándonos: ¿ qué pensaría yo si viera a otro hacer lo que yo hago?.

     El orgullo es el que mueve al hombre a disimular ante sus ojos sus propias faltas, así como en lo moral como en lo físico. La indulgencia para con el prójimo es un deber, porque no hay persona que no le necesite para sí mismo.

     No debemos juzgar a los demás con mayor severidad que la que nos aplicamos al juzgarnos a nosotros mismos, ni condenar en el prójimo lo que en nosotros disculpamos. Antes de reprochar una falta a alguien, veamos si la misma censura no se nos puede hacer a nosotros.

     La reprobación de la conducta ajena, puede tener dos móviles: o reprimir él mal, o desacreditar a la persona cuyos actos critican. Este último motivo no tiene nunca excusa, porque es maledicencia y ruindad. El primero en cambio, podrá ser loable, y en ciertos casos se torna inclusive en un deber, puesto que del debe resultar un bien, y porque a no ser por ello el mal no seria jamás reprimido en la sociedad. Pues el hombre debe cooperar al progreso de sus semejantes y no debe interpretar en un sentido absoluto el principio critico de: “No juzguéis para que no seáis juzgados”, porque la letra mata y el espíritu vivifica.

     Jesús no podía prohibir que se censure lo que está mal, puesto que El mismo nos ha ofrecido un ejemplo de ello, y lo hizo en términos enérgicos. Lo que quiso decir es que la autoridad de la censura está en razón de la autoridad moral de quien la pronuncie. Hacer lo que en otros condenamos equivale a  abdicar de dicha autoridad.

      La conciencia intima niega todo respeto y sumisión voluntaria a aquel que, hallándose investido de cualquier tipo de poder, viole las leyes y principios que están encargados de aplicar. A los ojos de Dios, solo es legítima aquella autoridad que se apoye en el ejemplo que ella misma da del bien.

     La indulgencia es la virtud dulce y fraternal que todo hombre debe tener para con sus hermanos.

     La indulgencia nos hace ciegos ante los defectos de los demás y si los ve se guarda muy bien de hablar de ellos, de difundirlos, antes por el contrario los esconde, y si la malevolencia llega a descubrirlos, la indulgencia tiene siempre una excusa  pronta para  paliarlos, esto es, una excusa seria y plausible, y no de aquellas que, aparentando querer atenuar la falta, la hacen en cambio resaltar con perdida habilidad-.

     No debemos ocuparnos nunca de los actos malvados de los demás, a menos que sea para prestar un servicio, y aun en tal caso hay que procurar tener el cuidado de atenuarlos todo lo posible. No hacer observaciones chocantes no reproches con los labios, sino que ofrecer tan solo consejos lo mas velados posibles.

     Cuándo se critica, ¿ qué consecuencias se deben extraer de las palabras ¿ acaso los que critican, no han hecho también lo mismo que critican, o acaso piensan que valen más que el culpable?.

     El hombre debe solo ocuparse de sus propios actos y pensamientos, dejando libre el camino de su hermano.

     Hay que ser severo con uno mismo, e indulgente con los demás. Hay que fortificar a los débiles mostrándoles la bondad de Dios, que siempre toma en cuenta hasta el menor de los arrepentimientos.

     Los trabajadores del Señor han de mostrar el ángel de la contrición, que extiende sus blancas alas sobre las faltas de los humanos y las oculta así a los ojos de quien no puede ver lo impuro. El Padre en su infinita misericordia, nos escucha cuando por medio del pensamiento y sobre todo de los actos le decimos: “Perdónanos nuestras deudas así como nosotros perdonamos a los que nos han ofendido. “ Son palabras sublimes, y su letra no es lo único admirable, sino además el compromiso que implican.

     El ser severo con uno mismo e indulgente con los demás, es también una forma de poner en práctica la caridad. Todos tenemos que vencer malas inclinaciones, corregir defectos y modificar hábitos.

     Todos tenemos que depositar un fardo más o menos pesado para ascender a la cima de la montaña del progreso. ¿ Porque ser tan clarividente con las faltas ajenas y ciegos con las nuestras ¿¿ cuando dejaremos de ver la paja en el ojo ajeno, y permaneceremos ciego con la viga que hay en el nuestro?. El verdadero carácter de la caridad es la modestia y la humildad, que consiste en ver de pasada los defectos ajenos, y dedicarse a realzar lo que hay de bueno y virtuoso en los mismos.

     Porque no olvidemos que siempre en el corazón rebelde y corrupto, en lo más recóndito de sus pliegues, brota el germen de unos cuantos sentimientos elevados, es una chispa encendida de la esencia espiritual.

     ¡Bendito sea el Espiritismo, doctrina consoladora y bendita, felices los que te conocen y se benefician con las saludables enseñanzas de los Espíritus del Señor!. Para los espiritas, la voz que escuchan es clara, y a lo largo del camino se leen estas palabras que señalan el medio de alcanzar la meta:

     Caridad para el prójimo como para asimismo: en una palabra, caridad hacia todos y amor de Dios por encima de todas las cosas, porque el amor de Dios resume la totalidad de los deberes, y es imposible amar de veras a Dios sin practicar la caridad, que El ha erigido en Ley para todas sus criaturas.

 - Merchita- (Extraído de diversos libros de espiritismo.)

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 Si hay algo que agradecemos al Espiritismo, es haber retirado la cortina de lo que ocurría más allá de la muerte física.

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