lunes, 15 de mayo de 2017

Actividad nocturna durante el sueño




Programados para el día de hoy.-

- Daniel Douglas Home
- El hombre de bien
- Actividad nocturna durante el sueño.



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                                Daniel Douglas Home 

Fue un médium notable, sobre todo de levitación. Despertaba en las personas, tal vez debido a su temperamento, sentimientos antagónicos de simpatía y antipatía. 
Para muchos científicos, la mediumnidad de Home daba pruebas, más que suficientes, sobre la supervivencia del Espíritu y su comunicabilidad con los encarnados. Otros, lo juzgaban un simple charlatán. 
Entre tanto, es importante señalar que “ninguno de los enemigos de Home pudo probar que él fuese un charlatán”. 

 
Los fenómenos mediúmnicos en los que Home más comúnmente era intermediario fueron: 

1) Previsión (premonición) – iniciada a partir de los 13 años de edad. 

2) Poder sanador – era tan desarrollado que lo estimuló a estudiar Medicina, tarea que no llevó adelante debido a su delicada salud (afección pulmonar). 

3) Efectos físicos diversos – ruidos, golpes, movimientos de objetos, voces (directas) de Espíritus (a veces más de un tipo de voz), escritura directa. 

4) Levitación – su gran don mediúmnico. Por más de cien veces, bajo el testimonio de personas respetables, Home levitó. En presencia del conde y de la condesa de Beaumont y otros convidados, en un castillo cerca de Burdeos, en el año 1857, Home levita sentado en una silla, atraviesa una ventana abierta, saliendo de la sala donde todos estaban y retornando, por otra ventana, al lugar, siempre levitando. 

Arthur Conan Doyle. Historia del Espiritismo. Trad. De Julio Abreu Hijo. San Pablo: PENSAMIENTO, 1960, P. 169-86. La carrera de D.D. Home

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                                          EL HOMBRE DE BIEN 

El verdadero hombre de bien es el que practica la ley de justicia, de amor y de caridad en su más grande pureza. 

Si pregunta a su conciencia sobre sus propios actos, mira si ha violado esta ley; si no ha hecho daño, si ha hecho todo el bien “que ha podido”, si ha despreciado voluntariamente alguna ocasión de ser útil, si alguien tiene quejas contra él; en fin, si ha hecho a otro lo que hubiera querido que hicieran por él. 

Tiene fe en Dios, en su voluntad, en su justicia y en su sabiduría; sabe que nada sucede sin su permiso, y se somete en todas las cosas a su voluntad. 

Tiene fe en el porvenir; por esto coloca los bienes espirituales sobre los temporales. 

Sabe que todas las vicisitudes de la vida, todos los dolores, todos los desengaños, son pruebas o expiaciones y las acepta sin murmurar. 

El hombre penetrado del sentimiento de caridad y de amor al prójimo hace bien por hacer bien, sin esperanza de recompensa; devuelve bien por mal, toma la defensa del débil contra el fuerte, y sacrifica siempre su interés a la justicia. 

Encuentra su satisfacción en los beneficios que hace, en los servicios que presta, en las felicidades que reparte, en las lágrimas que enjuga y en los consuelos que da a los afligidos. Su primer impulso es pensar en los otros antes que pensar en sí, buscar el interés de los otros antes que el suyo propio. El egoísta, al contrario, calcula los provechos y las pérdidas de toda acción generosa. 

Es bueno, humano y benévolo para con todo el mundo, sin excepción “de razas ni de creencias”, porque mira a todos los hombres como hermanos. 

Respeta en los demás todas las convicciones sinceras, y no anatematiza a los que no piensan como él.

 En todas las circunstancias la caridad es su guía; dice que el que causa perjuicio a otro con palabras malévolas, que hiere la susceptibilidad de otro por su orgullo y desdén, que no retrocede ante la idea de causar una pena, una contrariedad, aun cuando sea ligera, pudiendo evitarlo, falta al deber de amor al prójimo y no merece la clemencia del Señor. 

No tiene odio, ni rencor, ni deseo de venganza; a ejemplo de Jesús, perdona y olvida las ofensas y sólo se acuerda de los beneficios; porque sabe que él será perdonado, así como él mismo habrá perdonado.

 Es indulgente para con las debilidades de otro; porque sabe que él mismo necesita de indulgencia y se acuerda de aquellas palabras de Cristo: “Que el que esté sin pecado arroje la primera piedra”. 

No se complace en buscar los defectos de otro ni en ponerlos en evidencia. Si la necesidad le obliga, busca siempre el bien que puede atenuar el mal. 

Estudia sus propias imperfecciones y trabaja sin cesar para combatirlas. Todos sus esfuerzos consisten en poder decir al día siguiente, que hay en él alguna cosa mejor que en la víspera. 

Nunca procura hacer valer su imaginación ni su talento a expensas de otro; por el contrario, busca todas las ocasiones de hacer resaltar lo que es ventajoso para los demás. 

No está envanecido por su fortuna, ni por sus ventajas personales, porque sabe que todo lo que se le ha dado, puede perderlo. 

Usa, pero no abusa de los bienes concedidos, porque sabe que es un depósito del cual deberá dar cuenta y que el empleo más perjudicial que pudiese hacer de ellos para sí mismo, es hacerlos servir para satisfacción de sus pasiones. 

Si el orden social ha colocado a los hombres bajo su dependencia, les trata con bondad y benevolencia, porque son sus iguales delante de Dios; usa de su autoridad para moralizarles y no para abrumarles por su orgullo, evitando lo que puede hacer más penosa su posición subalterna.

El subordinado, por su parte, comprende los deberes de su posición y procura cumplirlos religiosamente. 

El hombre de bien, en fin, respeta en su semejante todos los derechos que dan las leyes de la naturaleza como quisiera que se respetaran en él. 

Esta no es la relación de todas las cualidades que distinguen al hombre de bien; pero cualquiera que se esfuerce en poseerlas, está en camino de poseer las demás. 

Los buenos espiritistas 
El Espiritismo bien comprendido, pero, sobre todo, bien sentido, conduce forzosamente a los resultados expresados más arriba, que caracterizan al verdadero espiritista como al verdadero cristiano, siendo los dos una misma cosa. 
El espiritismo no viene a crear una moral nueva; facilita a los hombres la inteligencia y la práctica de la de Cristo, dando una fe sólida e ilustrada a los que dudan o vacilan. 

Pero muchos de los que creen en las manifestaciones no comprenden ni sus consecuencias, ni su objeto moral; o, si los comprenden, no se las aplican a si mismos. 

¿En qué consiste esto? ¿es un defecto de precisión de la doctrina? No, porque no contiene ni alegorías ni figuras que puedan dar lugar a falsas interpretaciones; su esencia es la misma caridad, y esto es lo que constituye su fuerza, porque se dirige a la inteligencia. Nada tiene de misterioso, y sus iniciados no están en posesión de ningún secreto oculto para el vulgo.

Para comprenderla, ¿es precisa una inteligencia privilegiada? No, porque se ven hombres de una capacidad notoria que no la comprenden, mientras que las inteligencias vulgares, y aun de jóvenes apenas salidos de la adolescencia, comprenden sus matices más delicados con admirable precisión. Esto depende de que la parte de algún modo «material» de la ciencia, sólo requiere vista para observar, mientras que la parte «esencial» requiere cierto grado de sensibilidad que se puede llamar la «madurez del sentido moral», madurez independiente de la edad y del grado de instrucción, porque es inherente al desarrollo, en un sentido especial, del espíritu encarnado.

 En los unos, los lazos de la materia son aún muy tenaces para permitir al espíritu desprenderse de las cosas de la tierra; la niebla que los rodea les quita la vista del infinito; por esto no dejan fácilmente ni sus gustos, ni sus costumbres, ni comprenden nada mejor de lo que ellos poseen; la creencia en los espíritus es para ellos un simple hecho, pero modifica muy poco o nada sus tendencias instintivas; en una palabra, sólo ven un rayo de luz insuficiente para conducirles y darles una aspiración poderosa y capaz de vencer sus inclinaciones. 

Se fijan en los fenómenos más que en la moral, que les parece venal y monótona; piden sin cesar a los espíritus que les inicien en nuevos misterios, sin preguntar si se han hecho dignos de entrar en los secretos del Creador. Estos son los espiritistas imperfectos, de los cuales algunos se quedan en el camino o se alejan de sus hermanos en creencias, porque retroceden ante la obligación de reformarse, o reservan sus simpatías para los que participan de sus debilidades o de sus prevenciones. Sin embargo, la acepción del principio de la doctrina es el primer paso que les hará el segundo más fácil en otra existencia. 

El que puede con razón calificarse de verdadero y sincero espiritista está en un grado superior de adelantamiento moral; el espíritu, que domina más completamente la materia, le da una percepción más clara del porvenir; los principios de la doctrina hacen vibrar en él las fibras que permanecen mudas en los primeros; en una palabra, «tienen el corazón enternecido»; su fe es también a toda prueba. El primero es como el músico que se conmueve por ciertos acordes, mientras el otro sólo comprende los sonidos.

 «Se reconoce el verdadero espiritista por su transformación moral y por los esfuerzos que hace para dominar sus malas inclinaciones», mientras el uno se complace en un horizonte limitado, el otro, que comprende alguna cosa mejor, se esfuerza en ir más allá y lo consigue siempre cuando para ello tiene una firme voluntad. Allan Kardec. El Evangelio según el Espiritismo. CAP. XVII. 

Revista Actualidad Espiritista -Julio 2012

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Actividad Nocturna del Espíritu (Desdoblamiento)


Aluney Elferr Albuquerque Silva


Durante el sueño el Espíritu se desprende del cuerpo debido a que los lazos fluídicos son más ténues. La noche es un largo periodo en el que queda libre para actuar en otro plano de existencia. Por tanto, varían los grados de desprendimiento y lucidez. No todos se apartan de su cuerpo, pero permanecen en el ambiente doméstico; temen hacerlo al sentirse constreñidos en un medio extraño (aparentemente).
Otros se mueven en el plano espiritual, pero sus actividades y compresiones dependen del nivel de elevación. El principio que rige la permanencia fuera del cuerpo es el de la afinidad moral, expresada conforme la explicación anterior, por medio de la afinidad vibratoria o sintonía.
El espíritu será atraído hacia regiones y compañías que estén armonizadas y sintonizadas con él a través de las acciones, pensamientos, instrucciones, deseos e intenciones, o sea, impulsos predominantes, pudiendo así subir más o degradar más.
El libidinoso tendrá entrevistas eróticas de todos los tipos, el avariento tratará de negocios grandiosos (materiales) y raros, utilizando la astucia. La esposa quejosa encontrará consejos contra su marido y así en adelante. Los amigos se encuentran para conversaciones edificantes. Los enemigos entrarán en lucha. Los aprendices harán cursos. Los cooperadores trabajarán en sus campos predilectos, y así  sucesivamente. 
Para esta maravillosa doctrina, conforme a tales consideraciones, el sueño es la recordación de una parte de la actividad que el espíritu desempeñó durante la liberación permitida por el sueño. Según Carlos Toledo Rizzini, la interpretación freudiana encara el sueño en dirección al pasado, revelando un aspecto de la personalidad. 
Para el Espiritismo el sueño también satisface los impulsos y es una expresión del estilo de vida, con una gran diferencia: la de no procesarse solo en el plano mental, sino que es una experiencia genuina del espíritu, que se pasa en un mundo real y con situaciones concretas. 
Como vimos, el espíritu libre temporalmente de los lazos orgánicos, emprende actividades nocturnas que se podrán caracterizar solamente por la satisfacción de los bajos impulsos, como también trabajando y aprendiendo mucho. En esta experiencia fuera del cuerpo, en la oportunidad del desprendimiento a través del sueño, el ser, podrá ver con claridad la finalidad de su existencia actual, recordando el pasado entrevé el futuro, todavía la amplitud o no de esas posibilidades es relativa al grado de evolución del espíritu.
Verifiquemos tres cuestiones del Libro de los Espíritus, en el capítulo VIII, preguntas 400, 401 y 403. 
P-400 "El Espíritu encarnado permanece con gusto en su cuerpo material?- Es como si preguntases a un presidiario si le gustaría salir de la cárcel. El espíritu aspira siempre a su liberación  y tanto más desea verse libre de su envoltura, cuanto más grosera es esta. 
P-401 "¿Durante el sueño el alma reposa como el cuerpo?- No, el espíritu jamás está inactivo. Durante el sueño se aflojan los lazos entre el cuerpo y el espíritu, que se lanza por el espacio y entra en relacción con los otros espíritus sintonizados con él. 
P-403 "¿Cómo podemos juzgar la libertad del espíritu durante el sueño?- Por los sueños. 
El sueño libera parcialmente el alma del cuerpo, cuando adormecido, el espíritu se halla en el estado en que se halla después de la muerte de su cuerpo. 
El sueño es el recuerdo de lo que el espíritu vio durante el sueño. Podemos notar que no siempre soñamos. Pero ¿qué decir de eso?. Que no siempre recordamos lo que vimos, o de todo lo que hemos visto mientras dormimos. Es que no tenemos aún el alma en pleno desarrollo de sus facultades. Muchas veces solamente nos queda el recuerdo de la perturbación que nuestro Espíritu experimentó. 
Gracias al sueño los Espíritus encarnados están siempre en relación con el mundo de los Espíritus. Las manifestaciones, que se traducen muchas veces en visiones e inclusive "asombraciones" más comunes se dan durante el sueño por medio de los sueños. Ellas pueden ser: una visión actual de las cosas, futuras, presentes o ausentes; una visión del pasado y en algunos casos excepcionales, un presentimiento del futuro. Muchas veces también son cuadros alegóricos que los Espíritus nos ponen a la vista, para darnos útiles avisos y saludables consejos, si se trata de Espíritus buenos, y para inducirnos al error, a la maledicencia, a las pasiones, sinson Espíritus imperfectos. 
El sueño es una expresión de la vida real de la personalidad. El espíritu proc ura atender a deseos e intenciones inconscientes y conscientes durante ese tiempo de libertad temporal. Según el grado, tipo de sintonía y armonía generada por la afinidad moral con otros Espíritus, se dirige automáticamente a la parte del mundo espiritual que mejor satisfaga esa sintonía y sus metas y objetivos, aunque no sean lícitos; y ahí cuenta con amigos, socios, enemigos, desafectos, parientes, "maestros", etc.
Contamos  dos clases de sueños.  La primera es el sueño premonitorio, cuando se toman algunas consideraciones o consejos sobre algún acontecimiento futuro. El segundo es la pesadilla, o sea, el sueño ansioso en el que entra el terror. Es también una experiencia real, pero es penosa; el soñador se ve presionado por enemigos o por animales monstruosos, o tienen que atravesar zonas tenebrosas, sufrir castigos, que de hecho son vivencias provocadas por agentes del mal l por desafectos de esta o de otras vidas.

Preparación para el Sueño

Verificando el lado físico de la cuestión, vamos ver la importancia del sueño, por el hecho de que pasamos 1/3 de nuestra jornada durmiendo, en esta actividad el cuerpo físico reposa y libera toxinas. Para el lado espiritual el espíritu se liga con sus amigos e intercambia informaciones y experiencias. 
      Preparémonos para nuestro reposo diario:
Orgánico- cenas ligeras, higiene, respiración moderada, trabajo moderado, conducción de nuestro cuerpo en una postura sin extravagancias. 
Mental Espiritual- lecturas edificantes, conversaciones saludables, meditación, oración, serenidad, perdón, buenos pensamientos.
No nos olvidemos que toda  oración se fortalece con actos vueltos al bien, pues entonces, actividades altruistas posibilitan una mejor afinidad con los buenos espíritus.

Perispíritu y Desdoblamiento

Aunque durante toda la vida, el Espíritu queda fijado al cuerpo por el periespíritu, no es tan esclavo que no pueda alargar su corriente y transportarse lejos, sea en la Tierra o en cualquier otro punto del espacio. (Allan Kardec, La Génesis, Cap. XIV, It 23)
Gabriel Delanne en el "El Espiritismo ante la Ciencia", concluye: La mejor prueba  de la existencia del periespíritu es mostrar que el hombre puede desdoblarse en ciertas circunstancias.
                     Desdoblamiento
Es el nombre que se da al fenómeno de exteriorización del cuerpo espiritual o periespíritu.
El periespíritu, aunque ligado al cuerpo se distancia del mismo, formando entonces parte del mundo espiritual, aunque esté ligado al cuerpo por lazos fluídicos. Fenómenos estos, naturales, que reposan sobre las propiedades del periespíritu, su capacidad de exteriorizarse, de irradiarse, sobre sus propiedades después de la muerte que se aplican al periespíritu de los vivos (encarnados). 
Los lazos que unen el periesìritu al cuerpo temporal, se aflojan, por decirlo así, facultando al espíritu a mantenerse en relativa distancia, pero no desligado de su cuerpo. Y esta ligazón permite al espíritu tomar conocimiento de lo que pasa con su cuerpo y retornar instantáneamente si algo aconteciese. El cuerpo por su vez, queda con sus funciones reducidas, pues los fluidos periespirituales quedan alejados de él, permaneciendo solamente lo necesario para su mantenimiento. Este estado en el que queda el cuerpo en el momento del desdoblamiento, también depende del grado de desdoblamiento que acontezca.

Los desdoblamientos pueden ser:

a) conscientes : Este se caracteriza por el recuerdo exacto de lo ocurrido, cuando al volver al cuerpo el ser recuerde los hechos y actividades por él desempeñadas en el acto de desdoblamiento. El sujeto es capaz de ver su "Doble" bien próximo, o sea, de verse él mismo en el momento exacto en que se inicia el desdoblamiento. Fácilmente, en estos casos, se siente levantando primeramente la cabeza y el resto del cuerpo, después. Algunos fluctúan en el aire y ven el cuerpo carnal dejado abajo; otros se ven al lado de sus cuerpos. Esta recordación es bastante profunda y la consciencia es altamente clara en este instante. Existe una ligación todavía profunda de los fluídos periespirituales entre el cuerpo y el periespíritu, facilitando así las recordaciones post- desdoblamiento.
b) inconscientes: Al retornar el ser no se acuerda de nada. Tenemos que recordar que en la mayoría de las veces la actividad que desempeña el ser en el momento del desdoblamiento, queda como experiencias para el propio ser como espíritu, siendo recordado en algunos momentos para el despertar de algunas dificultades y vienen como intuiciones o ideas.
Los fluidos periespirituales son en este caso, mas bien tenues y la dificultad de recordación inmediata queda un poco más trabajosa, pues todavía las informaciones y las experiencias quedan almacenadas en la memoria periespiritual, pudiendo salir a flote en el futuro.
En realidad la palabra inconsciente, es utilizada por deficiencia del lenguaje, pues, inconsciencia no existe, teniendo a la vista el despertar del espíritu, llevando consigo todas las experiencias efectuadas por el mismo, entonces colocamos la palabra inconsciente aquí, y solamente para atestiguar la temporal inconsciencia del ser mientras está encarnado.
c) voluntarios: Si la propia persona promueve este distanciamiento.
Analicemos algo bastante singular, en no todos los desdoblamientos voluntarios hay consciencia, pues como dijimos arriba, podrán haber algunos recuerdos de lo ocurrido, existen aún muchas dificultades, en el momento en que el espíritu a través de su periespíritu, se aproxima nuevamente a su cuerpo, por la densidad de los órganos cerebrales es posible que haya bloqueo de esas experiencias. Es necesario subrayar que el ser encarnado en la Tierra, aún se encuentra distante de controlar todos sus potenciales, y por eso también hay este olvido. En vista de esto, algunas personas hasta provocan el desdoblamiento y en el momento de consciencia tienen miedo y retornan al cuerpo apresuradamente, dificultando aún más el recuerdo.
Los desdoblamientos también pueden ocurrir en los momentos de reflexión, cuando nos encontramos analizando profundamente nuestros actos y cuya actividad nos propicia a encontrarnos son seres que nos quieren orientar para el bien, parte de nuestro periespíritu se expande y va a captar las experiencias y orientaciones debidas.
d) provocados: A través de procesos hipnóticos y magnéticos, agentes desencarnados o incluso encarnados, pueden propiciar el desdoblamiento del ser encarnado. Los buenos Espíritus pueden provocar el desdoblamiento o ayudarlo, siempre con fines superiores. Pero los espíritus obsesores también pueden provocarlo para producir efectos maléficos. Sintonizando con las deficiencias morales de los desencarnados, se propicia así una mayor facilidad para que los espíritus malhechores puedan provocar el desligamiento del cuerpo físico, atayendo al ser encarnado para sus experiencias fuera del cuerpo. La ley que ejerce esta dependencia es la de afinidad.
e) emancipación Letárgica: Se desarrolla de la emancipación parcial del espíritu, pudiendo ser causada por factores físicos o espirituales. En este caso el cuerpo pierde temporalmente la sensibilidad y el movimiento, la persona no siente nada, pues los fluidos periespirituales están mucho más tenues en relación a la ligación con el cuerpo. El ser no ve el mundo exterior con los ojos físicos, y por unos instantes se hace incapaz de sentir la vida consciente, a pesar de la vitalidad del cuerpo para seguir ejecutándose.                                                   Hay flacidez general de los miembros. Si suspendemos un brazo, al soltarlo caerá. 
f) emancipación Cataléptica: Como la de arriba, también resulta de la emancipación parcial del espíritu. En ella existe la pérdida momentánea de sensibilidad, como en la letargia también existe una rigidez en los miembros. La inteligencia se puede manifestar en estos casos. Difiere de la letárgica por no afectar todo el cuerpo, pudiendo ser localizado en una parte del cuerpo en la que sea menor el envolvimiento de los fluídos periespirituales.

EL ALMA RECUERDA CUANDO SU CUERPO DUERME


Cuando dormimos, nuestra alma se despierta. No somos nuestro cuerpo, en esencia, somos la conciencia que habita en nuestro cuerpo.
Cuando se adormece el cuerpo, disminuye el metabolismo físico, relajamos la mente y así permitimos que nuestra consciencia- que se encuentra asentada en el alma- se desligue temporalmente y viaje por los más diferentes lugares en las dimensiones extrafísicas.

DIFERENTES ASEDIOS

Podemos viajar en presencia de nuestros amigos espirituales y seres de luz, si estamos sintonizados con vibraciones positivas. En esa condición, normalmente es cuando acordamos sentirnos bien, realizados y felices con la vida.
Podemos también ser obsesados por espíritus sombríos, por desordenados en el plano espiritual, por desafectos de otras vidas, y hasta por otros seres encarnados también, en proyección astral. Todo eso depende de la condición en la que vamos a dormir. Y en el caso de esos tipos de asedio- infelizmente muy comunes- acostumbramos a despertar con sensaciones ruines, como dolores de cabeza, mal estar, desánimo por la vida, entre otros.
Podemos quedar presos de nuestros cuerpos a causa de la aceleración del metabolismo provocada por errores en la alimentación y de esa forma no salimos en proyección. Eso también acontece cuando estamos hiperactivos mentalmente.
En estos casos lo que ocurre es que el cuerpo físico se relaja parcialmente y con eso nuestra consciencia no se libera por completo. Normalmente en esas situaciones, después del periodo de sueño, la persona relata que no consiguió descansar normalmente y más después de haber dormido varias horas, no encuentra una sensación de plenitud física y mental.

LA PROYECCIÓN ASTRAL

Es la facultad que tiene el alma de proyectarse fuera de su físico durante el sueño. Esta se mantiene ligada al cuerpo denso por medio del cordón de plata. Existen dos tipos de proyección básicamente, la consciente, en la que el proyector tiene discernimiento sobre sus actos y pensamientos, y la no consciente, en la que no hay recuerdo de la salida del cuerpo. Por tanto todos estamos habilitados para realizar esa práctica. Sucede conmigo, acontece contigo, sucede a todo el mundo, pues esa es una naturaleza del alma humana. Todavía muchas personas acostumbran a creer que eso es locura y que no es posible.

¿ Y EN CUANTO A LOS SUEÑOS?

Cuando dormimos, nuestra consciencia experimenta básicamente tres principales patrones. Estos son:
1- Sueños construidos con base en los elementos vividos durante el día:
En ese caso, la persona acostumbra a soñar con situaciones mezcladas, que reunen elementos confusos, como entrar por una puerta, después verse en una silla, después surgir un perro, conversar con el jefe, pelear con el vecino, después entrar en un circo en que el payaso va a tomar un vaso de zumo, dentro de un elevador que tiene asas y vuela hasta una cocina, que tiene al Tirica como cocinero, y así por delante. En resumen, nada se liga a nada.
 Ese tipo de sueño manifiesta el padrón mental desorganizado, agitado, tenso, cansado. Es la reunión de signos mentales que solo revelan que la persona está precisando desacelerar su mente.
2- Recordaciones de vidas pasadas:
Cuando los sueños tienen mensajes siempre muy parecidos y afectan emocionalmente a la persona, con gran intensidad, este da indicios de tener relación con situaciones de vidas pasadas que afloran durante el sueño como una recordación perturbadora. Aquellos sueños que tienen siempre los mismos elementos, como una guerra, una persecución, un abandono o una situación específica, y que la persona ya lo soñó repetidas veces, manifiestan probablemente recordaciones de vidas pasadas.
3- Encuentros espirituales en las proyecciones astrales:
Cuando estamos liberados del cuerpo físico, apenas ligados por el cordón de plata, podemos, como ya se ha dicho, tener contactos con variadas situaciones y otras conciencias extrafísicas, de amor o no, de luz o no. También podemos encontrar parientes y amigos desencarnados. En esos casos, muchas veces la persona al despertar, no se acuerda de nada, pero  ¿y en las situaciones en que la memoria funciona bien?, cualquiera puede percibir la nitidez y la riqueza de detalles en la que la experiencia acontece.

EL MAYOR APRENDIZAJE

Adquirir el hábito de prepararnos conscientemente pzra el sueño,ecualizando nuestros pensamientos en elevadas vibraciones, purificando nuestro espíritu, calmando nuestra mente, procurando manifestar una intención positiva, de tener una proyección astral provechosa y armoniosa.
Es importante la realización de la oración, magnetizada por la voluntad de servir a los planos de luz en aquello que los seres de amor entiendan que sería la tarea adecuada para nosotros.
También podemos y debemos pedir entrenamientos e instrucciones en las escuelas del plano espiritual, con el objetivo de seguir evolucionando en la experiencia física.
Prepárese para el sueño, cuide de su energía antes de embarcar en el viaje del alma, y jamás, de manera alguna, se adormezca nutriendo sentimientos de rabia, revuelta, venganza y dolor de cabeza, porque ellos pueden ser el lazo de ligación entre su alma y los planos más densos y sus representantes.

 
 ¿ A donde vamos durante el sueño ?

 Para donde vamos durante el sueño.
Era mañana de sol en las proximidades del mar.
La esposa despertó ansiosa por contar al marido la experiencia que tuvo la noche anterior.
Estaban físicamente separados por cerca de 5 días, en ciudades diferentes, y la nostalgia ya llamaba fuerte.
Hacía más de treinta años dividían la misma cama, la misma vida, y cualquier separación aunque rápida, ya era sentida por ambos.
Tomando el teléfono, entonces ella le cuenta que en la noche anterior tuvo una sensación muy especial.
Echada en la  cama, en los primeros instantes del sueño, sintió el perfume de él, como si él acabase de salir del baño y se hubiese puesto a su lado, como siempre hacía en casa.
Además del aroma agradable,percibió una presencia muy fuerte, como si él realmente estuviese allí.
Se giró rápidamente, pero no había nadie.
El marido, del otro lado de la línea, oía todo también emocionado.
Cuando ella terminó la narración, él le dijo:
Pues yo también viví una experiencia singular en esta noche.
En la madrugada me desperté con la seguridad de que tu estabas durmiendo a mi lado. Tenía la certeza de que tu estabas allí. Pero cuando miré para tu lugar de la cama, nada vi.
Terminaron los dos la conversación, sorprendidos, diciendo:
¡ Y...¿ Por qué no nos encontramos esta noche?!
Muchos de nosotros tenemos historias muy peculiares sobre el periodo del sueño.
Aquellos que consiguen recordar más claramente los sueños, tienen experiencias muy ricas, a veces, que merecen nuestro análisis.
¿ A donde vamos durantre el sueño?. ¿Todos esos recuerdos serán apenas producto del cerebro ?.
El Espiritismo nos lo viene a aclarar, afirmando que durante el periodo de sueño, el alma se emancipa, esto es, se aparta del cuerpo temporalmente.
De esta forma, lo que conocemos como sueños son los recuerdos de lo que el Espíritu vió y vivenció durante ese tiempo.
Cuando los ojos se cierran con la visigta del sueño, nuestro Espíritu parte disparado por influjo magnético, hacia los lugares de su preferencia.
A través de la atracción producida por la afinidad, buscamos muchas veces a aquellos que nos son queridos, amigos, compañeros y amores.
Por eso es que aquellos que mucho se aman en la Tierra, pueden encontrarse en el espacio y continuar juntos.
Es así como encontramos Espíritus amados, que ya no se encuentran con nosotros físicamente, y compartimos con ellos momentos indescriptibles.
A veces recordamos, pero otras no, pero siempre conservamos en lo íntimo, buenos sentimientos, o la sensación de haber vivido una experiencia agradable.
El Espíritu sopla conde quiere, y aun en nuestro aparente reposo, percibiremos que él está activo siempre.
* * *
Podemos  prepararnos mejor para conseguir tener buenos sueños.
Obviamente que los acontecimientos del día, y nuestro estado emocional van a influenciar nuestras experiencias oníricas, pero podemos tomar algunos cuidados  más para aprovechar mejor este período:
una lectura saludable,
la oración sincera,
una música suave que nos calme,
algunos momentos de meditación.
Todos estos ingredientes colaboran para que las últimas impresiones del dia sean positivas, y sean llevadas con nosotros, favoreciendo la emancipación del alma.
Así, tenga buenos sueños…
Redacción de Momento Espírita con base en el cap. 17, del libro Estudiando la mediumnidad, de Martins Peralva,  

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