domingo, 14 de mayo de 2017

Grandes médiums: Mme, D´Esperance



Y de nuevo para hoy, tenemos....:

-El  porvenir y la nada
- La misión de los Espíritus
- Grandes Médiums: Mme. d´Esperance
- Tedio en el hogar

                                                     


                                                             **************************                                                                        

                           El porvenir y la nada. 
Vivimos, pensamos, obramos, he aquí lo positivo: moriremos, esto no es menos cierto. 
Pero dejando la Tierra, ¿a dónde vamos? ¿Qué es de nosotros? ¿Estaremos mejor o peor? ¿Seremos o no seremos? Ser o no ser: tal es la alternativa, es para siempre o para nunca jamás, es todo o nada, viviremos eternamente o todo se habrá concluido para siempre. Bien merece la pena pensar en ello. 


Todo hombre siente el deseo de vivir, de gozar, de querer, de ser feliz. Decid a uno que sepa que va a morir que vivirá todavía, que su hora no ha llegado, decidle sobre todo que será más feliz de lo que ha sido, y su corazón palpitará de alegría. ¿Pero por qué estas aspiraciones de dicha, si un soplo puede desvanecerlas? 


¿Acaso existe algo más aflictivo que el pensamiento de la absoluta destrucción? Puros 
afectos, inteligencia, progreso, saber laboriosamente adquirido, todo esto sería perdido, aniquilado. 

¿Qué necesidad habría de esforzarse en ser mejor, reprimirse para refrenar sus pasiones, fatigarse en adornar su inteligencia, si no debe uno recoger de todo fruto alguno, sobre todo con el pensamiento de que mañana quizá no nos sirva ya para nada? Si así sucediese, el destino del hombre sería cien veces peor que el del bruto, porque el bruto vive enteramente para el presente, para satisfacción de sus apetitos materiales, sin aspiración al porvenir. Una intuición íntima afirma que esto no es posible. 

Si la lógica nos conduce a la individualidad del alma, nos trae también esta otra 
consecuencia: que la suerte de cada alma debe depender de sus cualidades personales, porque sería irracional admitir que el alma rezagada del salvaje y la del hombre perverso estuviesen al nivel de las del sabio y del hombre de bien. Según la justicia, las almas deben tener la responsabilidad de sus actos. Pero para que sean responsables, es menester que sean libres de escoger entre el bien y el mal. Sin el libre albedrío hay fatalidad, y con la fatalidad no cabe la responsabilidad. 

Todas las religiones han debido, en su origen, estar en proporción o relación con el grado de adelanto moral e intelectual de los hombres. Éstos, todavía demasiado materiales para 
comprender el mérito de las cuestiones puramente espirituales, han hecho consistir la mayor parte de los deberes religiosos en el cumplimiento de formas exteriores. Durante cierto tiempo, esas formas bastaron a su razón. Más tarde, haciéndose la luz en su inteligencia, sienten el vacío que dejan las formas tras de sí, y si la religión no llena este vacío, la abandonan y se vuelven filósofos. 

El hombre quiere saber de dónde viene y a dónde va. Si se le señala un fin que no 
corresponda ni a sus aspiraciones ni a la idea que se forma de Dios, ni a los datos positivos que le suministre la ciencia; si además se le imponen para alcanzarlo condiciones cuya utilidad no admite su razón, todo lo rechaza. El materialismo y el panteísmo le parecen aún más racionales, porque en ellos se discute y se razona. Es un razonamiento falso, es verdad, pero prefiere razonar en falso a dejar de razonar. Pero que se le presente un porvenir con condiciones lógicas, digno en todo de la grandeza, de la justicia y de la infinita bondad de Dios, y abandonará el materialismo y el panteísmo, cuyo vacío siente en su fuero interno, y que admitió únicamente por no saber nada  mejor. 
El Espiritismo da algo mejor, y por eso es acogido tan fervorosamente por todos aquellos a 
quienes atormenta la punzante incertidumbre de la duda, y que no encuentran ni en las creencias ni en las filosofías vulgares lo que buscan. Tiene a su favor la lógica del raciocinio y la sanción de los hechos, y por esto se le ha combatido inútilmente. 


14. El hombre tiene instintivamente la creencia en el porvenir. Pero no teniendo hasta hoy 
ninguna base cierta para definirlo, su imaginación ha forjado sistemas que han traído la diversidad de creencias. No siendo la doctrina espiritista sobre el porvenir una obra de imaginación más o menos ingeniosamente expresada, y sí el resultado de la observación de hechos materiales que se desarrollan hoy a nuestra vista, reunirá, como lo hace ya actualmente, las opiniones divergentes o flotantes, y traerá poco a poco y por la fuerza natural de las cosas la unidad de creencias sobre este punto, creencia que no tendrá por base una hipótesis, sino una certeza. La unificación hecha en lo relativo a la suerte de las almas será el primer punto de contacto entre los diferentes cultos. 
Allan Kardec.



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             LA MISIÓN DE LOS ESPÍRITUS




  La misión de un Espíritu ¿le es impuesta, o depende de su voluntad? 
- La pide y se siente feliz de obtenerla. 

572 a. Una misma misión ¿puede ser solicitada por muchos Espíritus?
- Sí, hay a menudo varios postulantes, pero no a todos se acepta. 

573.* ¿En qué consiste la misión de los Espíritus encarnados? 
- En instruir a los hombres, cooperar en su adelanto, mejorar sus instituciones por medios directos y materiales. Pero las misiones son más o menos generales e importantes: el que cultiva la tierra está cumpliendo una misión, así como el que gobierna o el que instruye. En la Naturaleza todo se eslabona. Al paso que el Espíritu se depura mediante la encarnación, colabora en esa forma en la realización de las miras de la Providencia. Cada cual tiene en la Tierra su misión, porque cada cual puede ser útil para algo. 

574. ¿Cuál podrá ser la misión de las personas voluntariamente inútiles en la Tierra? 
- Hay, en efecto, personas que no viven más que para sí mismas y no saben tornarse útiles para nada. Son pobres seres a los que hemos de tener lástima, porque expiarán cruelmente su voluntaria inutilidad, y su castigo se inicia con frecuencia en este mundo mismo, por el tedio y el disgusto de la vida que experimentan. 

EL LIBRO DE LOS ESPÍRITUS
ALLAN KARDEC                      


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                                    GRANDES MÉDIUMS


Madame D’Esperance o Mrs. Hope
Médium investigada sobre todo por el rigor científico de Aksakof.
 Principales fenómenos mediúmnicos que intermediaba (algunos desde la infancia):
1) Materialización – no perdía la lucidez, naturalmente común, en este género de mediumnidad, es decir, permanencia despierta, participando (acompañando) las materializaciones espirituales. No entraba en estado letárgico. Como mucho, entraba en semitrance (trance parcial)
 2) Clariaudiencia – muy peculiar: conseguía leer una carta, por ejemplo, estando ésta dentro de un sobre, escrita en lengua que desconocía.
3) Desmaterialización – otro aspecto peculiar de su facultad mediúmnica: cuando los Espíritus se materializaban por su intermedio, algunas partes de su cuerpo, sobre todo los pies, piernas y manos se desmaterializaban.
 (Más informaciones sobre Mme. D’ Esperance se pueden encontrar en los libros: Un Caso de Desmaterialización y en Animismo y Espiritismo, de Alexandre Aksakof, publicaciones de la FEB)
 4) Psicografía – transmitía respuestas dadas por los Espíritus a las innumerables preguntas que le eran dirigidas. Psicografiaba en inglés (su lengua patria), latín y alemán, idiomas que desconocía.
Arthur Conan Doyle. Historia del Espiritismo. Trad. De Julio Abreu Hijo. San Pablo: PENSAMIENTO, 1960, Grandes Mediums de 1870 a 1900.

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TEDIO EN EL HOGAR.
Pregunta – Puesto que los espíritus simpáticos son inducidos a unirse, ¿A qué se debe que, entre los Espíritus encarnados, el afecto es a menudo unilateral, y que el amor más sinceros sea acogido con indiferencia y aun repelido, a que se debe, por otra parte, que el afecto más vivo entre dos seres puede trocarse en antipatía y en odio a veces?
-¿No comprendes que, aunque pasajero, ese es un castigo? Además, ¿Cuántos hay que creen amar desatinadamente, porque sólo juzgan por las apariencias, y cuando se ven precisados a vivir con las personas, no tardan en reconocer que no pasa de ser una manía material? No basta estar prendado en una persona que os gusta y a quién críes de buenas cualidades pues sólo viviendo realmente con ella podréis apreciarla. ¡Cuántos enlaces no hay también que, al principio, parecía que nunca llegarían a ser simpáticos, y que, cuando el uno y el otro se van conocido y estudiado bien, acaban por profesarse, un amor tierno y duradero, porque está basado en la estimación! Es preciso no olvidar que es el Espíritu quien ama, no el cuerpo, y que cuando se ha disipado la ilusión material, el Espíritu ve la realidad.
Hay dos clases de afecto; el del cuerpo y el del alma, y a menudo se toma el uno por el otro. Cuando el afecto del alma es puro y simpático, es duradero; el del cuerpo es perecedero. E ahí porque los que creían profesarse amor eterno se odien, concluida la ilusión. Pregunta No. 939 de El Libro de los Espíritus>
Entre muchas criaturas comprometidas en los ajustes del corazón, el tedio aparece inesperadamente, agriando la vida en común.
Algunas veces, es el compañero quien se arroja en la indiferencia; en otras, es la compañera que se entrega al desierto de la indiferencia.
Una vez aparecen semejantes plagas en el interior del nido doméstico, es razonable se haga un juicioso auto análisis, de lado a lado, a fin de que éste parásito destructor de la felicidad sea erradicado completamente.
Cuando el hombre y la mujer confían completamente entre si, y más especialmente en su intimidad sexual, esta confianza es tan absoluta que pasan, prácticamente, a vivir una simbiosis de fuerzas, cual si las dos almas habitaran en un solo cuerpo. En la unión afectiva, ambas almas comparten el cerebro y el corazón vibrando en sintonía, resultando de ello una existencia indivisible.
Es comprensible que si uno de los dos compañeros o los dos caen en la indiferencia, sin preocuparse de los compromisos que asumieron conjuntamente, es la muerte de la unión la que sobreviene, inevitablemente, con los resultados infelices que se conocen, indiscutiblemente.
Ante la presencia del tedio, es necesario se ausculte cada uno, en su propio interior de manera que se descubra si el desequilibrio se halla enraizado en los incumplimientos matrimoniales, que marcan nuestra individualidad de las pasadas existencias, con el fin de corregirse, en salvadora medicina emotiva, evitando que por casualidad los arrastre hacia la necesidad de placeres inútiles.
La sexualidad en el matrimonio existe sobre todo, en función de alimento magnético entre os dos corazones que se integran uno con el otro y de ahí procede la necesidad de vigilancia continua para que la armonía no se pierda.
En otros casos de la experiencia, observaran tanto el compañero como la compañera, de acuerdo al caso, que la influencia de alguien le llega al centro de su ser, y los incita a uniones sexuales diferentes.
Es el pasado que retorna presentando de nuevo a aquellas mismas criaturas, con quienes tal vez recorrieron un laberinto de experiencias francamente infelices. Cargan ellos consigo mismo los ingredientes de la seducción con los cuales nos apartaron de los compromisos asumidos, sugiriéndonos el regreso a procesos de vida incompatibles con nuestro deber e intentando derrumbar de la mente los cimientos del equilibrio que se han restaurado a través del tiempo.
Sea cual fuere el motivo en el que el tedio se fundamente, recurran los compañeros imantados en el hogar al apoyo reciproco, profundo, e intensivo. Con ello estarán defendiendo la armonía intima, sin herir el propio cuerpo. Y reeducándose sin lastimar a los que por ventura, les demuestran afecto, y si acogiéndolos, ya no en condición de cómplices de aventuras desastrosas a las que se rindieron antes, y si de hermanos queridos, con quienes podemos unirnos, en espíritu, en el más alto amor espiritual.
Extraído del libro de Chico Xavier (Vida y Sexo) Emmanuel

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